24 años pasaron desde el día que Máxima Zorreguieta y el rey Guillermo dieron el sí, quiero. Fue en la Nieuwe Kerk de Ámsterdam, en una ceremonia que contó con 140.000 mil invitados, tuvo un gran guiño hacia la Argentina y estuvo marcada, como no podía ser de otra manera, por una polémica.
Así fue la boda de Máxima Zorreguieta y Guillermo
Parece que hubiese sido ayer, pero no. Hace 24 años, Máxima Zorreguieta desfilaba por la alfombra roja de la Nieuwe Kerk de Ámsterdam, para llegar al altar, donde la esperaba Guillermo Alejandro. Un momento que fue seguido de cerca por las 140.000 que se agolpaban de manera presencial, sumado a los, estimados, 900 millones que seguían la transmisión en directo de la ceremonia.
Para su boda, la argentina lució un vestido de Valentino Garavani. El diseño destacaba por el largo de la falda con una cola de cinco metros y un velo de detalles florales, que lucía a la perfección la tiara de perlas y diamante que la reina Beatriz, su suegra, había sabido llevar en su boda.
En el camino de Máxima Zorreguieta hacia el altar sonaba Adiós Nonino, interpretado por un bandoneonista en vivo. El tango no fue solo un guiño a la cultura argentina, sino que además tenía un significado muy especial para la futura Reina, que había elegido que esa pieza rendiría homenaje a su padre, quien tuvo prohibido asistir a la ceremonia.
La investigación de la reina Beatriz a Máxima Zorreguieta
Plebeya, latinoamericana y sin dominio del idioma. Esa era la imagen que tenía la reina Beatriz de su futura nuera. La Monarca era una férrea vigilante de la vida sentimental de su hijo y ya había sabido expulsar del palacio a Emilie Bremers, su anterior novia. Es por eso que, antes de aceptar la boda, mandó a investigar la vida personal de Máxima. De ella no encontraron nada, pero dieron con un nombre clave, el de Jorge Zorreguieta, su padre, que había formado parte de la dictadura militar.
A pesar de eso, Beatriz de Holanda anunció el compromiso de su hijo oficialmente y bendijo el casamiento, pero impidió que el papá de Máxima estuviese presente. “Es un hombre bueno que actuó en el Gobierno equivocado”, dijo la futura Reina, resignada, aceptando la decisión que se había tomado.
“Como hija, me parece terrible que él no esté allí, pero así son las cosas, y entiendo los sentimientos de los holandeses al respecto”, declaró de camino a la ceremonia. Esa aceptación no impidió que llorara al escuchar el tango de Ástor Piazzolla, en una imagen que quedó grabada en la retina de todos y que su padre siguió por televisión.
El casamiento de Máxima Zorreguieta y Guillermo Alejandro fue uno de los más importantes del siglo, aunque recién arrancara. A 24 años de aquel suceso, son millones los que recuerdan una ceremonia única, marcada por momentos imborrables, la polémica y el glamour.
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