¿Por qué la salud digestiva se convirtió en uno de los pilares del bienestar integral y no solo en un tema de gastroenterología?
Porque hoy entendemos que el aparato digestivo no funciona de manera aislada. Existe una comunicación permanente y bidireccional entre el intestino y el cerebro, en la que intervienen el sistema nervioso, el sistema inmunológico, distintas señales hormonales y metabólicas, y también la microbiota intestinal.
Por eso, cuando hablamos de salud digestiva no hablamos solamente de “tener o no tener síntomas gastrointestinales”. La alimentación, la actividad física, el sueño, el estrés y otros hábitos cotidianos pueden influir en el funcionamiento digestivo y al mismo tiempo, forman parte de los pilares que determinan nuestra salud a largo plazo.
Esta mirada más amplia no reemplaza el diagnóstico médico ni significa atribuir todos los síntomas al estilo de vida. Por el contrario, permite integrar prevención, diagnóstico y tratamiento, entendiendo a la persona en su conjunto y no solamente al órgano que presenta el síntoma.

Muchas personas normalizan síntomas como la hinchazón, la acidez o el estreñimiento. ¿Cuándo dejan de ser “normales” y es momento de consultar?
Tener ocasionalmente distensión abdominal después de una comida abundante, algún episodio aislado de acidez o una variación transitoria del ritmo intestinal puede ocurrir. El problema aparece cuando estos síntomas se vuelven frecuentes, persistentes, progresivos o comienzan a modificar nuestra calidad de vida.
Por ejemplo, cuando una persona deja de comer determinados alimentos por miedo a sentirse mal, organiza sus actividades en función de encontrar un baño, necesita medicación de manera frecuente o convive durante meses o años con dolor, distensión abdominal, reflujo o alteraciones evacuatorias, merece una evaluación.
También existen signos que requieren especial atención, como sangrado digestivo, anemia, pérdida de peso involuntaria, vómitos persistentes, dificultad progresiva para tragar o cambios intestinales nuevos y sostenidos, particularmente según la edad y los antecedentes personales y familiares.
El objetivo no es alarmarse frente a cada síntoma, sino tampoco acostumbrarse a vivir con molestias que pueden ser estudiadas y tratadas.
¿Cómo influye el estrés en el funcionamiento del intestino y qué señales nos da el cuerpo cuando algo no está bien?
El vínculo entre el cerebro y el intestino es biológico y está ampliamente estudiado. Ambos mantienen una comunicación constante a través del denominado eje intestino-cerebro.
El estrés puede modificar la motilidad intestinal, la sensibilidad visceral y distintas funciones digestivas. Por eso, algunas personas, frente a períodos de mayor estrés, pueden experimentar diarrea, constipación, dolor abdominal, distensión, náuseas o sensación de plenitud, entre otros síntomas.
Pero hay algo importante: que un síntoma pueda estar influido por el estrés no significa que sea imaginario ni que “esté solamente en la cabeza”. Los síntomas son reales. En algunos trastornos digestivos existe una alteración en la forma en que el intestino y el sistema nervioso se comunican y procesan determinadas señales.
Por eso, desde la Neurogastroenterología, buscamos comprender esa interacción sin reducir todo al estrés. Primero debemos realizar una correcta evaluación clínica y, cuando corresponde, descartar enfermedades orgánicas. A partir de allí, el tratamiento puede integrar diferentes herramientas según cada paciente.
Hoy se habla mucho de la microbiota. ¿Qué podemos hacer, desde la alimentación y el estilo de vida, para cuidarla?
La microbiota intestinal está formada por una enorme comunidad de microorganismos que conviven con nosotros y participan en distintas funciones metabólicas e inmunológicas. Sin embargo, es importante evitar convertirla en una explicación para absolutamente todo.
No existe una única “microbiota perfecta” ni necesitamos realizar estudios de microbiota de rutina para saber cómo alimentarnos. En la mayoría de las personas, las recomendaciones con mayor respaldo siguen siendo bastante simples: una alimentación variada, con predominio de alimentos de origen vegetal y un adecuado aporte de fibra a través de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, siempre adaptándolo a la tolerancia y situación clínica individual.
La actividad física regular, un descanso adecuado y otros hábitos saludables también se asocian con una mejor salud general y pueden influir sobre el ecosistema intestinal.
En cambio, las dietas excesivamente restrictivas sin una indicación precisa pueden reducir innecesariamente la diversidad de la microbiota intestinal. Cuidar nuestro microbioma no debería convertirse en perseguir alimentos “perfectos”, sino en favorecer una alimentación variada y construir hábitos saludables y sostenibles.
¿Cuál es el mensaje más importante que le gustaría transmitir para que la prevención ocupe un lugar central en el cuidado de la salud digestiva?
Que no deberíamos esperar a enfermarnos para empezar a cuidar nuestra salud. La prevención comienza mucho antes de un estudio o de una consulta médica. Está en nuestros hábitos cotidianos: mantenernos físicamente activos, alimentarnos de manera variada, evitar el tabaquismo, moderar el consumo de alcohol, cuidar el descanso y realizar los controles médicos que correspondan de acuerdo con nuestra edad, antecedentes y factores de riesgo.
Pero prevenir también significa escuchar al cuerpo. No normalizar síntomas persistentes y consultar a tiempo puede permitir detectar enfermedades en etapas más tempranas, pero también diagnosticar y tratar trastornos digestivos que, aun sin representar una enfermedad grave, pueden afectar profundamente la calidad de vida.
Creo que el verdadero cambio está en dejar de pensar la medicina únicamente como una herramienta para tratar enfermedades y empezar a verla también como una herramienta para preservar la salud. La prevención, la evidencia científica y un estilo de vida saludable no son conceptos separados: forman parte de una misma manera de cuidarnos.
Dra. Anabela Yanina Devoto
Médica especialista en Clínica Médica, Gastroenterología, Neurogastroenterología y Motilidad
Digestiva. Endoscopía Digestiva.
Formación en Medicina del Estilo de Vida.
M.N. 168.161
Lugares de atención: Fundación Favaloro, CEMIC, Swiss Medical y consultorio particular.
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