La muerte del rey Harald no solo significó que su único hijo, Haakon, sucediera al trono, sino que también puso todas las miradas sobre la princesa Ingrid Alexandra. A sus 22 años, la royal es la hija mayor del nuevo monarca y de Mette-Marit y se perfila como la próxima heredera al trono. De concretarse, se convertiría en la primera mujer en ocupar la corona noruega en 600 años.
Ingrid Alexandra, la princesa que todo Noruega mira
Ingrid Alexandra nació el 21 de enero de 2004 en Oslo y desde su llegada al mundo ocupó un lugar especial dentro de la monarquía del país nórdico. Es la hija mayor del rey Haakon VIII y la reina Mette-Marit y, tras la muerte de su abuelo Harald V -este viernes 28 de agosto-, pasó a ser la primera en la línea de sucesión al trono. Tiene un hermano menor, el príncipe Sverre Magnus, mientras que por parte de su madre tiene un medio hermano mayor, Marius Borg Høiby. Si finalmente llega al trono, será la primera mujer en reinar en Noruega desde Margarita I, cuyo reinado terminó en 1412.
Esta oportunidad de convertirse en reina tras 600 años se debe a la modificación que se realizó en 1990, donde se reformaron las reglas de sucesión para establecer que el hijo mayor del monarca, sin importar su género, tendría prioridad para acceder al trono. La modificación permitió que la Princesa quedara por delante de su hermano menor en la línea sucesoria, aunque no de manera retroactiva, lo que permitió que Haakon esté por encima de su hermana mayor Märtha Louise.
Aunque nació rodeada de privilegios y obligaciones, sus padres procuraron que tuviera una infancia con espacios y actividades alejadas del protocolo. La royal creció en Skaugum, la residencia de Haakon y Mette-Marit, y desde pequeña estuvo muy vinculada con el deporte y la naturaleza. Practicó esquí, surf y kickboxing, disciplinas que contribuyeron a construir una imagen diferente de la princesa tradicional: una joven acostumbrada a la actividad física y a pasar tiempo al aire libre.
Su personalidad también tiene un costado creativo que apareció durante su infancia. De acuerdo a testimonios que hicieron públicos, los monarcas contaron que su hija inventaba historias, dibujaba personajes y escribía sobre los mundos que imaginaba. Esa faceta artística convive con una formación cada vez más orientada hacia el lugar que ocupa dentro de la institución. Con el paso de los años, fue dejando atrás la imagen de niña de la familia real para asumir compromisos públicos y comenzar a construir su propio perfil dentro de la familia real.
Ingrid Alexandra: la princesa que integra a la nueva generación de royals de Europa
En cuanto a su estilo, Ingrid Alexandra representa una generación más joven de la realeza europea, en la que las apariciones públicas conviven con elecciones de moda menos rígidas. En sus compromisos oficiales suele apostar por prendas de líneas simples y elegantes, aunque también incorpora piezas contemporáneas y looks más relajados cuando la ocasión lo permite. Incluso recurrió al guardarropa de su madre para algunas presentaciones diplomáticas, un detalle que refleja también el vínculo entre ambas. Su evolución estética comenzó a llamar la atención a medida que ganó protagonismo dentro de la Casa Real.
Su preparación para el futuro no quedó limitada a los actos protocolares. Entre 2024 y 2025 realizó 15 meses de servicio militar en el Batallón de Ingenieros de las Fuerzas Armadas noruegas, una experiencia que incluyó su trabajo como artillera de un vehículo blindado CV90. Después de finalizar esa etapa, decidió continuar su formación académica y comenzó una carrera vinculada con las ciencias sociales en la Universidad de Sídney -como estudiante de intercambio-, con orientación en relaciones internacionales y economía política. No obstante, durante este 2026, regresó al país y continuó sus estudios en la Universidad de Oslo.
La nueva etapa de su vida también significa un cambio en la relación que mantiene con la institución. Durante los últimos años comenzó a asumir compromisos oficiales cada vez más importantes y realizó su primera visita oficial en solitario a Finnmark, donde se reunió con representantes de la comunidad sami, habitantes de la región y organizaciones locales. Esos viajes tienen un valor especial para una futura monarca porque le permiten conocer distintas zonas del país y acercarse a realidades que forman parte de la sociedad noruega.
Ahora, con 22 años, Ingrid Alexandra se encuentra ante un escenario completamente diferente al que acompañó su infancia. La muerte de su abuelo Harald V y la llegada de su papá Haakon al trono adelantaron su ingreso al primer plano de la Corona: dejó de ser simplemente la princesa destinada a reinar algún día para convertirse en la heredera de una monarquía que deberá representar en el futuro. Su historia recién comienza a tomar una nueva dimensión, entre los estudios universitarios, los compromisos oficiales y una identidad propia que deberá consolidarse mientras se prepara para convertirse en la segunda reina de la historia moderna de Noruega.
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