viernes 18 de octubre de 2019
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ESPECTáCULOS | 05-08-2019 17:32

Matias Lammens habla del mito que lo señala como hijo de Marcelo Tinelli

El presidente de San Lorenzo recibió a CARAS en su casa y dialogó de su intimidad y su candidatura en la ciudad. Galería de fotos

Así como en 2012 se sorprendió cuando Marcelo Tinelli le ofreció acompañarlo como presidente de la fórmula presidencial de San Lorenzo, Matías Lammens tampoco esperaba el ofrecimiento de Alberto Fernández como precandidato a Jefe de Gobierno porteño por el “Frente de Todos”. Si bien desde hace algunos años coqueteaba con la política, priorizó su gestión en el “Ciclón” y su negocio vinculado a la distribución de bebidas. Tanto una como actividad están unidas por el barrio de Boedo, tan identificado con el club de sus amores.

Los colores azulgrana le recuerdan a su padre, quien falleció cuando él tenía apenas siete años. Desde entonces, ingresar al Nuevo Gasómetro es reencontrarse con él. Ese sentimiento lo llevó a involucrarse en la vida política del club, impulso que lo acercó aún más a la gente y despertó en él el deseo de “jugar” en estas elecciones.

Casado desde 2011 con la socióloga e investigadora del Conicet, Mariana Gené (37), con quien tuvo una hija, Ana (4), Matías confiesa que sin el apoyo de ellas, esta apuesta política sería imposible.

Se define “amiguero”, y el gran quincho con parrilla y metegol de su casa de Palermo, frente a los Silos de Dorrego, da cuenta de ello. Allí recibió a CARAS, habló de su nuevo desafío y derribó el mito urbano que aún hoy, por su cercanía y gran parecido físico, hace que algunos crean que es el hijo de Tinelli.

¿Es cierto que es el hijo de Tinelli?

—¡No lo soy! (risas) Siempre cuento que cuando empecé en San Lorenzo en 2012, una de las mejores amigas de mi mujer iba en un taxi y el taxista le dijo que el presidente nuevo era abogado y que sabía de primera mano que era el hijo de Tinelli. Es un mito urbano. Mi mamá se ríe mucho.

¿Lo pensaron como una estrategia de posicionamiento?

—(Risas) ¡Para sembrar la duda! Desde hace siete años está ese mito urbano. Encima nos llevamos justo 20 años.

¿Cómo lo conoció?

—Uno de mis mejores amigos, Leandro Vital, con quien estudié en el Colegio Nacional Buenos Aires, es su ahijado y su primo. Lo conocí en Uruguay, un verano, charlamos sobre San Lorenzo, que estaba en una crisis terminal. A los 6 meses se produce una acefalía en el club y Marcelo me propone ser presidente. Hasta entonces tenía una empresa de bebidas que fundé a los 23 años. Además soy abogado pero nunca ejercí. Nunca soñé ser presidente del club siendo tan joven. Soy un tipo que se crió en el club porque mi viejo se murió cuando yo tenía siete años. La relación con San Lorenzo es el vínculo con mi viejo, cada vez que entró al club me acuerdo de mi papá. Sentí que tenía una cuenta pendiente y haber logrado todo lo que logramos es saldar una cuenta.

¿Qué recuerda de su infancia en Boedo?

—Casi todos los recuerdos que tengo de San Lorenzo están cruzados por San Lorenzo, repartido con Ramallo que era donde mi papá tenía un frigorífico. Tuve una infancia, a pesar de haberlo perdido a los 7 años, feliz gracias a mi mamá, que me crió sóla. Vivió por y para mí. Es contadora y nacida en España.

Volviendo a Tinelli, además del parecido físico también hasta la misma gestualidad y forma de hablar...

—No me doy cuenta de las formas, sí del parecido físico. En algunas fotos me doy cuenta que hay de dónde agarrase para sostener el mito.

¿Hablan seguido?

—Sí, por el club hablamos todos los días y más de una vez.

¿Qué le dijo cuando le comunicó su candidatura política?

