jueves 4 de marzo de 2021
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CELEBRIDADES | 24-09-2016 11:32

Federico Bonomi recorrerá la Ruta 40 en su Harley

"El principal desafío es llegar a destino". Galería de fotos

Desde la primera vez que se subió a una moto, hace 35 años, Federico Bonomi nunca más se bajó. Con el paso del tiempo, la pasión se convirtió en coleccionismo y hoy tiene una flota estable de 10 motos, que prepara y customiza en su garage. Entre ellas, “La Gorda”, su clásica Harley Davidson de 1947, fue la elegida para emprender su última travesía: cruzar de punta a punta la ruta 40, un recorrido de 5300 kilómetros por caminos vertiginosos, paisajes de ensueño y climas hostiles. La aventura, que celebra los cinco años del primer viaje que realizó junto a su grupo de amigos, es parte del nuevo ciclo de Discovery Channel, “Herencia Custom Garage”, que se emite los martes a las 23:00 horas.

Luego de haber completado el primer tramo de 1700 kilómetros, desde La Quiaca, a 4500 metros sobre el nivel del mar, hasta Mendoza, Bonomi compartió su experiencia extrema junto a sus amigos, Henry von Riesgo, Leslie Wise, Mariano Tattoo, Federico Lozada, Satán, el Pingo, Germán Karp y Frank Mammes, entre otros.

—¿Cómo nace su amor por las motos?

—En 1981 mis padres me regalaron mi primera moto, de ahí en más nunca paré de andar. He tenido muchísimas motos y las voy cambiando cada tanto. Con algunas he compartido grandes momentos y tengo muy buenos recuerdos.

—¿Cuántas motos tiene en su colección?

—Depende, a veces se juntan muchas pero tambien las voy cambiando para armar nuevas, es parte de la diversión. En promedio, debo tener 10 motos siempre en mi colección.

—¿Cómo surge la idea de convertir una pasión en un programa de televisión?

—Hace varios años se me ocurrió recorrer las 23 provincias con mis amigos, en motos clásicas. Gaby Rocca viajó con nosotros y empezó a filmar los lugares, todo lo que hacíamos, y finalmente Discovery se interesó en el proyecto. Comenzamos con una serie pequeña hace dos años que se llamó Dos Océanos, donde unimos el Atlántico con el Pacífico, comenzando en Uruguay, atravesamos la Argentina, cruzamos los Andes, llegamos a Chile y volvimos, ese fue el puntapié inicial.

—¿De qué manera se preparó física y psicologicamente en la previa para afrontar los 5300 kilómetros de recorrido que unió el Norte y el Sur de la Argentina?

—Yo entreno semanalmente hace mucho tiempo. De todas formas, estamos todos acostumbrados a andar en moto y viajar. Muchas veces es agotador, pero hay tanta pasión que no nos importa. Psicologicamente no creo que haya que prepararse para algo que uno disfruta tanto, pero sí es importante preparar las motos, estudiar los caminos y tener en claro los objetivos del viaje.

—¿Cuáles fueron los principales desafíos?

—El principal desafío es llegar. En primer lugar, hay que cuidar la seguridad de los riders, no queremos que nadie se lastime. Muchas veces vamos por lugares que son complicados para las motos, por caminos muy peligrosos y hay que pasarlos con mucho cuidado. También sucede que solemos estar muy lejos de zonas urbanas y, ante cualquier tipo de emergencias, no hay mucho para hacer. Tenemos que planificar muy bien las hojas de ruta, provisión de combustible, etc.

—¿Qué participación tuvieron sus hijos, Mika y Luca, dentro de la travesía?

—Luca y Mika nacieron entre fierros, van a seguir mis pasos sin dudas. Ellos van permanentemente al garaje, conocen a todo el equipo y, en muchas ocasiones, trabajan en el taller. Luca ya trabaja en Herencia, y su aporte y visión más moderna es muy importante. Mika está esperando terminar sus estudios para también ser parte de todo esto.

—¿Qué significa para usted La Gorda, la Harley Davidson de 1947 con la que emprendió la travesía?

—Es una moto muy especial, fue la que armé para recorrer las 23 provincias. Parecía una locura, una moto sin suspenssión trasera, muy rústica y antigua. Sin embargo, más allá de muchas anécdotas, me llevó siempre a destino. Es una moto muy respetada por todos mis amigos que vieron su increíble performance en lugares sorprendentes. Cuesta creer que una moto así haya podido pasar por allí. ¡Todo mi respeto para ella!

—Además de concretar una aventura con amigos, el viaje tuvo una misión solidaria, ¿cómo vivió esa parte de la historia?

—Es una parte muy importante para nosotros, hace muchos años que en cada viaje paramos en escuelitas rurales, es una experiencia magnífica, pasamos un buen rato con los chicos, les hablamos de la importancia de la educación y destacamos la labor de los maestros. Es realmente digno de ver lo que hace está gente por los chicos, da para escribir un libro. Además, dejamos donaciones que incluyen útiles de primera calidad, pantallas de LCD, equipos de DVD e información visual de toda la Argentina. Es uno de los momentos más lindos del viaje, creo que ya hemos recorrido más de 50 escuelitas desde que empezamos.

—¿Cuánto duró el viaje? ¿Ya tiene pensada su próxima aventura?

—Esta primera etapa de este viaje comenzó en La Quiaca y finalizó en Mendoza, por la ruta 40. La próxima sería desde Mendoza hasta donde termina la 40, en el Sur, con una parada final sorpresa.

Por Diego Esteves.

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