miércoles 23 de septiembre del 2026

Dolor crónico: cuando el cuerpo grita y las pruebas callan

"Está todo bien", te dicen. Y sin embargo sigues conviviendo con el dolor, con un cansancio que no se va y la sensación de que nadie termina de creerte. Quiero decirte que tu dolor es real, y tiene una explicación. | Por Paula Cejo- Kinesióloga y Osteópata integrativa.

Dolor crónico: cuando el cuerpo grita y las pruebas callan
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Una alarma que no sabe apagarse

El dolor nació para protegerte. Cuando es agudo funciona como una alarma antiincendios: suena cuando hay una lesión y se apaga cuando el tejido sana.

Pero si el dolor se prolonga, el sistema nervioso se adapta y se acostumbra… a doler. Sus neuronas se vuelven más excitables, las señales se amplifican y los "frenos" naturales que calman el dolor pierden fuerza. Es la sensibilización central: una alarma con el sensor demasiado fino, que salta con una brisa, el roce de la ropa o un gesto cotidiano. No hay nada roto: hay un sistema hipervigilante.

El cuerpo no duele solo

En esa vigilancia participan las zonas del cerebro que gestionan la atención, la memoria y las emociones. Por eso el miedo, la preocupación constante o el estrés sostenido no son "la causa", pero sí pueden subir el volumen del dolor. Y al revés: vivir con dolor agota, aísla y desanima, y así lo retroalimenta. Es un círculo, no es tu culpa.

No es casual que aparezcan cansancio, niebla mental o problemas digestivos: sistema nervioso, hormonas, defensas, intestino y emociones se comunican constantemente.

Dolor crónico: cuando el cuerpo grita y las pruebas callan

Una mirada integral

Cuando el dolor se cronifica, mirar solo la zona que duele no basta. Hace falta mirar a la persona completa: alguien que te escuche sin prisa, conozca tu historia (sueño, digestión, estrés, hábitos) y diseñe un plan a tu medida.

Para que tu cuerpo vuelva a sentirse seguro, ayuda:

●     Comprender qué le ocurre a tu sistema nervioso: saber que tu cuerpo no está "roto" reduce el miedo.

●     Moverte poco a poco, a un nivel cómodo, para que el cerebro asocie movimiento con seguridad.

●     Dar espacio a lo que sientes: escucharte sin juzgarte, gestionar el estrés y pedir apoyo emocional si hace falta. No porque el dolor sea "psicológico", sino porque todo está conectado.

La buena noticia: el sistema nervioso es plástico. Si aprendió a doler, puede aprender a sentirse seguro de nuevo. Lleva tiempo, y suele ir mejor con profesionales que te miren como persona, no solo como una lesión. Tu cuerpo no te está fallando: te está pidiendo que lo escuches.

 

Paula Cejo
Kinesióloga y
Osteópata integrativa · Máster en PNI Clínica
 https://www.paulacejo.com · Ig: @paulacejo
 

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