En la última década, la moda alcanzó un vertiginoso protagonismo donde nuevos diseñadores llegaron rápidamente a la cima con las redes sociales como sus mejores aliadas. Como consecuencia, el deseo por poseer todo al instante nos invadió.
Las pasarelas mutaron a un “lo veo, lo quiero y lo tengo ya”, y muchas marcas que durante años mantuvieron el ADN de su fundador, fueron compradas por poderosos “holdings” pasando a ser rehenes del gusto y ego del director creativo de turno. Algunas manteniendo algo de estilo e identidad de antaño, pero otras con mucho “trash y zapatilla ”.
Pero la moda existe mucho antes de Virgil, Slimane e inclusive Tisci. Los grandes nombres y referentes como YSL, Balenciaga, Margiela o Paco Rabanne entre otros, hicieron de la moda un mundo de fantasía maravillosa con piezas llenas de imaginación, técnica y moldes perfectos que, poco a poco por desgracia, se fueron esfumando pasando a ser parte de un recuerdo.
Las actualidad nos somete a imágenes en Instagram que nos invaden de pantalones deportivos, “ugly shoes” y logos por doquier, posicionándose como máxima creación. ¿Pero hasta cuando puede ser esta moda sostenible? ¿Acaso no nos cansa ver más de lo mismo? No nos harta la masificación de “la pieza del momento”?
Quizás por este motivo la gran reaparición de Thierry Mugler sea para muchos una inyección a la memoria que nos permite viajar al pasado y recordar la originalidad de sus diseños vanguardistas de chaquetas con hombreras elaboradas, minifaldas con cortes audaces y corsés ajustados, extremadamente femeninos y teatrales que durante los años 80 y 90, hicieron al diseñador francés famoso internacionalmente con colecciones que obtuvieron un gran éxito comercial. Quizás sea su retorno, la celebración de la energía exuberante de un diseñador pre-digital cuyo excepcional trabajo se ve fresco y relevante para el día de hoy.
La vuelta de Mugler puede ser el desafío a desestandarizar la moda uniforme y masiva que vemos en las calles. O bien puede ser solo para darle un giro teatral y excesivo a la rutina. Lo cierto es que en un mundo que tiende a alienarse, un toque de “drama” no viene nada mal.
Por - Malala Artola (@ohlala_malala)
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