—Nosotros veníamos hablando de política, él también tiene inquietudes en ese sentido. Le dije que quería participar y le expliqué que para mí la política es una herramienta para transformar la realidad de mucha gente que la está pasando muy mal. El sabía de mi voluntad y compromiso con mi historia y cuando le conté, sabía que era mi anhelo y se puso feliz.

¿Hablaron de su “paso al costado” en estas elecciones?

—Habíamos hablado antes. No encontró un espacio donde se sintiera cómodo. El tiene mucha conexión con la gente, es algo impresionante, tiene una sensibilidad especial. Eso es un requisito especial para hacer política y él lo tiene. Al no encontrar un espacio que lo hiciera sentir cómodo, descartó participar.

¿Lo invitó al programa?

—No me dijo nada, pero sé que tiene una relación con el actual Jefe de Gobierno desde hace muchos años, entonces me parece que está bien que entre dos amigos guarde una prudente distancia. Igual le voy a pedir que me mande un video cuando vota a ver qué boleta elige.

Es bastante reservado con tu familia, ¿Desde cuando estás casado?

—Estoy casado desde marzo de 2011, cumplimos ochos años pero estamos de pareja desde hace 18. Nos conocimos en Cuba donde yo había ido a estudiar tres meses Ciencias Políticas y ella estaba con una amiga. Nos conocimos en la Catedral de la Plaza de La Habana. A los 6 meses nos reencontramos porque vivíamos a tres cuadras uno del otro y empezamos a salir en julio de 2001. Tuvimos una hija, Ana, que hoy tiene 4 años y es hermosa. Es mi gran debilidad. La tuvimos en marzo de 2015. Ahora están en Colombia de viaje.

¿Se reconoce como parte del recambio generacional de la política?

—Parte del recambio tiene que tener que ver con otra forma de hacer política, no estigmatizar y no realizar agresiones personales. En lo que viene va a ser clave, porque eso achata el debate público. Uno tiene que explicarle a la gente qué proponemos para salir de este atolladero. Hay mucha gente que la está pasando muy mal. Tenemos que salir de la campaña del miedo y de la lógica de la grieta. Tenemos que hablar de otras cosas con propuestas y mirando para el futuro, dejando de explicar el pasado. Nada bueno puede salir de este tipo de discusión. Quiero que la gente vote con esperanza en lugar de con temor.

Es una suerte de autocrítica, porque desde el espacio que usted representa también se promueve la grieta y, por ende, la polarización...

—Por eso digo que hay que dejar de explicar el pasado para pensar el futuro. Celebro el gesto de Cristina (Fernández) de haberse bajado y haber ungido a Alberto Fernández, un tipo más moderado y que la ha criticado y sostuvo esa crítica aún como candidato. Eso colabora a desengrietar.

¿Cuándo lo conoce a Alberto?

—Lo conocía de antes pero profundizamos el vínculo a partir de que él me ungiera candidato. Hay que hacer una construcción muy amplia y creo que lo logramos. Hay figuras que trascienden el espacio kirchnerista y otros que lo contienen. Pueden lograr hablarle a un sector de la sociedad preocupada por lo que pasa en el país y la ciudad.

¿Cuál es su crítica a la gestión de Horacio Rodríguez Larreta?

—Estoy en las antípodas de cómo ejecuta el presupuesto y cuáles son sus prioridades. Tenemos que tener en términos generacionales un discurso superador de la Grieta. Son dos trenes que van directo a chocarse contra una pared.

¿Qué priorizaría?

—Hay muchos problemas no resueltos en una ciudad que tiene el presupuesto de Madrid. Hay problemas de vivienda, uno de cada tres personas alquila. El Estado debe intervenir, sea para construir viviendas accesibles o para que pueda alquilar la gente. Es un tema determinante porque cualquier sueña con la casa propia, entonces el Estado debería darle algún tipo de facilidad. Luego veo con preocupación el estado de la escuelas. Las obras que hicieron están muy bien, pero al mismo tiempo dejaron a 22 mil chicos sin vacantes en el jardín. Hay un conflicto en las prioridades.

¿Le gustaría en el futuro una fórmula con Lammens-Tinelli?

—¡Ya hubo, en San Lorenzo, y nos fue bien! (Risas)

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