lunes 01 de junio del 2026

El ojo seco: la enfermedad silenciosa de la vida moderna

Pantallas, estrés, aire acondicionado y jornadas interminables: por qué cada vez más personas sienten ardor, cansancio y molestias en los ojos sin entender realmente qué les pasa. Galería de fotosGalería de fotos

El ojo seco: la enfermedad silenciosa de la vida moderna
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Durante años, el ojo seco fue considerado un problema menor, casi una simple molestia asociada a la edad o al uso ocasional de lentes de contacto. Hoy, en cambio, se convirtió en una de las consultas más frecuentes en oftalmología y en una verdadera enfermedad de la vida moderna.

Cada vez veo pacientes más jóvenes con síntomas que antes aparecían décadas después: ardor, sensación de arenilla, visión borrosa fluctuante, lagrimeo excesivo o cansancio ocular al final del día. Y aunque muchos creen que simplemente “tienen la vista cansada”, el problema muchas veces no está en necesitar anteojos, sino en una superficie ocular agotada.

La paradoja del ojo seco es que incluso puede producir lágrimas. De hecho, muchos pacientes consultan porque “les lloran mucho los ojos”, sin imaginar que ese lagrimeo es, en realidad, una respuesta de defensa frente a una superficie ocular irritada.

La explicación tiene mucho que ver con cómo vivimos. Pasamos horas frente a pantallas, parpadeamos menos, dormimos peor y habitamos ambientes constantemente climatizados. El aire acondicionado, la calefacción y los dispositivos electrónicos alteraron hábitos básicos que nuestros ojos necesitaban para mantenerse saludables.

Además, vivimos cansados. Y los ojos también lo sienten.

El ojo seco: la enfermedad silenciosa de la vida moderna

El estrés, la falta de descanso y las jornadas interminables favorecen procesos inflamatorios que empeoran síntomas que muchas veces terminan naturalizándose. Hay personas que pasan años creyendo que es normal sentir ardor todos los días o depender constantemente de gotas para “refrescar” los ojos.Pero no lo es.

En los últimos años, además, la oftalmología cambió radicalmente la manera de entender esta enfermedad. Hoy sabemos que el ojo seco no es simplemente “falta de lágrimas”, sino una alteración compleja de toda la superficie ocular. Por eso, los tratamientos modernos ya no se limitan a lágrimas artificiales: incluyen estudios específicos, higiene palpebral, tratamientos para las glándulas de los párpados e incluso procedimientos mínimamente invasivos como los tapones lagrimales.

Estos pequeños dispositivos se colocan en el punto lagrimal —la vía natural por donde drenan las lágrimas— para conservar durante más tiempo la lubricación natural del ojo. El procedimiento es rápido, indoloro y puede generar un cambio muy significativo en pacientes que sienten molestias persistentes o dependen constantemente de gotas durante el día.

La buena noticia es que el ojo seco tiene tratamiento. La mala es que muchas personas ni siquiera saben que lo padecen.

 

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