Entramos a la mansión de Marlene y Ricardo Montaner: piscina y una espectacular vista al mar
La pareja disfruta de un hogar Art Decó, rodeado de naturaleza e intimidad.
Ricardo Montaner y Marlene Rodríguez son una de las parejas más sólidas, queridas y admiradas del espectáculo latinoamericano. Su historia de amor data desde finales de los años ochenta, consolidándose rápidamente en un matrimonio que ya supera las tres décadas de complicidad, fe compartida y una numerosa dinastía de artistas. Con el crecimiento de su familia y la consolidación de sus carreras internacionales, la pareja decidió buscar un refugio definitivo que combinara la paz espiritual con la calidez del hogar, y lo encontraron en una espectacular residencia en Miami, Florida, a finales del 2001. Esta propiedad, bautizada cariñosamente como Villa Margherita, se transformó en el epicentro de sus vidas, un lujoso santuario tropical donde celebran sus constantes renovaciones de votos y reúnen a sus hijos y nietos.
Ricardo Montaner, Camilo y Evaluna, en la casa de Miami
Así es la mansión por fuera de Marlene y Ricardo Montaner: mucha vegetación y una espectacular vista al mar
Las casas de los famosos son el perfecto reflejo de la familia que habita ese lugar, y en un clan de artistas como es el que formaron Marlene y Ricardo Montaner, el lujo y lo deslumbrante debía ser parte de la propuesta de su hogar. Es así como la residencia principal del clan se encuentra emplazada estratégicamente en el exclusivo enclave de Pine Tree Drive, situado en el corazón geográfico de Miami Beach. Esta histórica construcción de perfil señorial data originalmente del año 1939 y dispone de una colosal superficie cubierta que supera holgadamente los 700 metros cuadrados.
Desde el diseño arquitectónico exterior hasta el interior exhibe una notable preservación estética inspirada en el movimiento Art Decó, complementada con sutiles modernizaciones de categoría premium. El mayor atractivo de la propiedad radica en su absoluta simbiosis con el entorno marítimo circundante y la naturaleza tropical de Florida. El sector exterior de la fastuosa residencia se presenta ante el visitante como un exuberante oasis tropical que combina magistralmente la opulencia de la arquitectura histórica con una naturaleza desbordante. Al atravesar los portones de seguridad de la propiedad, la edificación de tonalidades claras queda parcialmente resguardada por una tupida cortina verde compuesta por palmeras imperiales, densos arbustos nativos y enredaderas florales que trepan por los muros, otorgando un ambiente de total privacidad y misticismo.
Entre sus principales espacios, aparece una majestuosa piscina de dos niveles rodeada por una frondosa vegetación nativa que garantiza total privacidad a los residentes, pero se mantiene conectado de forma directa hacia la costa. En el camino, se resalta una de las joyas de la mansión: un extenso muelle de madera privado con salida directa al agua y espectacular vista al mar, consolidando un espacio de meditación para todos.
Sin embargo, el exterior tropical con detalles del estilo 1925 dialoga directamente con el interior, a través de los grandes ventanales que permiten el ingreso de luz natural y del paisaje que se forma en la intimidad. De esta manera, el Art Decó se traslada hacia la mayor intimidad, y le da un toque personal a las habitaciones individuales de los integrantes de la familia.
Así es la mansión por fuera de Marlene y Ricardo Montaner
Así es la mansión por dentro de Marlene y Ricardo Montaner: estilo Art Decó y habitaciones personales
La mansión por dentro de Marlene y Ricardo Montaner mantiene ese marcado estilo Art Decó, fiel reflejo de la época dorada de Miami Beach en 1939, y se fusiona con la opulencia clásica y la búsqueda de un refugio de artistas y meditación, creando espacios personales para cada uno de los integrantes. Al cruzar el umbral principal de la residencia, y en términos de distribución espacial y habitabilidad, la lujosa estructura de la propiedad integra armónicamente ocho amplias habitaciones en suite, ocho cuartos de baño completos, una fastuosa estancia de estar principal, sala de entretenimientos y un selecto jardín de invierno vidriado.
Todos ellos se caracterizan por una magnífica amplitud y luminosidad, donde predominan los techos de gran altura adornados con molduras geométricas originales y sutiles detalles en bronce pulido, que permiten la entrada de luz gracias a los grandes ventanales. Los suelos combinan magistralmente maderas nobles dispuestas en patrones elegantes con mármoles claros que multiplican el reflejo natural. La paleta cromática, seleccionada por Marlene, apuesta por tonalidades neutras, arenas y blancos rotos, sirviendo como el lienzo perfecto para destacar obras de arte contemporáneo y fotografías del clan familiar.
La planta baja fluye de manera natural hacia la cocina de alta gama, un ambiente de corte moderno pero con guiños rústicos, equipada con una gran isla central y electrodomésticos de última generación ocultos tras paneles de madera clara. Desde el comedor principal, las miradas son capturadas por el acceso directo al exclusivo jardín de invierno vidriado, un espacio intermedio que difumina los límites arquitectónicos.
El ala privada del segundo nivel resguarda las ocho habitaciones en suite, destacando la suite matrimonial que posee su propio balcón privado, vestidor doble y un cuarto de baño revestido en materiales premium que ofrece una relajante vista al horizonte marítimo. Sin embargo, cada uno también presenta su esquina favorita de la casa, haciendo que se luzca una explosión de colores y arte, y convirtiéndolo en refugios personales de meditación, en medio de la vorágine de su vida pública.
Así es la mansión por dentro de Marlene y Ricardo Montaner
La imponente residencia de Pine Tree Drive de Marlene y Ricardo Montaner representa mucho más que una propiedad de lujo. Este exclusivo refugio se consolidó como el epicentro espiritual y creativo de la dinastía musical, donde cada rincón refleja la esencia de sus dueños y lo fusiona con la preservación del histórico estilo Art Decó en sus salones interiores y la frescura tropical de sus áreas externas define el carácter único de la propiedad.
A.E
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