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23/10/2018

La conmovedora historia de Laurencio Adot, tras sufrir un ACV

Dispuesto a seguir adelante con su carrera, el prestigioso diseñador abrió su corazón y contó detalles de su rehabilitación.

Habla pausado y claro. Laurencio Adot (51) tiene el rostro descansado y su mirada, por momentos vulnerable, se pierde en la profundidad de la lente del fotógrafo que lo retrata. Viste jeans, camisa y un sobrio blazer que hasta hace dos meses asegura le quedaba entallado.“Pasé de un talle 36 a 30”, argumenta el prestigioso diseñador que antes de comenzar la entrevista advierte que su delicado estado de salud (sufrió un ACV hemorrágico el mediodía del 6 de agosto) es solo pasajero.

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“Ya va a pasar, es solo un rato”, decreta mientras sostiene en sus manos uno de los hits de su nueva colección cápsula Diricci+Adot. “Hicimos una bota calza, en estampado y en jean, hasta la cintura que fue furor en nuestros desfiles este año”, se entusiasma sobre la línea de más de veinte piezas “de lujo”, algunas bordadas en cristal, resultado de la unión con la firma de calzados Saverio Di Ricci.

“Decidimos hacer una línea de zapatos que fuera acorde a nuestros vestidos y también que puedan usarlos con el pret-a-porter y me encontré al mejor maestro. El estilo es cool-chic, inspirados en los años 70 en Italia, para una mujer joven y dinámica que busca una sofisticación casual. Los colores son verde esmeralda, coral y fucsia, pasando por los nude y rosa hasta llegar a los metálicos, que van del estilete clásico hasta las sandalias de tiritas. Y para las novias se destacan los colores blanco, off white y plata. Siempre me gustó vestir mujeres de cualquier edad y clase social. Yo hago moda para que sea tendencia y no tengo verguenza de ser comercial. A fin de año lanzo mi tercer perfume”, detalla.

Respaldado por su socio desde hace dieciseis años Thiago Pinheiro (45), quien quedó al frente del local boutique de Recoleta en su ausencia explica que mientras su colega “se puso al hombro” los desfiles delegó en una asistente la tarea de plasmar en el papel todas sus ideas ya que aún no recupera la movilidad de su brazo derecho.

“Sigo al tanto de todo sobre los pedidos de mis clientas y manejo activamente las redes sociales”, aclara. Buscador incansable de tendencias, el prestigioso designer argentino que define “la alta noche” como parte de su ADN, confiesa que tras el inesperado accidente cerebrovascular que lo obligó a reducir sus actividades laborales llegó a replantearse ciertos aspectos de sus treinta años en la profesión.

“El mundo de la moda es muy egoísta y no me interesa más, se acabó. Sí, desde la industria, tengo ganas de hacer cosas que antes no me animaba y hacer ropa para llegar a más personas, pero todo el resto no. Hay mucha gente mala y creo que esa es una de las razones por las que me enfermé. Alguien te hace juicio laboral en dos minutos porque sos famoso y tenés plata. Yo además atendía mi propio local y tenía que parar. El día del ACV recibí un par de malas noticias laborales, yo soy muy sensible y me tocó. Sumado a eso mi cuadro de hipertensión, al no tomar las pastillas y hacerme el canchero hizo que todo se desencadenara. Sabía que tarde o temprano iba a caer. Venía del gimnasio y me desmayé. A los tres días desperté en la terapia intensiva del sanatorio Los Arcos. Había perdido toda la movilidad y motricidad del cuerpo. Me quedé mirando el reloj y el celular que no lo podía contestar. Quedé como un vegetal, no podía mover ni la pierna ni el brazo derecho. Fue muy duro aceptarlo, lloré mucho todo el primer mes. Sentía dolores de cabeza que eran como una neblina que no podía controlar. Hablaba poco, mal y babeaba. Cuando desperté estaban Iliana Calabró, Anamá Ferreira, Karina Mazzocco llorando y Julieta Prandi que me llevó una tarta de manzana”, revive con entereza a dos meses y medio del difícil trance del que aún le cuesta hablar sin emocionarse.

Motivado por los avances de una exitosa rehabilitación — ya recuperó la movilidad de las piernas y solo le resta reponer la función motora del brazo derecho— Adot agradece a Dios, a su mamá “que me cuidó desde el cielo” y al staff profesional del centro médico REMEO Center Pilar donde desde entonces pasa sus días como un paciente más.“En la clínica no soy Laurencio Adot, ahi no hay VIP ni tratos especiales o privilegios. Mi vida empieza a las siete de la mañana con un desayuno, después rehabilito dos horas y media con ejercicios de motricidad, hago cinta y corro. Luego paro a almorzar y vuelvo otras dos horas y media. Además tengo una fonoaudióloga tres veces a la semana, psicóloga y controles diarios que me miden la hipertensión, mañana tarde y noche”, cuenta quien de jueves a domingo recibe la visita diaria de su pareja Damián Romero y el resto de la semana está contenido por su hermano Mariano “que abandonó su trabajo para acompañarme”.

Visiblemente más delgado y con una dieta estricta sin sal que debe cumplir a rajatabla, el ícono de la alta costura local admite que“aunque ahora como todo sin sabor, aprendí a no quejarme y a vivir el día a día, sin lujos, cosa que no hacía cuando trabajaba tanto. En este lugar me replantié la vida de otra manera y aprendí a vivir”.

Aferrado a su costado más espiritual (cuelga en su cuello un rosario bendecido por el Papa Francisco) dice sentirse un privilegiado en todos los sentidos de la palabra y rescata el no haber perdido el humor como una de las claves de su notable mejoría. Además del compañerismo de los pacientes con los que hoy convive en el centro de alta complejidad por el que pasó también Cacho Castaña.

“Tengo compañeros de 17 a 80 años, somos un equipo que aplaudimos cada movimiento y progreso de cada uno, hay muchos peores que yo y tengo que agradecer poder hablar y estar haciendo esta nota. Es muy emocionante porque mi caso es único, creo que tengo un Dios aparte. Puedo decir que tuve la sensación de estar y no estar, de tener vida pero no poder hablar o moverme. En un momento llegué a ver una luz color naranja, reconocí ese color y empecé a repetirlo como un mantra. No sé por qué pero sabía que no era el momento todavía”, reconoce y nutrido de esperanza por regresar a su hogar lo más pronto posible, con un diagnóstico médico alentador, anticipa a CARAS su idea de construir una clínica para tratar el ACV.

“No tengo ni idea cómo va a ser mi nuevo mundo cuando salga. Esta es una enfermedad que tiene algo que te lleva a la infancia porque y es como si nacieras de golpe, de vuelta.. Yo volví a nacer y quiero hacer que toda la gente conozca esta enfermedad el día de mañana”, concluye con una sensibilidad palpable en cada palabra de su relato.

por Sabrina Galante
(Producción: Sol Miranda)

Federico De Bartolo/Perfil.

Agradecimientos: Asistente de Fotografía: Ernesto
Pagés. Locación: Hotel Anselmo 1069. Make up y
peinado: Sol Fernández @solbeautymakeup y Agustina Denis Mancini para JuicyMakeup. Bartolomé Joyas.

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