Soy Doctora en Psicología, egresada de la Universidad Nacional de Mar del Plata, y cuento con más de 30 años de ejercicio profesional. Realicé mi Doctorado en Psicología en la Universidad de Flores, orientado al estudio del estrés, sus técnicas de manejo y el desarrollo de un estilo de vida saludable.
A lo largo de mi trayectoria participé en investigaciones sobre estrés postraumático en veteranos de guerra junto al Dr. Alberto Dupen y en trabajos sobre la integración de técnicas de Análisis Transaccional y nuevas ciencias de la conducta junto al Dr. Roberto Kertész, además de colaborar en uno de sus libros.
Mi principal fortaleza profesional es el trabajo terapéutico grupal y vincular, aunque también desarrollo psicoterapia individual y supervisión profesional. Entiendo ambos espacios como herramientas diferentes y complementarias. El grupo permite vivenciar nuevas maneras de pensar, sentir, actuar y vincularse con otros; el espacio individual ofrece la intimidad y profundidad necesarias para abordar situaciones puntuales, traumas o procesos que requieren una intervención más personalizada.
También desarrollé, junto al nutricionista Martín Olivieri, Mujer Plena, un espacio de acompañamiento integral para mujeres orientado a transformar la relación con el cuerpo y la comida, crear hábitos y desarrollar una mentalidad que permita sostener los cambios. Esta misma mirada se está desarrollando también en una propuesta para hombres.
Volver a vos
Hay una premisa que atraviesa mi manera de entender la terapia: volver a uno mismo.
No creo que la terapia tenga como objetivo inventar una nueva identidad, sino propiciar el encuentro con aquello que somos en esencia y que muchas veces quedó postergado detrás de mandatos, creencias, vínculos y viejas programaciones.
Por eso, la pregunta no es solamente “¿qué me pasa?”, sino también “¿quién soy y qué vida quiero experimentar?”
Enamorándome de mí
“Enamorándome de mí” es el nombre de uno de mis espacios terapéuticos y expresa algo que considero profundamente transformador: aprender a mirarnos, reconocernos y experimentar genuinamente el amor por nosotros mismos.
No hablo de narcisismo ni de repetir frases de amor propio. Hablo de crear las condiciones para que una persona pueda encontrarse consigo misma, reconocer su esencia y volver a mirarse con amor.
Ese proceso de reencuentro también implica aprender a habitar el presente.
Un día a la vez, un instante a la vez
Para mí, aprender a vivir también es aprender a estar en el presente.
Cada día tiene su afán, pero también tiene su encanto. La vida tiene luces y sombras, y parte de la salud consiste en aprender a integrarlas, agradecer y descubrir el valor de lo cotidiano.
Mi propósito no es solamente acompañar a las personas a dejar de sufrir, sino ayudarlas a que su propia vida vuelva a encantarles.
“Yo salí de ahí”
Hay otra frase que atraviesa profundamente mi manera de acompañar: “Yo salí de ahí”.
En cada encuentro pongo al servicio de las personas mi formación y más de 30 años de experiencia profesional, pero también mi propio recorrido de vida. Hay lugares de dolor, crisis y transformación que ningún libro ni doctorado puede enseñar con la profundidad de haberlos transitado.
“Yo salí de ahí” no significa que el dolor nunca haya existido. Significa que no tiene por qué escribir el último capítulo de una historia.
Creo profundamente en los entornos de transformación y en las redes de contención. Muchas veces, alguien que está atravesando un proceso puede encontrar en otro una referencia, un espejo o un faro.
Va de nuevo: fe + acción
También llevo la Psicología a través del cuerpo y de acciones concretas. Por eso comparto en mis redes los burpees y las dominadas como metáforas de transformación.
El burpee representa mi “Va de nuevo”: bajar, tocar el piso, levantarse y volver a intentarlo. Es resiliencia, repetición y acción.
Las dominadas representan la posibilidad de elevarnos por encima de nuestros techos mentales. Así como entrenamos el cuerpo para poder subir cada vez más, también podemos entrenar nuestra mente para superar límites que alguna vez parecieron definitivos.
Para mí, la transformación necesita fe y acción: poder imaginar y visualizar aquello que todavía no vemos, pero después llevarlo a la experiencia mediante acciones concretas y repetidas.

Encontrar el propósito para volver a enamorarse de la vida
Creo que cada persona trae consigo dones, talentos y una singularidad que merece ser descubierta y desarrollada. Encontrar el propósito no es solamente comprender para qué vivo: es encarnarlo.
Es descubrir qué traje “debajo del brazo”, qué me apasiona, qué puedo desarrollar y qué puedo aportar al mundo.
Cuando una persona vuelve a encontrarse consigo misma, puede recuperar la ilusión, la pasión y el sentido. Y ahí aparece una de las experiencias que más me interesa acompañar: que alguien pueda llegar a decir, de verdad:
“Esta vida me encanta.”
Porque para mí, finalmente, de eso se trata: experimentar con profundidad y deleite cada instante cotidiano.
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