Decir “no” sigue siendo uno de los mayores desafíos. Entre la exigencia, el cuidado de otros y la necesidad de responder, los límites aparecen teñidos de culpa. Pero aprender a ponerlos no es rechazo: es una forma profunda de cuidado personal.
¿Cuántas veces dijiste que sí cuando en realidad querías decir que no?
No por falta de claridad, sino por incomodidad, por miedo a decepcionar o por sentir que priorizarte es egoísta.
En la vida cotidiana, muchas mujeres ocupan un lugar de sostén constante: en la familia, en el trabajo, en los vínculos. Están para todo y para todos. Pero en ese “estar”, muchas veces se dejan para después. Y ahí es donde algo empieza a tensionarse.
Desde mi trabajo en Socialmente Yoga, veo que el problema no es la falta de límites, sino la forma en que los vivimos internamente. Porque no alcanza con decir “no” si por dentro aparece la culpa, la ansiedad o la necesidad de compensar.
Poner un límite no es solo una acción externa. Es un proceso interno.
Cuando no ponemos límites claros, el cuerpo lo expresa: cansancio persistente, irritabilidad, sensación de sobrecarga, tensión en el pecho o en la garganta. Es el cuerpo marcando que algo no está siendo escuchado.
Y muchas veces no es que no sepamos qué necesitamos. Es que no nos damos permiso para priorizarlo.

Aprender a poner límites implica empezar a registrarnos:
¿Qué necesito en este momento?
¿Esto que estoy aceptando me suma o me desgasta?
No se trata de dejar de cuidar a otros, sino de incluirnos en ese cuidado.
Porque el límite no es un muro que aleja. Es un espacio que ordena.
Desde el cuerpo también podemos empezar a trabajar este proceso. Una práctica simple:
Detenete un momento.
Sentate con la espalda recta.
Inhalá profundo por la nariz.
Al exhalar, soltá el aire lento y lleva la atención a la zona del pecho.
Repetí este ciclo 5 veces de manera pausada y preguntate:
¿Qué necesito hoy para estar un poco mejor?
Esa respuesta, aunque sea pequeña, ya es una forma de límite.
El autocuidado no siempre es visible ni perfecto. A veces empieza con algo tan simple —y tan profundo— como dejar de exigirte estar para todos, todo el tiempo.
Y en ese gesto, empieza a aparecer algo nuevo: una forma más consciente, más habitable, de estar con vos misma y con los demás.
…"Te invito a reflexionar más ampliamente sobre el tema en mi canal de Youtube"…
Lic. Carolina Bogarin
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