En la última edición de los Premios Oscar 2026, el universo oscuro y poético de Frankenstein, dirigido por Guillermo del Toro, fue distinguido con el premio a Mejor Diseño de Vestuario. Detrás de esta construcción estética se encuentra Kate Hawley, quien transforma cada prenda en un lenguaje visual cargado de significado.
Lejos de limitarse a vestir personajes, Hawley construye identidad. Su propuesta, profundamente inspirada en la era victoriana con matices góticos, revela una sensibilidad donde lo orgánico y lo artificial conviven en una tensión constante.
En este universo, Elizabeth —interpretada por Mia Goth— se convierte en el eje simbólico entre la vida y la fragilidad. Sus vestidos no son solo piezas de vestuario: son relatos en sí mismos, cargados de simbolismo y construcción estética.
Los tonos verdes y azules dominan su universo visual, evocando lo vital, lo natural, aquello que respira. Pero también sugieren lo mutable, lo inestable. En esa dualidad se inscribe uno de los diseños más impactantes: el vestido “X-Ray” o rayos X. Inspirado en patrones de radiografías, expone la anatomía como si fuera un mapa emocional. La transparencia conceptual del diseño establece un diálogo silencioso con la criatura, entre lo visible y lo oculto. El estilismo se completa con piezas del archivo histórico de Tiffany & Co.: gargantilla en oro con escarabajos de cristal iridiscente.

Sin embargo, es el vestido Malaquita el que condensa la esencia del personaje. Realizado en jacquard de seda, sus patrones replican las vetas de la piedra, generando un efecto casi vivo, orgánico, como células sobre la superficie textil, la que fuera elaborada artesanalmente por el equipo de Hawley. No es solo un recurso estético: es naturaleza convertida en piel. El look se intensifica con un collar rojo con crucifijo el que tiene un escarabajo central que sintetiza ideas de sacrificio, pasión y renacimiento. Joya realizada en colaboración entre Del Toro y Tiffany & Co
Otro momento clave aparece en el vestido azul de hombros descubiertos, donde Elizabeth luce el icónico collar Wade, en oro y diamantes que refuerza la noción de herencia, historia y permanencia. Otra pieza del archivo histórico de Tiffany&C.O.
El cierre simbólico llega con el vestido de novia: etéreo, construido en capas de organza, atravesado por broches heráldicos diseñados especialmente para el film. Las cintas que envuelven sus brazos funcionan como un guiño directo a la película la novia de Frankenstein de 1935, enlazando pasado y presente y a los dos personajes centrales, en una misma narrativa visual.
En Frankenstein, el vestuario no acompaña: revela. Habla de lo que sentimos, de lo que late, de lo que se transforma. Porque, al final, tanto en el cine como en la vida, la forma en que nos vestimos no solo expresa quiénes somos: también construye nuestra identidad, que no es más que un relato de nosotros mismos.
Verónica A. Rodrigues
IG @gonaria.buenosaires
Celular:03489 570620
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