¿Cuándo sintió la necesidad de trabajar de manera independiente?
Si bien soy promotor del trabajo en equipo, la concepción creadora y abordaje del diseño como hecho integral, demanda una acción unívoca. Conceptualizar como un todo requiere libertad. El ejercicio independiente posibilita esta actitud y es una necesidad básica en mí desde siempre.
¿Cuál fue el fracaso del que más aprendió?
En mi trayectoria podría decir que nunca sentí la sensación de fracaso rotundo; sí el vértigo de situaciones adversas puntuales de distinta índole que fueron las que en su esencia construyeron y afirmaron mis fortalezas, puliendo mis debilidades.
¿Qué diferencial considera que lo convierte a usted en un vanguardista?
Esa libertad permite crear sin límites ni preconceptos. La arquitectura entendida como arte más ciencia, es determinante. Creo que, como vanguardista, me caracteriza la racionalización de la inspiración que concreta el hecho arquitectónico y la constante superación interior y profesional como diseñador en búsqueda permanente de nuevas resoluciones. El no repetirme a mí mismo, el generar un diseño “a medida” del usuario que lo haga único, lograr con agudeza la resolución de los detalles constructivos como partes del todo en armonía unísona, concibe una obra única y exclusiva.
Creo que el manifiesto arquitectónico es la integración de subsistemas conformando un sistema único e irrepetible para ese ser que lo habita, representando sus emociones. Lo estilístico está ligado a la vanguardia, como su materialidad, su morfología, a través del color, textura, luz, acentos caracterizantes que lo expresan.
En su profesión, ¿qué rol tiene hoy en día la comunicación?
Es vital comunicar el ejercicio profesional y generar el diálogo permanente con usuarios y espectadores de la Arquitectura. Participar de la trama viva del ida y vuelta de la información, utilizando las redes como vehículo social de pertenencia. Si pudiera darle un consejo a alguien que recién se inicia, ¿cuál sería? Le diría como le manifiesto a mis alumnos, que el diseño se siente, se lo razona y se lo expresa, bajo las óptimas reglas del arte del buen construir.
Es un gesto visceral y cerebral, una síntesis armónica. Una verdadera obra de diseño arquitectónico es una integridad que alimenta los sentidos del vivir, es el propio mundo de quien lo habita. La intensidad, dedicación, investigación, crecimiento, búsqueda permanente y, fundamentalmente, la humildad, hacen del diseñador un hacedor e intérprete de ese Ser. Un operador de los propósitos universales.
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