Cuando los planes cambian: aprender a habitar la incertidumbre
La Lic. Ana Panebianco reflexiona sobre la ansiedad que pueden generar los imprevistos y la importancia de flexibilizar las expectativas cuando la vida toma otro rumbo.
Planificamos, anticipamos y organizamos. Hacemos listas, imaginamos escenarios y buscamos tener cierto control sobre lo que viene. En parte, porque planificar nos permite sentir seguridad. Pero ¿qué sucede cuando la vida cambia de rumbo y aquello que habíamos previsto deja de ser posible?
Las situaciones imprevistas nos enfrentan con una de las experiencias más difíciles de tolerar: la incertidumbre. Queremos adelantarnos a la vida para no sentirnos vulnerables frente a ella. Pensamos una y otra vez, buscamos señales, imaginamos escenarios y repasamos qué podríamos haber hecho distinto. Como si encontrar la respuesta correcta pudiera devolvernos el control. Pero no siempre hay respuestas.
La incertidumbre nos recuerda algo profundamente humano: podemos elegir, decidir, proyectar y construir, pero nunca controlar por completo el resultado. Es justamente ahí donde puede aparecer la ansiedad frente a aquello que todavía no conocemos y que amenaza algunas de nuestras certezas.
Quizás sea parecido al mar. Podemos aprender a nadar, conocer las corrientes, mirar el pronóstico y elegir cuándo entrar. Pero nunca podemos controlar completamente las olas. Con la vida pasa algo parecido.
Desde una perspectiva existencial, Viktor Frankl plantea que, incluso cuando no podemos modificar determinadas circunstancias, todavía podemos construir una posición frente a ellas. Y quizás atravesar la incertidumbre tenga algo de eso: no esperar a tener todas las respuestas para seguir viviendo.
Flexibilizar los planes y aceptar un cambio de rumbo
Esto no significa dejar de planificar ni vivir improvisando. Un plan puede orientarnos sin convertirse en una garantía. Podemos tener deseos, proyectos y caminos imaginados, pero también necesitamos cierta flexibilidad para modificarlos cuando la vida propone otra dirección.
Porque cambiar de rumbo no siempre significa haber fracasado. A veces significa reconocer que algo ya no funciona. A veces es elegir distinto. A veces es soltar una expectativa para poder encontrarnos con una posibilidad que todavía no conocíamos.
Quizás tengamos que aprender a tolerar ese espacio donde todavía no hay respuestas. Darnos tiempo para entender, sentir y hacer el duelo por aquello que no fue, sin exigirnos saber inmediatamente qué viene después.
No podemos elegir todas las circunstancias, pero sí podemos preguntarnos qué hacemos con aquello que nos sucede, cómo nos posicionamos y cómo nos acompañamos mientras atravesamos el proceso.
Porque quizás la verdadera seguridad no esté en saber qué va a pasar. Quizás esté en empezar a confiar en que, cuando llegue la próxima ola, vamos a poder atravesarla.
Bibliografía
· Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder.
· Fromm, E. (2008). El miedo a la libertad. Paidós.
· May, R. (2000). El significado de la ansiedad. Paidós.
· Taleb, N. N. (2013). El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable.
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