miércoles 23 de octubre de 2019
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ESPECTáCULOS | 08-10-2019 16:14

Vanesa de Noble Herrera muestra la mansión de Ernestina, su suegra

La residencia está ubicada en Martínez. Tiene 2100 metros cuadrados, tres pisos, escaleras de marmol, piscina y 9 dormitorios en suite. Conocela. Galería de fotos

Es una mujer fuerte que muestra en cada gesto que su esencia está intacta. Vanesa Defranceschi de Noble Herrera es abogada recibida en la UBA y reparte su tiempo entre sus tesoros más preciados: su marido Felipe Noble Herrera, sus hijos: Mora (9) y León (4), y una pasión que heredó de sus padres: la solidaridad. Enfundada en elegantes vestidos de Gabriel Lage, Vanesa recibió a CARAS y posó en los amplios espacios de la residencia de Martinez donde vivió su suegra, la icónica empresaria del Grupo Clarin, Ernestina Herrera de Noble, quien falleció en 2017.

Tanto Vanesa como Felipe sabían que Pitty, como le decían sus íntimos, amaba esa mansión, por eso cuando llegó el momento de la división de bienes decidieron comprarle la parte a su cuñada, Marcela Noble, la otra hija de Ernestina, para conservarla y disfrutarla con sus hijos. La imponente casona tiene 2100 metros cuadrados, ocupa un terreno de 75 metros de frente y 130 metros de largo que están custodiados celosamente por el personal de seguridad. Al ingresar, en medio de una rotonda de piedras se luce una gran fuente que da frescura al lugar rodeado de árboles centenarios de distintas especies. El inmenso comedor, con mesas y sillas Luis XV alberga hasta 30 personas y está decorado con valiosos cuadros y tapices. En los 6 livings con amplios sillones hay mesas con portarretratos de plata y objetos que ella atesoraba. La biblioteca incluye libros escritos por la misma Ernestina y su escritorio conserva cada detalle elegido por ella. En el sector del dormitorio principal hay un lujoso y amplio baño, dos enormes vestidores y una gran terraza con una magnífica vista.

Proveniente de una familia donde le inculcaron la vocación solidaria, Vanesa acompañaba a sus padres desde muy chica en la tarea social. Sentía que tenía que ser justa y no dudó en seguir la carrera de Derecho al terminar la secundaria. En ese tiempo conoció a Felipe: “Cuando estudiaba hacía cursos paralelos y se armaban grupos de estudio de 8 personas que se conocían sólo por el nombre o el apodo. Ahí conocí a quien sería mi marido. Lo noté tímido y recién a los nueve meses de conocerlo, supe que era el hijo de Ernestina Herrera de Noble. Solo decía que su madre era periodista y que tenía una hermana”, recuerda.

Delicada y discreta pero con un tono muy claro y firme al expresarse, Vanesa es amable y luce una imagen impecable. Cuando habla de los comienzos de la relación con su marido sus ojos se iluminan: “Recuerdo que Felipe siempre era muy callado pero un día, salió en una foto en Clarin por un aniversario del diario y me preguntó si lo había visto. Le dije que no pero después cuando vi su foto, supe quien era él. Dejé de llamarlo para que no pensara que estaba cerca suyo por interés. Extrañado, me dijo que me conocía bien y sabía perfectamente distinguir a la gente. Al poco tiempo, cuando surgió todo el problema de los ADN (Ernestina fue acusada de adoptar hijos de desaparecidos en la dictadura militar y estuvo detenida unos días) su madre fue liberada y me llamó para ir a un festejo en su casa y conocí a toda la familia. Nuestra amistad empezó en el 2000, en el 2005 nos pusimos de novios y en el 2009 nos casamos. Luego nació Morita y en medio de todas esas emociones surgió nuevamente el problema de los ADN”.

El 2010 fue un año muy difícil para los hermanos Felipe y Marcela Noble Herrera: la justicia los obligó a hacerse el estudio por la fuerza y atravesaron momentos muy desagradables. Finalmente, los estudios determinaron que no eran hijos de desaparecidos. “Fue muy traumático pero siempre lo apoyé. Recuerdo que un día Ernestina me dijo: ‘Quiero que lo acompañes, que lo contengas para que el día que me toque partir, me pueda ir en paz’, agregaVanesa.

