Cada época construyó sus propios ideales estéticos y la sonrisa —como parte central del rostro y de la expresión humana— también atravesó transformaciones.
En los años 60, figuras como Brigitte Bardot representaban una estética espontánea, sensual y natural. Las sonrisas no buscaban perfección absoluta: tenían personalidad, carácter y frescura. Poco después, Audrey Hepburn encarnó otro tipo de armonía, más delicada y refinada, donde la elegancia estaba asociada a la sutileza y a la proporción. Más tarde, Sophia Loren mostró una estética intensa y profundamente personal, con rasgos fuertes y labios protagonistas, pero siempre conservando identidad.
Con el paso de las décadas, la estética comenzó a orientarse hacia modelos cada vez más homogéneos. La aparición de la fotografía digital, los retoques, los filtros y posteriormente las redes sociales modificaron profundamente la percepción del rostro humano. Hoy vivimos en una época de hiperobservación estética, donde cada detalle facial puede ser amplificado, editado y comparado permanentemente.

En odontología, este fenómeno también se refleja. Durante años, la búsqueda estuvo centrada únicamente en dientes extremadamente blancos, alineados y perfectos, muchas veces desconectados de la identidad facial de cada persona.
Una sonrisa armónica no debería borrar la identidad de quien la lleva. La evaluación estética requiere contemplar el rostro, la expresión, la personalidad y, fundamentalmente, la salud. Cuando la estética se separa de esos elementos, corre el riesgo de transformarse en una imagen estandarizada y sin singularidad.
En un contexto donde las tendencias visuales cambian constantemente y las redes sociales amplifican modelos cada vez más uniformes, el criterio profesional adquiere un rol central. La estética no puede reducirse solamente a una tendencia o a un recurso técnico: también implica diagnóstico, observación y comprensión de cada persona de manera individual.
Hoy, más que nunca, el desafío de la odontología estética quizás no sea fabricar sonrisas idénticas, sino preservar aquello que vuelve única a cada persona.
Dra. Eugenia Quiroga Odera
@eugeniaquirogaodera
www.qdental.com.ar
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