¿Qué fue lo que te llevó a convertirte en masajista y en qué momento entendiste que el masaje podía transformarse en tu propósito?
Lo que me llevó a convertirme en masajista fue una experiencia personal que tuvo un impacto muy fuerte en mí. En un momento particular viví una sesión que no fue lo que esperaba ni lo que sentía que necesitaba. Salí decepcionada, pero al mismo tiempo pasó algo importante: me hizo pensar que quería hacerlo de otra manera.
El masaje apareció en un momento en el que necesitaba encontrar claridad y terminó despertando en mí una certeza: con esto quería hacer algo. Quería construir una forma de trabajar que tuviera identidad y que hiciera que una persona realmente quisiera volver, no sólo por cómo se sintió después de una sesión, sino por todo lo que había sucedido durante ese encuentro.
Cuando empezaste, ¿Cómo convivían la seguridad de lo que querías lograr y las dudas propias de sentirte una novata?
Convivían dos sensaciones muy distintas. Por un lado, tenía la certeza de que podía construir algo importante; por otro, muchísimas dudas, porque era nueva dentro del mundo del masaje. Al principio me inspiré en distintas personas y formas de trabajo. Con el tiempo empecé a preguntarme dónde estaba el límite entre tomar una referencia y reproducir algo que no me pertenecía. Esa búsqueda fue fundamental porque me llevó a encontrar mi propia identidad, mi manera de hacer y mi propio lenguaje.
Tu crecimiento fue muy rápido y tu trayectoria profesional todavía es relativamente joven. ¿Sentís que eso alguna vez jugó en tu contra?
Al comienzo sí era algo que yo misma me preguntaba. Con el tiempo entendí que no podía acelerar los años, pero sí podía decidir qué hacer con cada uno de ellos: estudiar, practicar, observar, cuestionarme, volver a estudiar y trabajar muchísimo. Sé perfectamente que todavía tengo mucho por aprender y quiero que siga siendo así. Para mí, crecer profesionalmente también significa no perder nunca esa inquietud.
¿Cómo definirías hoy el sello que distingue tu trabajo?
Mi sello se resume en una frase: “El masaje como nunca lo viviste”. Para mí, el masaje es el centro de todo lo que construí. La ambientación, los detalles y cada elemento del espacio están pensados para acompañarlo, pero el verdadero eje está en las manos, en la presencia y en el contacto de calidad.
Mi propósito es contribuir a que el masaje sea entendido y valorado por la profundidad que puede alcanzar cuando detrás hay formación, sensibilidad, criterio y una verdadera dedicación al otro.
¿Qué significa que tengas un Método?
Significa que lo que hago tiene una estructura. Integro distintas técnicas bajo una lógica clara y cada sesión tiene un recorrido, una intención y un propósito. No busco solamente aliviar una tensión física. Me interesa comprender qué necesita esa persona en ese momento y trabajar a partir de ahí. Por eso, para mí, el método no es una secuencia fija ni una suma de técnicas. Es una forma propia de observar, interpretar y decidir. Eso es lo que le da coherencia e identidad a mi trabajo.
En menos de cuatro años tu trabajo empezó a despertar interés no solo entre quienes buscan una sesión, sino también dentro del propio sector. ¿Cómo vivís ese reconocimiento?
Con gratitud y, sobre todo, con responsabilidad. Nunca trabajé pensando en ocupar un lugar determinado, sino en construir una forma de hacer en la que realmente creyera. Que hoy otras personas, incluso profesionales y centros del sector, se interesen por conocer mi trabajo me confirma que esa búsqueda logró transmitir algo propio.
Para mí el reconocimiento no es un punto de llegada; es una exigencia para seguir estudiando, practicando y evolucionando. También me impacta cuando alguien decide recorrer una distancia importante para atenderse conmigo. Hay personas que hacen muchos kilómetros para llegar al Studio y vuelven. Eso genera una responsabilidad enorme, porque detrás de cada sesión hay alguien que eligió confiar en mí y dedicar parte de su tiempo a estar ahí.
Muchos asocian tu trabajo con una experiencia premium. ¿Cómo entendés el lujo dentro del bienestar?
Para mí, el lujo tiene mucho menos que ver con la ostentación o lo superficial que con la posibilidad de recibir algo hecho con tiempo, atención y oficio.
Hay un valor particular en aquello que no puede hacerse de manera automática, porque requiere observación, criterio y una intervención diferente cada vez. En un contexto donde todo sucede rápido, poder detenerse, prestar verdadera atención y estar presente se vuelve un diferencial. Eso es lo que entiendo por lujo: no necesariamente tener más, sino recibir algo pensado para
vos.
Tu espacio está en Banfield y no en el centro de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Fue una decisión estratégica?
Yo soy de zona sur, de Lanús; es mi historia. Y Banfield terminó formando parte de la identidad del Studio. Con el tiempo ocurrió algo que para mí fue muy significativo: empezaron a venir personas desde distintos puntos de Buenos Aires, incluso recorriendo distancias importantes, simplemente porque querían conocer mi trabajo. Eso me enseñó que cuando una propuesta tiene una identidad fuerte deja de depender solamente de una dirección. El lugar se convierte en destino.

¿Qué anécdota te llamó especialmente la atención en estos años?
Las redes sociales tuvieron un papel muy importante en este camino. Hoy somos una comunidad de casi 30 mil personas, y todavía me sorprende cuando alguien llega al Studio después de haber seguido mi trabajo durante mucho tiempo y me cuenta que vino porque quería comprobar si lo que veía en los videos era realmente así.
Me sucedió más de una vez. Recuerdo personas que, antes de comenzar la sesión, me lo dijeron casi como un desafío y que, al terminar, entre risas, me confesaron: “Superó ampliamente lo que pensé que iba a ser”.
Un video puede generar curiosidad o hacer que alguien quiera venir, pero después el encuentro real tiene que sostener esa expectativa. Cuando alguien llega esperando mucho y al terminar me dice que encontró incluso más de lo que imaginaba, siento que existe coherencia entre lo que mostramos y lo que realmente hacemos.
¿Cómo imaginás la evolución del proyecto?
Quiero seguir profundizando mi método y creciendo sin perder aquello que me trajo hasta acá. No me interesa crecer simplemente por crecer. Quiero que cada persona que pase por el Studio encuentre coherencia, intención y una forma de trabajar que conserve su identidad.
El proyecto puede evolucionar de muchas maneras, pero hay algo de lo que no quiero alejarme: el masaje tiene que seguir siendo siempre el centro.
Después de todo este recorrido, ¿Qué quisieras que una persona comprenda cuando escucha o lee tu nombre?
Que detrás de cada sesión hay una manera de entender el masaje y, sobre todo, una enorme responsabilidad frente a la persona que confía en mis manos. Todo lo demás puede cambiar y evolucionar. Eso no.
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Camila Magaro construyó su camino alrededor de una idea sencilla: que el verdadero diferencial aparece cuando técnica, sensibilidad y criterio encuentran una forma propia. Desde Banfield, su propuesta fue tomando identidad y despertando el interés de una comunidad que crece.
Su intención es hacer del masaje mucho más que un servicio y convertirlo en una disciplina con identidad y lenguaje propios.

Datos de contacto:
Celular: 011 5702-1796
Instagram Studio: @camilamagaro.studio
Instagram personal: @camila.magaro
Mail: [email protected]
Dirección: Beruti 899, Banfield, Buenos Aires
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