Cumplió 60 años y Alejandro Roemmers quiso festejarlo agasajando a sus familiares y amigos con un evento inolvidable en Marrakesh. Un escenario elegido y definido por el anfitrión como espiritual ya que es la tierra en la que Saint-Exupéry concibió “El Principito”, obra en cuyo mensaje se inspiró “El Regreso del Joven Príncipe”, libro de Roemmers que ha sido traducido a treinta idiomas.
La tarjeta de convocatoria a los 600 invitados contenía un video del alojamiento seleccionado por el anfitrión y aéreos pagos vía Madrid —con opción de modificar fechas de llegada y partida—, dos noches de estadía con chance de ser extendidas, algo que algunos aprovecharon para unas vacaciones en Europa.
La exótica celebración incluyó una visita al famoso jardin Majorelle, al Museo Yves Saint Laurent –espacio que fuera la casa que allí tenía el famoso diseñador–, una recorrida por el centro y los zoccos (mercados) y también una travesía por el desierto de Agufay con paseo a lomo de camello, y en cuatriciclo y refrigerio en una megacarpa montada allí mismo. Y por la noche, los reunió en el restaurante Bô-Zin. El domingo 11, hubo un evento en la playa y cerca del mediodía se ofició una misa de agradecimiento a la Virgen de Lourdes en los jardines del hotel La Mamounia. Al servicio religioso asistieron todos los invitados pudiendo ser testigos de un momento casi insólito en Marruecos. Mientras Florencia Otero cantaba el Ave María de ‘Franciscus’, pieza musical compuesta por Alejandro, se producía la llamada a la oración musulmana desde el minarete de la Mezquita.
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Esa noche la Oriental Party Black and White fue mágica y de lujo. La siguiente velada se convirtió en un homenaje al cine del Oeste. Una carpa a las afueras de la ciudad recreaba, entre cientos de velas, un poblado con saloon, casino, oficina del sheriff. Un holograma en 3D que representaba el duelo entre Cronos y Kairós dio la bienvenida a la fiesta que contó con la actuación de Ricky Martin, que impactó con sus canciones y Marko Silva el cantante encargado de cerrar con su voz la última noche de festejo.
“Quiero que seamos un oasis de paz y de amor en un mundo tan difícil y convulsionado” dijo Alejandro emocionado antes de que el cielo se iluminara con mágicos fuegos artificiales. En todo momento estuvo rodeado por sus padres Alberto Roemmers y Hebe Colman, sus hermanos Pablo con su mujer Catherine y el mayor, Alberto con su mujer Gina Vargas.
Feliz e impecablemente vestido para cada momento de los tres días inolvidables el anfitrión confesó que quería “una fiesta de todos y para todos de todos”. Pensada para los presentes, pero también para los ausentes porque era una iniciativa solidaria ya que no hubo regalos y los artistas no cobraron por sus actuaciones. Todo fue donado a distintas causas benéficas.
fotos Gus Hildebrandt/Flor Pagani/José Preyra/Chantal Lawrie/GTRES
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