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04/04/2017

Mariano Martínez a tres meses del nacimiento de Alma

"La paternidad me dio seguridad".

La mirada franca, la sonrisa permanente, el andar simple. La barba de un par de días, los ojos verdes que se tornan más azules según el clima. Son las cuatro de la tarde de un lunes de otoño, ventoso pero soleado, y el entrevistado, que desde hace más de cinco horas juega ante la lente, no da muestras de cansancio. “Son unos genios. Trabajar con amigos hace todo más fácil”, dice Mariano Martínez (38) apenas finaliza la producción de fotos. Sonríe y celebra la tarea de todos.
Plenitud. Esa es la palabra que acapara su relato, que se percibe apenas el actor habla sobre su vida y profesión: “Estoy feliz por la familia que formé y orgulloso de la repercusión de ‘Amar Después De Amar’’(Telefé). Es una tira que mezcla la popularidad y el prestigio. Acepté la propuesta porque era un papel diferente al de ‘Esperanza Mía’, apuntaba a otro público. Además, compartir escenas con amigos como Isabel Macedo, Eleonora Wexler, Franco Masini, Brenda Gandini y Federico Amador fue un placer. Hoy me encanta que en la calle me pidan fotos una nena de tres años y una señora de 80”.

Sencillo, con su ropa de siempre: short de jeans, zapatillas rojas y blancas, y una remera de algodón, el protagonista de “ADDA” se relaja. Termina su café con leche, agarra su celular y revisa mensajes de su novia Camila Cavallo (22), con quien sale desde hace 8 meses y convive en Nordelta con sus hijos Olivia (7) y Milo (4) —fruto de su relación con Juliana Giambroni (27)—. Incansable, a tres meses del nacimiento de su hija Alma, no sólo está atento a los antojos de su mujer. También hace taekwondo con Milo “para que el pequeño descargue la ansiedad de conocer a su hermanita”. Y acompaña a Olivia a sus clases de comedia musical. “Nunca antes me sentí tan pleno. No es careteo. Así lo siento. Con ‘Cami’ decidimos ser padres en el momento justo. La paternidad me dio seguridad, me encuentra más satisfecho conmigo, más consciente de lo que me hace bien. Y eso es gracias a las personas que me rodean”, aclara.

—¿Qué le agradece a la vida?
—Agradezco tener una mujer buena, talentosa, inteligente, linda, que quiere a mis hijos y se lleva genial con ellos. Valoro trabajar de lo que amo, que mi familia tenga salud, tener pocos pero buenos amigos, conservar una excelente relación con Juliana y su novio (Matías Di Chiara). Celebro que mis viejos estén bien, más allá de las diferencias que tenemos, nunca los juzgué, los entiendo. Estoy contento conmigo, en cómo estoy yo ahora. Soy una persona que busca ser feliz. Por eso, siempre me fui de los lugares donde no me sentía bien. Para mí la felicidad es un ejercicio.
—¿La paternidad a esta altura de su vida tiene que ver con esa búsqueda?
—¡Por supuesto! Sé lo que viene, lo que es ese amor inmenso por un hijo. Y  me encanta que sea una paternidad diferente a las que ya tuve. Es un disfrute distinto porque siempre hay algo nuevo. Con “Oli” era más inconsciente y no sabía lo que iba a pasar, lloré inmediatamente cuando la vi por primera vez. Con Milo estaba la expectativa por el varón. Y la llegada de Alma me encuentra cerca de los 40, más maduro, asentado y seguro de lo que quiero. Disfruto enormemente cuando vamos con “Cami” a las ecografías y Alma patea.

—¿Qué intuición tuvo cuando conoció a Camila?
—Sentí que estaba conociendo a una persona importante en mi vida. Cuando me respondió después de 20 días la invitación que le hice por Instagram, salimos a comer sin ninguna expectativa. Pero sucedió todo lo contrario: queríamos vernos todo el tiempo y cada encuentro era mejor. Esas cosas no se controlan, cuando me dijo que tenía 22 años, no lo podía creer, pensé que era más grande. ¡Aunque era tarde, estaba enganchadísimo! (Risas). Nunca fue un problema la diferencia de edad, ella es muy madura. Cuando conoció a mis hijos y se llevó increíble, me enamoró más. Ellos la adoran. Complementamos muy bien. Tiene lo más sano, esencial y humilde de una persona. Es decidida, con carácter y súper artista con los cuadros que pinta. Es admirable y eso es lo que me enamoró. Luego de esa primera cita nos hicimos inseparables y hoy esperamos felices a nuestra hija.

—¿Cómo imagina a Alma?
—Siempre imaginé a mis hijos, “Oli” y Milo nacieron con la misma cara que los soñé. Pero con Alma me pasa que no puedo imaginar cómo será. En la última ecografía la vi parecida a “Cami”. Tengo muchas ganas de abrazarla e intriga por conocer su forma de ser, por ver su cara. Pero vivo la espera con disfrute, estoy menos ansioso que otras veces.

