miércoles 25 de febrero del 2026

Querer sin hacerse cargo: el fenómeno de los princesos

Por Natalia Febre – Psicóloga MN 76.347 Galería de fotosGalería de fotos

Querer sin hacerse cargo: el fenómeno de los princesos
Querer sin hacerse cargo: el fenómeno de los princesos | CONTENT CARAS LIKE
CONTENT CARAS LIKE

Después de los 30 el amor cambia. Ya no estamos para intensidad sin rumbo, queremos coherencia. Sin embargo, cada vez más mujeres se encuentran con lo mismo: hombres que quieren compañía, intimidad y contención, pero no definición. A ellos, con ironía, algunas los llaman “princesos”.

¿Qué es un “princeso”? No es el que no quiere algo serio, sino el que no sabe —o no quiere— hacerse cargo de lo que genera. El princeso moderno no necesita rescatar a nadie; busca que lo entiendan. No habla de futuro, habla de “fluír”. No desaparece, pero tampoco se define. Y en esa ambigüedad obtiene compañía, contención y exclusividad emocional… sin asumir el nombre del vínculo.

Desde la psicología sabemos que muchas elecciones no son tan conscientes como creemos. Solemos elegir desde lo conocido. Si aprendimos que el amor es incertidumbre, distancia o tener que hacer de más para que nos quieran, probablemente nos sintamos atraídas por dinámicas parecidas en la adultez. Lo familiar no siempre es sano, pero se siente reconocible.

Querer sin hacerse cargo: el fenómeno de los princesos

Entonces aparece la pregunta que se repite: ¿por qué siempre termino con el mismo tipo de hombre? Porque los patrones no se rompen solo con ganas. Se rompen cuando los vemos repetirse, a nuestro debido tiempo. El princeso muchas veces no es el problema en sí; es el espejo de algo interno que todavía no revisamos.

Después de los 30 esto pega distinto. Muchas mujeres saben lo que quieren y lo que no están dispuestas a tolerar. Y aun así, cuando aparece alguien que no asume su responsabilidad afectiva, surge esa pregunta silenciosa: ¿estaré pidiendo demasiado?

No se exagera al pedir claridad, es parte del autocuidado. La responsabilidad afectiva no es prometer para siempre; es ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace.

¿Entonces por qué dudamos? Porque la ambivalencia desgasta. Cuando alguien hoy está y mañana no tanto, se activan inseguridades que quedaron como huellas. Y sin darnos cuenta empezamos a negociar límites por miedo a perder algo que nunca estuvo del todo claro.

¿La salida es resignarse? No. Tampoco es endurecerse. Es elegir distinto entendiendo que el amor adulto no se sostiene en la espera eterna ni en la fantasía de que el otro va a cambiar. Se construye desde la reciprocidad y el dialogo.

Tal vez la pregunta no sea “¿qué quiere él?”, sino “¿qué quiero yo y qué estoy dispuesta a aceptar?”. Cuando eso se ordena, los “princesos” dejan de ser una tragedia y pasan a ser simplemente un filtro. Y querer, finalmente, también implica hacerse cargo.No se trata de encontrar príncipes ni de esquivar princesos, sino elegir vínculos donde no haya que descifrar lo que el otro siente.

Datos de contacto:
WhatsApp: +54 9 1144369968
Instagram: @psico.natifebre

Galería de imágenes
EN ESTA NOTA