Después de reinar durante 35 años y 223 días Noruega, el rey Harald V recibió su merecida despedida. Fue el soberano que modernizó la monarquía, defendió la igualdad y la diversidad y reinó con humanidad y sentido del servicio. Por todas estas razones se convirtió en uno de los reyes más respetados y queridos de su país y de Europa. Falleció el 28 de agosto a los 89 años y once de las Casas Reales más importantes y veinte líderes del mundo viajaron para su funeral y participaron de una histórica recepción en la que los nuevos reyes, Haakon VIII y Mette-Marit oficiaron de anfitriones.
Lo llamaban el “abuelo de la nación” y él mismo se encargó de diseñar su despedida final con un presupuesto de más de dos millones de euros, que incluye dos tumbas reales –para él y para su mujer, la reina Sonia (88)-. Las obras de su morada eterna comenzaron hace un año y medio y él hasta bromeó en ese entonces. “Un monto que podía hacer pensar en las pirámides egipcias… Yo sólo espero que mi ataúd esté bien acolchado para que la estación sea cómoda. Ya que estaremos allí un largo tiempo”, les dijo a los encargados, el estudio de arquitectura Snohetta, de cumplir sus deseos.
La despedida del rey Harald V
Luego de una misa en su honor, el cielo de Oslo fue sobrevolado por aviones F-35 de las Fuerzas Armadas que acompañaron el cortejo fúnebre hasta la fortaleza de Akersusus. La reina Letizia –con collar de 37 perlas naturales y chatón- y Felipe VI de España estuvieron muy cerca del rey Abdalá y Rania de Jordania, ya que las dos monarcas son amigas desde hace veinte años, Máxima –con broche en el hombro- y Guillermo de los Países Bajos fueron con su hija Amalia que se mantuvo muy unida a Victoria de Suecia y acompañaron mucho a la princesa Ingrid Alexandra de Noruega.
Precisamente la princesa Ingrid, que llevó una joya llena de simbolismo, un collar con forma de corazón con un rubí en el centro y tres filas de diamantes que le regaló Harald V, es hoy, a los 22 años, quien carga con la gran responsabilidad de reemplazar a su madre, la flamante reina Mette-Marit que aún está en plena recuperación de su trasplante de pulmón y no tiene autorización médica para cumplir con la agenda completa. También estuvieron el príncipe Williams de Gran Bretaña y Alberto de Mónaco con Charlene.
Como marca el protocolo, las royals lucieron de estricto luto mientras los hombres fueron con su uniforme militar de gala y sus condecoraciones. Salvo el rey Guillermo que no es jefe militar ni comandante de las Fuerzas Armadas neerlandesas. Las monarcas sumaron a sus outfits negros las joyas más destacadas con perlas y diamantes. Ya que las perlas son las indicadas para el luto, pues su origen se atribuye a las lágrimas de una diosa al nacer y a las que se derraman por amor.
Mientras la viuda, la reina Sonia, lució un collar de cinco hileras de perlas con una sexta de mayor volumen. Y Noruega debió sumar a su luto el fallecimiento, a sólo dos días del funeral, de la princesa Astrid (94), hermana y gran compañera de vida del rey Harald V.
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