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01/10/2018

Vicky Xipolitakis presentó a las mujeres de su vida

La vedette por primera vez posa junto a su mama y abuela. Mirá la desopilaste entrevista.

Las tres juntas se potencian. Se miran y se entienden. Tienen igual sonrisa. Los mismos ojos vivaces que ante la mínima emoción se cubren de lágrimas. E igual perfil, sello distintivo de la más pura belleza helénica. Los diálogos entre ellas son a viva voz y en su idioma natal. Basilia (84) llegó de su amada Grecia hace más de 60 años. Y vino junto a su gran amor, el escritor, poeta y periodista, Taso Damianos (quien tiene 8 libros publicados). Aquí no tardó en convertirse en una prestigiosa profesora de idiomas y mitología griega. Y el amor se prolongó en dos hijas. Una de ellas, Helena (60), se casó con Manuel Xipolitakis y se convirtieron en padres de Vicky Xipolitakis (32).

Las tres generaciones de fuertes mujeres griegas se encargaron de dejar bien marcadas sus huellas en la vida. Cada una en su estilo particular. Pero las tres con el mismo motor, el amor. Abuela, madre y nieta mantienen una entrañable relación que no sabe de distancias ni de separaciones. Las dos primeras viven, desde hace muchos años, cuando llegaron de Mar del Plata, en la zona más coqueta y tradicional de Lanús, en el gran Buenos Aires. Y Vicky, desde que se convirtió en la esposa de Javier Naselli (52), divide sus días entre Nueva York y la Argentina. Pero siempre vuelve a sus grandes amores: su “yiayiá Basi” y su “yayá Helena”. Ellas la protegen, la miman; son su refugio y su sosiego. Junto a ellas dice que vuelve a ser la niña inocente que jugaba con muñecas. Pero también la que protagonizaba las más disparatadas travesuras. “Mis abuelos vinieron de Grecia durante la guerra, hace muchísimos años… Y mi mamá nació en la Argentina”, cuenta sin soltar ni por un instante la mano de su amada abuela. Quien hace unos años sufrió un severo ACV que limitó su movilidad pero no así la comunicación con su nieta. Sólo una mirada y alguna frase entrecortada basta para que improvisen un verdadero show familiar. Sus cristalinos ojos se cruzan y las divertidas anécdotas comienzan a repetirse con estruendosas carcajadas.

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–¿Y cómo fue su relación de chica con su abuela?
–Fue y es, aún en el presente, una hermosa mujer que siempre fue una segunda mamá para mí y para mis hermanos. Recuerdo que de chica ella me cuidaba mucho. Y cuando me dejaban en su casa me cantaba y siempre me contaba historias de la mitología griega, ya que era profesora en el instituto griego. Era una mujer admirable y también me acuerdo que me ayudaba con las tareas del colegio que a mí me costaban tanto. No puedo olvidarme de la dulzura que tiene esta abuela y de su inmensa sabiduría. La familia es como una pirámide con ella en la punta con todos sus conocimientos. Con los que también educó a mi mamá y mi mamá lo hizo conmigo con el mismo amor, dulzura y alegría.

–¿Qué siente que heredó de ella y de su madre?
–Mi abuela y mi mamá son ángeles en la tierra… Y yo siento que heredé de ellas lo más lindo que tienen que es su corazón.

– ¿Ella fue quien le enseñó griego?
–Si, ella me enseñó mucho su idioma de nacimiento. Porque en la casa de mis abuelos, en la que nos criamos nosotros, es todo griego. Igualmente, de chica yo iba a la escuela griega todos los sábados. Y en la semana concurría a la escuela en castellano como todos los chicos del barrio.

–¿Era su gran sueño que conozca a su hijo?
–Si , no veo la hora de que lo pueda tener en sus brazos. Porque siento que nosotras tres somos un milagro generacional… Y que hoy la bisabuela pueda bendecir al futuro heredero, su bisnieto, es casi un milagro. Me mata de amor cómo ya me cuida y lo cuida a Salvador. Apenas me ve pregunta si le di de comer. Después me besa la panza y me hace la bendición y no deja de acariciarme la panza. Hacerla bisabuela y que ella pueda tener en sus brazos a mi hijito es mi gran sueño; un viejo deseo y va a ser un momento muy emotivo para mi vida.

– ¿Qué le gustaría que Salvador herede de cada una de las tres?
–Me gustaría que, sobre todo de ellas, herede el carácter maravilloso que tienen. También la personalidad que las distingue como mujeres llenas de amor y la alegría. Todas cosas que yo también supe heredar de ellas y que siento que son la combinación perfecta para manejarse por la vida con felicidad.

