A partir de una serie de fotos publicadas en su Instagram, Florencia Peña dejó ver cómo organizó el living con una decisión central: una chimenea revestida en mármol que toma protagonismo. Ese volumen, sólido y bien definido, marca un eje claro dentro del interior y fija el punto hacia donde se dirige la mirada. A su alrededor, un sofá en rosa empolvado, butacas blancas de líneas curvas y una mesa ratona de madera clara que arma el centro. Todo ello sobre una base que sostiene todo: pisos flotantes en tono madera.
Florencia Peña: la chimenea de mármol como eje del living
El recurso fuerte está en cómo se combinan esos elementos sin perder claridad. La chimenea de mármol fija un eje y le da dirección al living, mientras que los asientos suavizan la lectura con formas más blandas. El jarrón de gran tamaño, con textura artesanal, se apoya sobre la mesa como única pieza protagonista, evitando sumar objetos innecesarios. La elección de materiales es concreta: madera, mármol, textiles livianos, por lo que no hay dispersión, sino una selección justa que sostiene el conjunto.
Por otro lado, una silla de impronta clásica, con tapizado estampado, introduce un detalle distinto dentro del armado y corta la lógica más contemporánea del resto. En una de las paredes, aparece un motivo geométrico circular de inspiración oriental, similar al símbolo chino de longevidad, que aporta un acento ilustrativo. Asimismo, las carpinterías de madera, visibles en las aperturas, conviven con otras resoluciones más actuales y dejan entrever una reforma donde se conservaron elementos originales: puertas con paños vidriados y banderola superior, propias de construcciones de principios del siglo XX. Esa combinación refuerza la continuidad visual con los pisos flotantes y conecta directamente con el exterior.
Florencia Peña: la conexión directa con su jardín secreto
Los asientos en ronda invitan a la charla, la mesa central funciona como apoyo real y la circulación queda liberada: así se usa el living. Pero el gesto que termina de definirlo está en otro lado: la apertura hacia el patio interno amplía el interior. A través de esos paños vidriados, la mirada se clava en una pared cubierta por enredaderas, con un verde denso que toma todo el plano vertical. Ese jardín interno deja de ser fondo y pasa a formar parte activa de la disposición arquitectónica.
El espacio, entonces, funciona desde esa relación: interior cálido, exterior contenido y una conexión directa; donde Florencia Peña aprovecha ese armado como fondo para generar contenido: posa para las fotos y graba colaboraciones que encuentran en este living un marco listo para cámara. El resultado es un living claro en su armado, bien resuelto en sus decisiones y sostenido por un recurso que lo diferencia: un jardín secreto que se integra al conjunto.
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