martes 13 de octubre del 2026

¿Porqué ya no nos deseamos?

Por la Lic. Any Krieger. Galería de fotosGalería de fotos

¿Porqué ya no nos deseamos?
¿Porqué ya no nos deseamos? | CONTENT CARAS LIKE
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Hay algo del deseo que insiste en no dejarse domesticar, por más que la época se empeñe en vendernos tutoriales de rendimiento erótico. Nos encanta creer que si amamos a alguien, el sexo viene en el mismo paquete. Y si no ocurre, nos desesperamos: "¿Qué nos pasa?", "¿Cómo reactivamos la llama?".

​Esa ansiedad es la respuesta obediente a un mandato. Vivimos capturados por la tiranía del "trabajar en la pareja", como si el vínculo fuera una PyME a la que hay que garantizarle métricas de satisfacción. Si el deseo decae, la época exige soluciones rápidas: talleres, comunicación efectiva o escapadas románticas. Hay que rendir y gozar. La falta se vive como una falla del sistema.

¿Porqué ya no nos deseamos?

​Pero el deseo no responde a la voluntad ni a la buena conducta. No es un electrodoméstico que se arregla ajustando una tuerca, ni un deber conyugal. Se puede amar entrañablemente a alguien, compartir la cama, la casa y los hijos, y no tener la más mínima gana de acostarse con esa persona. Eso no es una patología: es la estructura misma del deseo, que es errático, movedizo y refractario a las garantías.

​Por supuesto, es más cómodo echarle la culpa al cansancio o al trabajo, y en estos tiempos al desempleo. El agotamiento es el gran significante de nuestro tiempo; sirve para tapar todo. Explicar la falta de deseo por la rutina nos ahorra la molestia de preguntarnos qué estamos haciendo ahí.

¿Porqué ya no nos deseamos?

​El psicoanálisis no da recetas de felicidad ni enseña a recuperar la pasión: viene a estropear el confort de la respuesta rápida. Viene a interrogar qué satisfacción paradójica e incómoda se aloja en la queja. Porque se puede estar muy cómodo y lamentarse en el "ya no nos deseamos". La queja sostiene el vínculo a salvo de los riesgos de la intimidad. Se puede reclamar sexo para no encontrarse con el otro; se puede demandar presencia para no constatar la distancia.

​El deseo necesita de cierta ajenidad. Cuando pretendemos saberlo todo del partenaire y lo volvemos previsible, lo anulamos como sujeto deseante. Para que haya deseo tiene que haber un enigma, un borde donde el otro siga siendo un extraño.

​Quizás la pregunta crucial no sea cómo volver a desearnos, sino a qué nos aferramos cuando el deseo ya se fue. Sostener esa incomodidad sin taparla con soluciones prefabricadas es bastante más inquietante que cualquier técnica para encender la pasión.

 

Lic. Any Krieger
@anykrieger

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