Durante décadas, hombres y mujeres aprendieron a desear desde lugares distintos. Esos guiones no desaparecieron: conviven. Y en ese desfasaje aparece uno de los conflictos más actuales de la intimidad: la desincronización erótica.
Muchos varones siguen anclados en un modelo que prioriza la conquista, lo visual, la iniciativa y el rendimiento. Las mujeres, en cambio, ya no están ahí. No quieren ser deseadas: quieren ser encontradas. El erotismo femenino se desplazó hacia otros valores: compañerismo, comunicación, personalidad e igualdad emocional dentro del vínculo.
El erotismo no empieza en la adultez. Se construye. Desde temprano, los varones suelen explorar su sexualidad con mayor libertad, apoyados en lo genital, lo visual y la fantasía. Ese recorrido tiende a volver su sexualidad más focalizada.
Las mujeres, en cambio, aprendieron durante generaciones a vincular su deseo al otro: a la relación, a la validación, al afecto. No es una diferencia biológica, sino una construcción cultural que deja huellas en la forma de desear.
El resultado es una asimetría que persiste. Se expresa en la brecha orgásmica, pero también en algo más difícil de medir: la experiencia subjetiva del encuentro.
Y el desajuste no se limita a lo erótico. También aparece en el mercado de pareja. Una investigación sobre el desajuste en la formación de parejas, liderada por Maike Van Damme, muestra que el aumento del nivel educativo femenino y las diferencias en valores de género generaron un nuevo desequilibrio.
Existe una brecha educativa de alrededor de 15 puntos porcentuales a favor de las mujeres con estudios superiores. Esto produce un “déficit masculino” para quienes buscan una pareja con nivel educativo similar. A eso se suma una diferencia de valores: las mujeres jóvenes tienden a sostener posiciones más igualitarias respecto al trabajo doméstico y al rol laboral que los hombres.
Muchas mujeres buscan pares con educación y valores similares que escasean. Ya no se busca al proveedor o al conquistador clásico, sino a un compañero.
El deseo no desapareció. Pero dejó de encontrarse en el mismo lugar.
Silvana Cardozo
Psicóloga – Sexóloga
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