Alguna vez te has detenido a observar el curso de tu vida y te has preguntado: ¿Por qué estoy aquí? En el torbellino de la cotidianidad, a menudo olvidamos que nuestra existencia no es producto del azar. Como terapeuta, he acompañado a cientos de personas a comprender una verdad fundamental: todos llegamos a este plano con un contrato divino ya firmado.

¿Por qué no lo recordamos? Precisamente para permitir que el libre albedrío sea el protagonista de nuestra historia. Si tuviéramos el guion completo en nuestras manos, la vida perdería su magia, su misterio y, sobre todo, su capacidad de sorprendernos. Este olvido es un acto de amor: nos protege y nos invita a descubrir, paso a paso, la esencia de quienes nos rodean y, fundamentalmente, la nuestra.
En este camino de evolución, a menudo malinterpretamos los obstáculos. Ese "peor enemigo", esa persona que parece ponernos la vida difícil o esa situación dolorosa, no es más que un maestro disfrazado. En la lógica de nuestra alma, los desafíos son las herramientas de cincelado necesarias para pulir nuestra luz. Cuando dejamos de ver al otro como un verdugo y empezamos a verlo como un espejo que refleja lo que necesitamos sanar o fortalecer, nuestra perspectiva cambia radicalmente.
Aun cuando todo parece difícil, oscuro, que vas a contracorriente, es ahí donde tu alma se está forjando para salir a la luz. Entonces, ¿cómo reconectar con ese propósito y activar los dones que nos fueron entregados al nacer? La respuesta no está en el afuera, sino en el regreso al origen.
Para comenzar este viaje de reconexión, te invito a realizar un ejercicio sencillo pero poderoso:
- Visita tu primera infancia: Cierra los ojos y recuerda qué te hacía vibrar antes de que las expectativas del mundo te condicionaran. ¿Qué soñabas? ¿Qué te apasionaba sin esfuerzo? Ahí reside la huella de tu misión.
- La sabiduría del corazón: Lleva tus manos al centro de tu pecho. En el silencio de tu interior, pídele a tu "sabio interno" que te guíe. No busques respuestas intelectuales; busca esa sensación de expansión y paz que te indica que estás alineada con tu verdad.
Recordar no es mirar hacia atrás con nostalgia, es traer esa chispa original al presente. Tu contrato está ahí, esperando ser leído por tu consciencia. Al activarlo, dejas de caminar a ciegas para empezar a bailar al ritmo de tu propia alma. Estás lista para ser la protagonista de tu verdadera historia.
IG: Carina Mendoza. Terapeuta Integral
Tel: 0351.157618200
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