¿Cómo recuerda a su suegra?

—Era una mujer con mucha fortaleza. Siempre tenía la palabra justa. No era de charlar mucho. Solía decir que le gustaba ‘estar a solas con sus pensamientos’. Era un modelo de lucha, una persona muy perseverante. Tenía ánimo aún en los momentos difíciles. Podía hablar hasta cuando no tenía ganas. Fue un ejemplo de lucha. Te daba cátedras de vida. Contaba anécdotas inolvidables. Tuve mucha suerte por haberla tenido. Nosotros siempre la sentíamos como mamá, suegra, abuela de mis hijos pero al salir se convertía en “la señora de los medios”. Un ser humano extraordinario que ayudaba a todos los que podía.

¿Cómo era Ernestina abuela?

—Un encanto. Cuando nació Mora conoció un rol que nunca antes había tenido, un nuevo disfrute que mostraba el lado más cálido y tierno de ella. La nena se le subía a upa, la besaba, la abrazaba y hasta la despeinaba. A ella no le importaba porque era su nieta. Cuando llegó León, su único nieto varón, era como tener una extensión de Felipe. Además, el nene es muy parecido a él.

¿Y la relación de Felipe con su madre?

—Mi marido tenía un amor especial por su mamá. Era un sentimiento recíproco. La abrazaba, la besaba, su mamá era su vida. La luz de sus ojos. Creo que por ser hijo adoptivo era más acentuado el amor hacia ella.

¿Qué rol le gustaría desempeñar en este momento del país?

—La Argentina se encuentra en una situación en la que aquellos que podemos, debemos superar la grieta y mancomunar la labor del sector privado. En cada proyecto solidario con el que me comprometo tengo como objetivo superar la noción de beneficencia para avanzar en dirección a un sector empresarial responsable con conciencia de su liderazgo. El empresariado en la Argentina ha decepcionado muchas veces en materia de liderazgo por no poder asumir su responsabilidad ni saber lo mucho que sufren muchos argentinos. En lo que esté a mi alcance, quiero colaborar para que el sector empresario entienda que de este problema no se sale fomentando divisiones o grietas. Los medios de comunicación son tan responsables como la clase política por la situación en la que está el país. Quisiera que tengamos un periodismo más responsable que sirva para controlar al poder político y para ponerse a su lado cuando la prioridad es el bienestar de los argentinos. Las galas y cenas a beneficio muchas veces responden a un modelo anacrónico de beneficencia aristocratizante. Eso no me interesa. Por eso no quiero ser una dama de beneficencia. Quiero que las empresas y corporaciones asuman su responsabilidad y consideren como una inversión el ayudar a los que la están pasando mal. Mi esencia es arremangarme y caminar por el barro,

¿ Cómo es su labor en el Grupo Clarin?

—Yo soy abogada y me especialicé en Salud. Armé un equipo para colaborar con distintos hospitales. Mi trabajo en la Fundación Noble tiene que ver con lo social. Hay mucha gente que ve al grupo como un monstruo y no es así. Me gusta mostrar el lado humano del grupo. Me gustaría humanizar más a la parte jerárquica. Darle el lugar al trabajador que se merece, el lugar genuino. Cuando hablo de fuerza y poder para comunicar a través de los medios me refiero a que sirva para educar y ayudar a abrir la mente desde un lugar sano y neutral . Difundir las políticas de estado. Demostrar que lo público y privado se unieron para ayudar. Y comprometerme, a no pensar solo en mi persona o mi familia. Me propongo devolver al estado lo que me dio al permitirme estudiar en una universidad pública. Para mi el Estado y el sector privado tienen que estar unidos. Soy una persona antigrieta.

¿Qué es lo que más disfrutan de su hogar?

—El estar juntos. Tomar algo o leer un libro con esta vista hermosa. Los fines de semana nos levantamos más tarde y hacemos un desayuno-almuerzo en Le pain quotidien. Durante la semana yo quiero que los chicos se duerman temprano y organizo todo para que a las 9 de la noche ya estén listos para ir a dormir pero Felipe llega de trabajar y quiere jugar con ellos y me desprograma todo. Pero soy inmensamente feliz al verlos disfrutar juntos.

PODES LEER LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICION QUE YA ESTA EN TODOS LOS KIOSKOS.

Rebeca Peiro

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