miércoles 08 de julio del 2026

La infancia y el espacio virtual

La cuestión central es preservar un equilibrio entre las experiencias digitales y las experiencias reales.

La infancia y el espacio virtual
La infancia y el espacio virtual | CONTENT CARAS LIKE
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Valentín (8 años) llega de la escuela, deja la mochila y le pide el celular a su abuela. Estuvo toda la tarde sin el dispositivo y lo único que quiere hacer es jugar con el celular, ver Tik Tok. Ante la negativa de su abuela, se enoja y comienza a decirle algunas cosas y llora...

Esta escena descripta y otras similares se deben repetir diariamente en los hogares, ya que la infancia siempre ha estado atravesada por los objetos culturales de su época. Hoy, las pantallas, los videojuegos, las redes sociales forman parte del entorno cotidiano de los niños y las niñas. La pregunta es: ¿Qué lugar ocupan en la constitución subjetiva de ellos?

El desarrollo emocional de los niños depende de la posibilidad de habitar un espacio de juego. El juego mismo no es un simple entretenimiento: es la actividad mediante la cual el niño crea, simboliza, transforma la realidad y construye su mundo interno.

El psicoanalista Donald Winnicott (1896-1971) describió el concepto de espacio transicional como ese territorio intermedio entre la realidad externa y la realidad psíquica, donde el niño despliega su creatividad, experimenta con los límites entre el "como si" y la realidad, y comienza a apropiarse del mundo. Es precisamente en ese espacio donde nace la capacidad de pensar, imaginar y relacionarse con los otros.

La tecnología puede enriquecer este proceso cuando funciona como una herramienta al servicio de la creatividad. Un videojuego, una aplicación para dibujar o una historia interactiva pueden convertirse en escenarios donde el niño inventa, explora y simboliza.

Sin embargo, aparecen riesgos cuando la virtualidad sustituye la experiencia del juego en lugar de ampliarla. Muchas propuestas digitales ofrecen imágenes, narrativas y respuestas ya construidas, lo que reduje el margen para que el niño imagine, tolere la espera o invente soluciones propias. En estos casos, el espacio transicional corre el riesgo de empobrecerse.

Otro aspecto fundamental es la relación con el cuerpo. El juego infantil implica movimiento, exploración sensorial, contacto con otros niños y descubrimiento del entorno. La experiencia virtual, en cambio, puede favorecer una relación más pasiva con el mundo, donde predominan la inmediatez y la satisfacción instantánea.

La cuestión central es preservar un equilibrio entre las experiencias digitales y las experiencias reales. Los niños necesitan jugar, el juego implica una planificación, explorar objetos, ensuciarse, aburrirse, inventar reglas, negociar con otros, frustrarse y volver a intentar. Son esas experiencias las que fortalecen la capacidad de simbolizar y de construir recursos psíquicos para afrontar la vida.

Los adultos responsables no están llamados únicamente a controlar el tiempo frente a las pantallas, sino a acompañar al niño en la construcción de un vínculo saludable con la tecnología. Esto implica interesarse por aquello que consume, compartir momentos de juego, conversar sobre lo que sucede en el mundo virtual y ofrecer múltiples oportunidades de encuentro con la realidad.

Como adultos, es necesario que les brindemos a los niños la posibilidad de jugar, crear y habitar un espacio donde la imaginación dialogue con la realidad sin quedar atrapada por ella, porque allí donde un niño puede jugar, así como también puede crecer, simbolizar y construir una subjetividad capaz de habitar el mundo con creatividad y autenticidad.

 

Lic. Mar Salias Duarte MN 58838
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