viernes 25 de junio de 2021
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ACTUALIDAD | 19-07-2017 13:04

Natalia Oreiro: "El año pasado fue uno de los más difíciles"

Entre Gilda y su exitosa gira por Rusia, la artista "revolucionó" su vida. Galería de fotos

No se trata de luchar contra el tiempo. Tampoco de enfrentarlo. Se trata de transitar la vida y aprender en el agradecimiento. Ser conscientes de nuestros errores, para entonces sí, darnos la oportunidad de volver a empezar. Los cambios generan nuevas oportunidades. Y aunque el miedo y el dolor sobrevuelen en nuestras vidas, y con los años no tengamos la lozanía de los 20, saber vivir en el presente, y emocionarnos de nuestros logros, es alcanzar el milagro de nuestra inquietante identidad. Natalia Oreiro ya no es una niña. Celebró sus 40 años y se atrevió a fotografiarse sin maquillaje ni photoshop. Quizás como una manera –adulta, sincera y plena, poco común en el universo del showbusiness– de reconocerse sin luces ni sombras.

–¿Usted visualizó siempre su vida?

–Sí, siempre tuve una actitud muy positiva con respecto a la vida. Y aprendí, que más allá de los sueños, íntimos y profundos, las cosas suceden cuando tienen que suceder. Cuando uno está preparado y tiene la madurez suficiente para poder transitarlas. De eso se trata para mí la vida. Si bien no estoy ajena al tiempo que me toca transitar, estos cuarenta, también sé que no soy un número. Ni tampoco una edad, ni emocionalmente ni biológicamente.

–Pero en este transitar, ¿Sintió que algo en usted empezaba a cambiar?

–Si, y pasó. A mí me gusta mucho la astrología, la numerología y creo en los Planetas. Anualmente me hago las revoluciones, y creo que la Luna está muy ligada a la mujer, a las mareas… Durante este último tiempo iba notando que ciertas cosas que me sucedían estaban conectadas con mi revolución.

–¿De qué manera se manifestó en usted esas revoluciones?

–Para mí el año pasado fue uno de los más difíciles que tuve que atravesar.

–¿Por qué lo dice?

–Si bien fue un año muy exitoso desde lo laboral, filme y estrené la película “Gilda”, hice una gira por Rusia y presente mi documental en el festival de Moscú, el más antiguo del mundo, también fue un año muy dífícil porque me sentí emocionalmente agotada y físicamente muy cansada. Estaba mal. Dormía mal y no tenía energía. Todo me costaba el doble. Además, en medio de la película, decidí tomar la determinación de mudarme de casa.  “Gilda” fue un proyecto que siempre soñé y desde el primer momento estuve emocionalmente y profesionalmente involucrada. No quería ni nunca pretendí hacer un hit, quise hacer un hecho cinematográfico. No me gusta hablar de mí como una artista, porque para mí los artistas son los que hacen obras de arte. Yo me considero intérprete, y en algunos casos, creadora. Lo que pasó con “Gilda” fue que se combinó lo popular con lo prestigioso. Yo estuve tres años seguidos en el Festival de Cannes. Y los tres años fueron para mi cumpleaños. No es casual. Donde uno inicia el año, es lo que te va a suceder el año siguiente.

–¿Cómo transitó el arrasador suceso de su película, con sus giras y presentaciones en Rusia, sosteniendo una familia en plena mudanza?

–La gente me preguntaba si estaba feliz por todo lo que me estaba pasando y yo no me sentía bien. Estaba agotada. Me costó mucho desprenderme de mi casa. Entendí que subestimé el proceso. Yo pensé: “Hay que cambiar, hay que renovarse, quiero darle a mi hijo un contacto con la naturaleza, no quiero viajar a mi chacra en el Uruguay para poder plantar mis verduras o mis flores, en ese sentido, esta casa ya no me completa”. Y me fuí. Cuando llegue a mi casa nueva, me quede paralizada. Me sentía otra persona. Tanto es así, que durante seis meses no abrí las cajas de la mudanza. Yo sólo armé el cuarto de mi hijo, saqué parte de mi ropa y dejé todos los muebles en la baulera. En mi habitación tenía el colchón en el suelo. Ni pinté. Todo el tiempo me preguntaba: “¿Y ahora hacia donde voy?”

–¿Encontró la respuesta frente a tanta incertidumbre de cambios y sensaciones?

–Supe que tenía cuatros planetas encima mío y eran los más fuertes. Entendí que tenía que finalizar etapas y darle inicio a otras. Esto provocó cierta debilidad en mí y esa sensación de agotamiento y sentir que no daba más. Ciertos planetas están para romper con barreras. Desprenderse de mochilas que uno lleva y son pesadas.

–En su vida cotidiana¿ Cómo se manifestó esta invación planetaria?

–Estaba muy confundida, leía muchos guiones de cine pero no terminaba de encontrarme en ninguno de ellos. Me ofrecían proyectos muy distintos y yo respondía que no me sentía con la energía de hacerlos. Necesitaba estar para adentro. Mirarme más yo…Empecé a hacer yoga, bioenergética, retomé mis clases de canto. Ocuparme con cosas que me nutrieran y tener mi propio espacio en el mundo Oreiro, que no es hacer 18 mil cosas por día. A otra persona, haciendo todo lo que siempre estuve acostumbrada a hacer, le agarra un surmenage. Es que siempre fui una mujer con tanta energía, que cuando siento que no estoy conectada con esa intensidad, siento que algo está mal. Mi crisis empezó antes, me preguntaba quien soy, que quiero, Me dolía el cuerpo. Subía las escaleras y no me podía mover. No creo en las casualidad sino en las causalidades.

–¿Por qué no pensar que lo que estaba mal era que usted agotó su energía abusando de manera intensa y desmedida de su capacidad?

–Por eso siento que ahora llegó el momento para empezar a modificarlo y realmente disfrutar. Pero es cierto, en el momento más pleno de mi vida profesional, cuando alguien me abrazaba para felicitarme por mi trabajo en “Gilda”, yo no tenía fuerzas para devolverle el abrazo ni decir gracias. Entonces me pregunté: ¿Cuál es el sentido de la vida si uno no está en el aquí y ahora, disfrutando de los logros por los que trabajaste tanto?”

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