domingo 25 de octubre del 2026

Hace 40 años, con un grito bastaba… ¿Y hoy?

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Hace 40 años, con un grito bastaba… ¿Y hoy?
Hace 40 años, con un grito bastaba… ¿Y hoy? | CONTENTLIKE
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Son las 19:30. Tu hijo lleva todo el día afuera. Jardín, colegio, inglés, fútbol, natación, danza… Ya ni sabemos qué actividad toca hoy. Vos también tuviste un día eterno. Él quiere seguir jugando. Vos querés que se bañe. Él dice que no. Vos lo repetís. Él tampoco escucha. Lo repetís más fuerte. Y, finalmente, aparece el clásico:

—¡¿Cuántas veces te lo tengo que decir?!

Hace 40 años, probablemente ese grito hubiera alcanzado. Una mirada penetrante de mamá o papá, un cambio en el tono de voz y listo. Nos quedábamos en el molde.

Entonces, ¿qué pasó? ¿Los chicos de hoy no respetan nada?

Tal vez no. Tal vez lo que cambió no son solamente los chicos, sino el mundo en el que están creciendo.

Hace 40 años, la infancia tenía otro ritmo. Los chicos iban a la escuela un solo turno y después tenían horas para jugar, aburrirse, inventar, andar en bicicleta o simplemente estar en casa. La vida familiar también tenía otra dinámica. Muchas madres —por elección, por necesidad o porque era lo que se esperaba de ellas— se dedicaban exclusivamente al hogar, lo que permitía otra disponibilidad para acompañar a los chicos.

Hoy, en cambio, un niño puede pasar de 8 a 16 horas en el jardín o en la escuela y después continuar con inglés, fútbol, natación, danza… Y, entre medio, pantallas, notificaciones, ruido, movimiento y una cantidad de estímulos que nuestros cerebros de hace 40 años ni siquiera conocían.

Hace 40 años, con un grito bastaba… ¿Y hoy?

Los chicos están tan sobrecargados como nosotros.

Entonces, llega el berrinche de las 19:30 y nosotros gritamos pensando que así vamos a conseguir que “nos haga caso”.

Pero si su sistema nervioso ya está desbordado, nuestro grito no organiza: agrega más estímulo al desborde.

No necesariamente es falta de respeto. Puede ser falta de recursos para regularse.

Y acá aparece algo incómodo: quizás estamos intentando educar a niños de 2026 con herramientas diseñadas para una infancia de 1986.

El grito, en su época, pudo haber funcionado. Cuestionable, sí, pero funcionaba.

Hoy, muchas veces, lejos de ordenar, desregula todavía más.

No necesitamos dejar de poner límites. Necesitamos aprender a ponerlos de otra manera.

Porque si cambió la infancia, también tiene que cambiar nuestra manera de acompañarla.

Datos de contacto: Lic. Luciana Cora - 1169409234

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