—¿Cómo piensa que será Camila como madre?
— Será una gran mamá, presente, que le dará mucho amor a Alma y eso es lo más importante. De chica quería ser madre joven, te lo dicen todas sus amigas. Ninguna se sorprendió cuando les contó sobre el embarazo. Yo me hubiese asustado si a su edad hubiese sido padre. Y ella lo asume con total responsabilidad porque lo siente, le nace. Por eso, quiso estudiar la carrera de Maestra Jardinera. Tiene mucho feeling con los chicos.

—¿Cómo viven Olivia y Milo la llegada de su hermana?
—Con amor y cariño, como se los transmití. Más allá de que “Oli” a veces manifiesta celos típicos de niña, está feliz de tener una hermana para jugar con sus muñecas. Ella verbaliza todo y es muy espontánea, por momentos me sorprende y dice: “No me vas a dar más bola, vas a estar todo el tiempo con la bebé”. Y le respondo que jamás va a cambiar el amor que nos tenemos, que uno ama a todos sus hijos y que siempre voy a estar para ella. Le recuerdo que lo mismo me decía con el nacimiento de Milo y después nos unimos más, y lo entiende. Le digo que vamos a necesitar de su ayuda y se pone contenta. Con contención y diálogo, los chicos comprenden todo. A Milo le encanta acariciarle la panza a “Cami” y hablarle a Alma, es súper cariñoso. Está alucinado con ser un hermano mayor y protector de sus hermanas.

—¿Cómo se lleva con las redes sociales?
—¡Son un aprendizaje diario! Si bien trato de no leer ningún comentario, a veces te colgás, ves alguno y no podés creer la agresión de determinadas personas. Han llegado a desearles la muerte a mis hijos. Sé que parte de la frustración de cada uno. Igual me corre sangre por las venas y por momentos me caliento, pero la calentura me dura segundos. No me guío por esos mensajes ni tampoco por los elogios desmedidos.

—¿Se arrepiente de algo?
—No sirve de nada arrepentirse, sólo tomo cada experiencia como enseñanza. Trato de no repetir errores. Hubo momentos en donde por complacer a otros, no hice lo que sentía. Aprendí a ser más consecuente con lo que quiero, a priorizarme, a saber decir que no. Todas las cosas que me pasaron y no me gustaron fueron por hacerlas sin sentirlas, por quedar bien ante otros o por miedo. Pero no reniego de eso porque para aprender tuve que vivirlas. La vida es prueba y error, a veces te perdés hasta que te volvés a encontrar. El tiempo de uno es muy valioso y hoy soy selectivo, estoy con la gente que quiero estar.

—¿Es de guardar rencor de relaciones pasadas?
—No, el rencor me parece muy malo e inútil. Siempre solté cuando terminé una relación, sigo con mi vida. El pasado no forma parte de mi presente. Tampoco soy de proyectar tanto. Me centro y disfruto lo que vivo hoy. Si bien me gustan las familias numerosas y me encantaría tener otro hijo, no pienso ahora en eso ni tampoco en el casamiento. Quiero disfrutar de Alma.

—¿Proyectos y asignaturas pendientes?
—Estoy por grabar una serie de capítulos cortos y trabajo en la producción de una obra de teatro que estrenaré el año próximo. Quiero lanzarla en un contexto económico oportuno. “Cartas para mi hijo” podría ser el título, todavía estoy pensándolo. Hace diez años que mi mayor desafío es desarrollar mi faceta de productor, sueño con vivir de la producción y ser exitoso en eso. También estoy analizando proyectos para producir cine. Si bien la actuación es mi vocación y mi mayor estabilidad económica, tengo ganas de hacer otras cosas en el arte. Aparte, con el nacimiento de Alma, quiero dedicar más tiempo a mi familia. Soy consciente de que tengo el privilegio de elegir mis trabajos y lo valoro.

—¿Quién es Mariano Martínez?
—Es una persona honesta, buen amigo, que tiene defectos pero todo el tiempo quiere mejorar como ser humano. Principalmente, me defino como alguien que es feliz por decisión. Esa idea de felicidad está en mi esencia y es lo que quiero dejarles como legado a “Oli”, Milo y Alma.

Mariano habla con la misma pasión de ese niño que nació en La Boca, se crió en Avellaneda y jugaba a ser actor. En sus gestos persiste su barrio, está la estela de esas tardes de fútbol y sacrificio para ayudar a sus padres. Es una huella, un ADN de principios, que aparece más que nunca cuando se observa a sus hijos.

por Naiara Vecchio

Agradecimientos: Fotos: Sole Rubio.
Estilismo: Diego Larez.
Make up: Lautaro Ferrante. Peinó:
Menos es Más Peluquería.
Joyas: Gabriel Di Longo de Santo Pecador.
Catering: Alejo Lagouarde. Ropa: Cara Cruz.