¿Cómo fueron los inicios en tu profesión?
Fue un poco gracioso porque, cuando terminé de estudiar, seguí trabajando en la librería en la que estaba y un día llega una psicóloga y me dice: “¿qué haces acá?, vos ya sos psicóloga”, y me ofreció iniciar.
Entré en crisis, pero con mucho miedo e inseguridad acepté. Avanzo y después veo cómo afronto, pensé, y así fue que lentamente me inicié en clínica.
¿Cuáles son los servicios que brindás?
Hoy solo mantengo mi consultorio de Libertador San Martín para atención presencial.
Hace dos años, nuevamente con mucho miedo, de ese bloqueante que estatiza, me animé a dejar todos los consultorios y ofrecer psicoterapia virtual. A la par hice algunas mentorías para empaquetar mi conocimiento y ofrecer programas específicos de abordaje con sesiones en vivo, como así también un programa de alto valor con seguimiento individual diario sobre apego y vínculos. Siempre considerando que actualmente, en esta generación de “cristal”, hay que reeducar en la forma de vincularnos asumiendo que hay una ola de gente rota desesperada por querer y ser bien querida pero no se sabe cómo hacerlo y da miedo por la constante que la sociedad misma impone, caótica para el amor.

¿Cómo te proyectás en el mediano plazo?
Ayudando masivamente a mujeres y transformando vidas, para que disfruten vivir saludablemente desde un amor real hacia una misma, habilitándose a relacionarse en efecto espejo a ese amor cuidándose para cuidar. Hoy se desvirtuó mucho el “amor propio” volviéndose un egoísmo que tiene más tinte de egocentrismo que amor. El amor propio tiene que habilitar posibilidades de transitar con seguridad y confianza las relaciones en los entornos que somos parte, buscando manejarnos con compromiso, responsabilidad afectiva, madurez emocional y seguridad, características de una autoestima fortalecida.
¿Qué te diferencia?
Mi resiliencia, con toda mi historia de vida, que desarrolló mis mejores características profesionales, pudiendo empatizar con cada problemática, comprender y ser enteramente compasiva.
Sé que de la única forma que se puede lograr el cambio es confrontando con seguridad ante cada percepción de disfuncionalidad y acompañando en la concientización. No es un trabajo para nada sencillo. Cabe destacar que uno conoce la persona que tiene enfrente y sabe hasta dónde puede presionar. Cada proceso es único y exclusivo.
Si comenzaras de nuevo, ¿qué harías diferente?
Confiar en mí, no sería quien soy sin la experiencia que me dejó cada uno de los más de 3000 pacientes que acompañé durante estos 14 años. Pero… qué diferente hubiese sido si creía en mí como lo hago hoy en día.
Kristhel Klosko, Licenciada en Psicología
Instagram: @kris.psico
Whatsapp: +54 9 3435 17-1999
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