El reloj marcaba las 5 de la madrugada en la siempre mágica París. La habitación estaba en silencio. Era una noche como cualquier otra hasta que cinco hombres, disfrazados de policías, irrumpieron en el lugar armados. Aunque parece ser parte de una película de terror, este fue el infierno que vivió Kim Kardashian West, en las primeras horas del lunes 3 de octubre, durante su estadía en la capital francesa. “Fui secuestrada y me robaron todo”, relataba la socialité a los oficiales que se presentaron en el “No Address Hotel” tras la denuncia. Los ladrones lograron escapar del lugar con dos télefonos celulares, una alianza de oro sobre la que brilla un diamante de gran tamaño, diseñado por Lorraine Scwart, valuado en cinco millones de dólares, y joyas por un valor de más de diez millones de dólares. Mientras el ataque era perpetrado, Kim rogaba a sus captores por su vida.
Del otro lado del océano, su marido, el cantante Kanye West, abandonó repentinamente el concierto que estaba dando en el “Festival Meadows” para viajar a París. “Lo siento. Emergencia familiar, tengo que parar el show”, dijo a los fans. Kim se encontraba en París junto a su hermana Kourtney por la Semana de la Moda. El domingo 2, horas antes del asalto, las Kardashian asistieron a una cena en honor al diseñador Azzedine Alaïa.
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