viernes 5 de marzo de 2021
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ACTUALIDAD | 18-06-2016 10:10

Sebastián Pajoni cuenta su dramática historia

"El papá de mi mejor amiga torturó a mi propio padre". Galería de fotos

A los 36 años, Sebastián Pajoni se enteró que el papá de su mejor amiga había sido el torturador de su propio padre. El 25 de mayo de 2010, había viajado a su Junín natal para festejar el día del Bicentenario con un locro que su hermana prepararía en la cantina "9 de julio". Camino al restorán, su mamá le contó una verdad que había dormido en el silencio durante muchos años, pero en algún sentido lo pondría delante de una de las grandes controversias de su vida. "Me contó que finalmente se harían los juicios por lesa humanidad y ella, en su declaración, iba a decir algo que le había contado mi papá al salir en libertad: que el padre de mi mejor amiga de toda la vida estaba ahí, en la sala de torturas", relata el actor y dramaturgo. Es el principio de una historia de injusticia, impotencia, rencor y silencios, muchos silencios.

"El Pichi", como le decían a su papá, era un gran carismático. "Amante de la buena vida en las pequeñas cosas", como lo recuerda Sebastián, era un gran anfitrión y solía viajar especialmente hasta el Gato Negro, en Corrientes y Montevideo, para comprar las especias de sus famosos guisos y el buen café con el que deleitaba a sus amigos.

Si algo le molesta a Pajoni es el estigma de "algo habrán hecho" que aún hoy pesa sobre aquellos que fueron detenidos o desaparecidos durante la dictadura. Su papá era apenas un buen tipo, hijo de Edmundo Pajoni, un escribano de la antigua aristocracia juninense de raigambre socialista. Una enseñanza le quedó grabada a fuego: "No te subas al prejuicio sobre la gente que vive del otro lado de la vía, son tan o más buenos que nosotros", le repetía "El Pichi", en referencia a la vía que separaba la parte próspera de la humilde de Junín.

El actor tenía dos años cuando en enero de 1977 detuvieron ilegalmente a su papá. Su mamá también fue apresada, aunque liberada al día siguiente. Estaban a punto de irse de viaje y habían dejado a su pequeño hijo en la casa de sus abuelos maternos. No llegaron ni a la esquina.

Cayó por un "bolazo", según textuales palabras de la policía. Fue torturado y luego pasado a la legalidad como convicto del Estado. En ese momento, se cruzaron por primera vez la historia de Sebastián con la de su mejor amiga, involuntariamente y en un contexto completamente ajeno al que propiciaría su profunda amistad. El padre de su amiga era médico de la policía: era él quien determinaba el límite de la tortura, hasta qué punto podía soportar el cuerpo humano la brutalidad. Por lo bajo, "El Pichi" le confesó a su esposa que lo había visto allí, atestiguando en primera fila el episodio que marcaría su vida para siempre. Ese testimonio ayudaría a que años después se hiciera Justicia.

"Se dice en Junín que esa fue su época de prosperidad. Recuerdo haberlo visto vestido de jean y sweater al compartir algún almuerzo en su casa. Siempre muy educado, alto, apuesto. No le recuerdo la sonrisa. Sólo tengo memoria de algunos comentarios sobre él... pero nunca nadie, tal vez por ser hijo de uno de los torturados, me dijo algo que me hiciera relacionar ambas historias. Nunca, hasta aquel 25 de mayo de 2010, había imaginado que la historia de mi papá tuviera relación con la del de mi mejor amiga", recuerda Pajoni, quien hiciera de hermano de Celeste Cid en "Resistiré".

A pesar de la historia que los puso en veredas opuestas, Sebastián jamás se distanció de su amiga. "Con ella fui al boliche por primera vez, nos contuvimos las desilusiones, compartimos aventuras en Bariloche y bailamos abrazados en las primeras borracheras", relata y rememora uno de los momentos más difíciles. "En febrero de 2015, su papá falleció pocos días después de ser condenado a 25 años de prisión por su participación en los hechos que incluían a mi padre entre las más de 150 víctimas. Mi mamá me avisó por Whatsapp: 'Murió el papá de tu amiga, escribile'. Y así lo hice: 'Te acompañó', le envié, y ella me respondió al acto: 'Te adoro, ojalá algún día podamos hablar'", recuerda.

El reencuentro con su amiga ocurrió un día después de aquel locro del 25 de mayo de 2010. "Ella había vuelto a vivir a Junín porque su padre estuvo en prisión domiciliaria hasta la sentencia. Yo había ido a conocer la casa que había alquilado un amigo en común y de repente veo que ella para con su auto en la puerta. Fue una escena de película. El tiempo se detuvo. Tuve miedo, no sabía cómo reaccionar y tampoco sabía qué esperar de ella. Pero al cruzar la mirada, la reconocí. Era ese ser amado y que me amaba, con esa personalidad admirable, tan pensante y a la vez tan atrevida. Me dolió, más por ella que por mí, sabía que estaba sufriendo atrás de esa sonrisa de amiga, sentía que lo que yo había sufrido ahora le tocaba a ella. Era tan víctima como lo había sido yo", rememora. Ese abrazo fue liberador. "Eramos dos amigos abrazando su reencuentro, desafiándolo todo, incluso rencores arraigados en la historia de un país", reflexiona.

Ese instante inspiró una obra que hoy Sebastián protagoniza junto a la actriz Carla Solari. "La Boda Argentina", dirigida por Federico Ponce en el Método Kairós de Palermo, reconstruye esa historia aunque adaptada a una pareja que a horas de casarse se descubre enfrentada por la misma realidad. De la risa a la emoción más profunda, hecha luz sobre uno de los episodios más tristes de la Argentina.

Por Diego Esteves.

Fotos: Marcelo Dubini.

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