Cuando el daño no deja marcas, el alma aprende a pedir ayuda
No deja moretones, no genera denuncias visibles, no siempre se identifica a tiempo. Sin embargo, sus efectos pueden ser tan devastadores como cualquier otra forma de violencia. El abuso narcisista, una forma de manipulación emocional sostenida, se ha convertido en uno de los fenómenos relacionales más mencionados en los últimos años. Y no por moda: porque cada vez más personas, por fin, pueden nombrar lo que vivieron.
Aunque históricamente se asoció más a mujeres, hoy cada vez más hombres también comienzan a ponerle nombre a experiencias que antes solo podían describir como confusión, culpa, desgaste o pérdida de identidad. El punto en común no es el género: es el impacto psicológico profundo que deja este tipo de vínculo.
En diálogo con CARAS, Bárbara La Valle pone el foco en lo esencial: cuando un vínculo se construye a base de control emocional, la persona deja de sentirse ella misma.
¿Por qué se habla tanto de abuso narcisista en este momento?
Porque se está visibilizando algo que siempre existió, pero que era difícil de explicar. No deja señales físicas, y eso confunde a la persona y también al entorno. Hay quienes tardan años en comprender que lo que vivieron no era “una relación complicada”, sino una dinámica de manipulación emocional sostenida.
¿Cómo se construye ese daño “silencioso”?
A diferencia de las relaciones sanas, el abuso narcisista suele apoyarse en un ciclo difícil de detectar: idealización intensa, desvalorización progresiva y control emocional. La persona afectada empieza a sentirse responsable de los conflictos, duda de su propia percepción y muchas veces termina aislándose de su entorno. Y eso es parte del mecanismo: si te aíslan, te debilitás.
¿Qué es lo más doloroso: el vínculo o lo que queda después?
Las dos cosas. Pero lo más devastador es lo que pasa con la identidad. Quienes atraviesan este tipo de vínculo describen síntomas que van más allá de lo emocional: ansiedad persistente, insomnio, sensación de vacío, pérdida de confianza en uno mismo, culpa constante y un agotamiento que no se resuelve con descanso. Y hay una frase que lo resume perfecto: “El abuso narcisista desarma la identidad. No solo duele el vínculo, duele dejar de reconocerse”. El desafío no es solo salir: es reconstruirse.
¿Por qué cuesta tanto explicarlo?
Porque no hay “pruebas” visibles. El entorno muchas veces no lo ve. Y quien lo vive, tampoco sabe explicarlo. Queda atrapado en la confusión: “capaz exagero”, “capaz soy yo”. Ahí aparece la culpa y se pierde la brújula interna.
En ese camino aparece tu libro “Romper el hechizo: salir del dolor, recuperar la luz”. ¿Qué busca acompañar?
Surge porque el dolor necesita palabras. “Romper el hechizo: salir del dolor, recuperar la luz” busca acompañar el proceso de despertar y reconstrucción. La obra propone comprender lo vivido, identificar patrones dañinos y recuperar la propia percepción, con herramientas para atravesar el duelo emocional que dejan estas experiencias.
Y lo importante es que no habla desde un enfoque teórico frío: trabaja aspectos concretos que muchas personas atraviesan, sin distinción de género:
· La confusión emocional que deja la manipulación
· El duelo por lo que se creyó que era amor
· La reconstrucción de la autoestima
· La dificultad de poner límites después del desgaste
· El proceso de volver a confiar en uno mismo
El mensaje es claro: no es debilidad, es conciencia.
También anunciás espacios de encuentro. ¿Por qué son tan necesarios?
Porque muchas veces la sanación emocional no se da en soledad. Por eso, a partir de 2026, en el nuevo espacio que prepara Ostara Terapia Holística, comenzarán a realizarse Círculos de Mujeres, encuentros guiados para acompañar procesos de reconstrucción personal. Recuperan algo ancestral: reunirse en un entorno seguro para compartir experiencias y emociones sin juicio ni exigencias.
Entre sus beneficios se destacan:
· Sentirse comprendida sin tener que explicar de más
· Validar emociones que antes fueron minimizadas
· Fortalecer la autoestima desde el sostén grupal
· Romper el aislamiento que deja el abuso emocional
· Reconectar con la propia voz y la intuición
Y a la par, también se desarrollarán espacios de acompañamiento abiertos a hombres que atraviesan procesos similares. Porque el abuso emocional no distingue género, y cada vez más varones buscan lugares donde poder hablar sin estigmas.
¿Qué cambia cuando una persona logra nombrar lo que vivió?
Cambia todo. Hablar de abuso narcisista ya no es una moda: es una necesidad colectiva. Nombrar lo que antes no se decía permite comprender que el dolor emocional es real, que merece atención y que es posible salir de ese estado de desconexión.
Reflexión final
Hay dolores que no se ven, pero gobiernan la vida entera: te cambian la forma de mirar, de confiar, de dormir, de respirar. Por eso, reconocer el abuso narcisista es más que identificar un patrón: es recuperar la verdad interna, volver a habitar la propia percepción y dejar de pedir perdón por sentir.
Libros como “Romper el hechizo” y propuestas de acompañamiento como los círculos que impulsará Ostara Terapia Holística reflejan un cambio cultural profundo: el paso de la supervivencia silenciosa hacia la conciencia, el cuidado y la reconstrucción. Y cuando se entiende lo vivido, algo fundamental comienza a regresar: la propia luz.
Para más información:
Bárbara La Valle
Consultora en Psicología · Terapeuta Holística
Teléfono: (0054) 11 3295 2621
Instagram: @ostaraterapiaholistica
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