martes 03 de marzo del 2026

CONEXION INTESTINO – MICROBIOTA – CEREBRO

Durante décadas creímos que el cerebro era el gran director de orquesta del cuerpo. El que pensaba, decidía y daba todas las órdenes. Hoy la ciencia nos propone una escena diferente. Galería de fotosGalería de fotos

CONEXION INTESTINO – MICROBIOTA – CEREBRO
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El intestino fue considerado un órgano mecánicocuya función era solamente digerir y absorber, pero lejos de ser un simple órgano digestivo, posee un sistema nervioso independiente, el sistema nervioso entérico, capaz de funcionar de manera autónoma, al mismo tiempo comunicarse de forma constante y bidireccional con el cerebro. Por eso se lo conoce como nuestro “segundo cerebro”.

Este diálogo permanente se conoce como el eje intestino-cerebro mediado por la microbiota.

La microbiota intestinal está formada por billones de microorganismos que viven dentro y que actúan como verdaderos mediadores entre lo que comemos, cómo funciona nuestro cuerpo y cómo se siente nuestra mente. Estas bacterias producen neurotransmisores, regulan la inflamación, influyen en el sistema inmune y participan activamente en el equilibrio emocional.

Cuando la microbiota está en equilibrio —rica, diversa y dominada por microorganismos beneficiosos— el cerebro recibe señales de calma. Esto ocurre, en gran medida, cuando la alimentación es variada, colorida, basada en plantas, con alimentos reales, ricos en fibra, polifenoles y nutrientes antiinflamatorios. Comer bien no es únicamente una cuestión estética o digestiva: es una estrategia directa para la salud integral.

Pero cuando ese ecosistema se altera y aparece la disbiosis, el mensaje cambia. Una alimentación inflamatoria sostenida, basada en ultraprocesados, azúcares, harinas refinadas, favorece bacterias patógenas. El resultado no se limita al intestino: aumenta la inflamación sistémica y el cerebro también se ve afectado. Aparecen señales como ansiedad, irritabilidad, bajo estado de ánimo, dificultad para concentrarse o alteraciones del sueño y baja energía.

El problema es que el estilo de vida moderno está devastando nuestro intestino. La llamada dieta occidental reduce hasta un 40% la diversidad bacteriana. Los alimentos ultraprocesados destruyen bacterias beneficiosas, el estrés crónico altera la comunicación intestino-cerebro y la falta de sueño desregula los ritmos circadianos.

La buena noticia es que la microbiota acompaña los cambios si se sostiene en el tiempo.  Cada comida es una oportunidad para nutrir no solo el cuerpo, sino también la mente.

Cuidar la microbiota hoy, es una de las herramientas más poderosas que tenemos para recuperar bienestar físico, emocional y mental.

Los invito a contactarme a través de mi cuenta de Instagram, donde van a poder ver el material que suelo subir y para que estén atentos a los talleres y actividades que hagamos. Hay un enlace en el perfil, que los lleva a comunicarse directamente conmigo.

 

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