–¿Qué dijeron cuando se enteraron que iban a ser abuela y bisabuela?
–Todos se emocionaron muchísimo. Saltaron de alegría. Y hoy están muy ansiosas y no paran de comprarme de todo. Para mí y para Salvador. Sólo hay que imaginarse: abuela mi mamá y bisa mi abuela… Llena de amor a toda la familia. ¡Se viene el heredero..! Y lo más lindo es que hoy me cuidan con tanto amor que me hace sentir doblemente bien, por mi y por mi bebé.

–¿Qué recuerdos y anécdotas atesora de su infancia con ellas?
–Esta casa, la casa de mis abuelos, era siempre una fiesta. Ya que todos cantábamos y yo, como tiene tanto lugar, me ponía en la sala junto al comedor y jugaba a hacerles una función de teatro mientras comían. Hacía lo que quería porque me malcriaban mucho. Y por eso a mí me encantaba ir a su casa.

–¿Recuerda alguna canción de cuna que ellas le cantaran y Ud. pueda cantársela a Salvador?
–Con mi abuela y mamá le cantamos mucho en griego a mi bebé. Todas las canciones para niños me encantan. Pero mi preferida es “Trompita” y ahora con el papá se la cantamos casi todos los días y él la toca en la armónica… También me gusta esa que dice “¡Saco una manito, la guardo, la guardo…!” Quiero practicar todas las canciones de cuna y de niños que conozco. Todas las de mi infancia son en griego y aún hoy las canto con mi mamá y abuela. Pero no quiero fallarle en nada a mi hijo, por eso ensayo mucho.

–Ya falta poco para la llegada de Salvador, ¿Ya decidieron a dónde va a nacer?
–Aún lo estamos conversando con el papá. Porque yo quiero que nazca en la Argentina. Aquí está toda mi familia, mis amores, mis afectos para acompañarme, contenerme y ayudarme. Si nace allá no voy a poder viajar dos meses antes del nacimiento y dos después. Y, por más que ellos vayan unos días para conocerlo, es mucho tiempo para pasar lejos de mi familia y en el momento que más los voy a necesitar. Por lo menos a mi mamá. Allá me atiendo con el Dr.Tepper y acá estoy viendo para, igual, tener reservada una clínica y que ya me empiece a atender un médico.

–¿Y cómo está viviendo los meses más importante y de más notorios cambios de su embarazo?
–Me siento plena, feliz… Ya estoy en el sexto mes de embarazo y aumenté 7 kilos. Estoy superando la semana 21 de embarazo. ¡Ahora mi hijo es como una zanahoria y mide casi 15 centímetros! Como lo hago desde el primer día que me enteré que estaba embarazada sigo cada paso por una aplicación que se llama “Baby Center” que cuenta día a día cómo va creciendo el bebé. ¡Lo extraño tanto que una vez por mes necesito verlo y me hago una ecografía! Como ya vi en las anteriores eco, tiene una nariz bien griega y con Javier le cantamos todas las noches porque me dijeron que ya nos puede escuchar…! Tengo un embarazo divino. Nunca tuve que dejar de hacer nada de lo que siempre hice. No me prohibieron nada. Sólo siento como que tengo un tiburón o un pescadito más chico nadándome en la panza. Y escuchar su corazón me paraliza.

–¿En qué estado de emoción está su corazón?
–¡Pleno! ¡Es pura emoción! A punto de estallar de tanta felicidad. Haber hecho esta foto con mis dos grandes amores no tiene precio y con mi hijo en la panza… Es algo que nunca voy a repetir y por eso será el recuerdo más importante de mi vida. Estoy experimentando muchas emociones juntas y todas van directo al corazón. Todo ésto hizo que el corazón se me salga de la emoción y la felicidad que tengo. Vivo emociones y recuerdos que serán inolvidables. Ellas son mis reinas y se las presenté a mi principito que aún está en mi panza. Estas son fotos eternas que guardaré en mi corazón. Mi abuelita ya está grande y le cuesta mucho hacer cualquier cosa por eso que me bese la panza y me la acaricie, me hace estallar el corazón de emoción y felicidad. Son muchas hermosas emociones todas juntas.
“Yiayiá Basi”, “Yayá Helena” y mamá Vicky se funden en un tierno e interminable abrazo. Al oído se murmuran frases en griego imposibles de descifrar. Pero el denominador común no precisa de traducciones. El amor es el que une a las tres generaciones que, felices, aguardan la llegada del príncipe griego que llegará en diciembre para unirlas aún más.

Fotos: Ernesto Pages