Érica, contanos por qué psicología y cómo fueron tus inicios en la profesión
En mi caso, la psicología como elección profesional apareció muy temprano. En la escuela primaria recibimos la visita de una psicóloga. No recuerdo exactamente qué nos dijo, pero algo de esa escena me quedó resonando y despertó mi curiosidad. Con el tiempo, esa curiosidad inicial se transformó en una práctica clínica que llevo desarrollando hace más de 15 años. Vivo mi profesión como algo que fui construyendo y que hoy sigo eligiendo desde otro lugar.
¿Cómo llevás adelante el ejercicio de la profesión?
Hace más de 15 años trabajo como psicóloga clínica entre Rafaela y Rosario, tanto en espacios individuales como grupales, con jóvenes y adultos.
También trabajo en docencia universitaria en Rafaela y San Francisco, algo que forma parte de mi manera de pensar y revisar la práctica clínica.
¿Cuál es tu enfoque?
Trabajo desde el modelo Cognitivo Integrativo, acompañando distintos tipos de malestar. Me interesa entender cómo cada persona vive su vida cotidiana. Muchas veces llegan a mi consultorio personas que sostienen un proyecto, cumplen con sus obligaciones y funcionan dentro de una rutina, pero sienten que algo no termina de encajar en sus vidas. Ahí es donde me interesa trabajar: cuando la forma en que alguien venía viviendo ya no le alcanza.

¿Hacia dónde te interesa seguir desarrollando tu práctica?
Me interesa seguir profundizando esta forma de trabajo y que no sea sólo dentro del consultorio. Poder llevar esta mirada a otros espacios, como talleres, escritura, materiales o instancias de intercambio, donde también se pueda pensar lo que nos pasa en la vida cotidiana.
No suelo pensar mi carrera desde objetivos cerrados, sino desde la posibilidad de seguir creando distintos espacios de escucha, intercambio y reflexión, tanto dentro como fuera del consultorio.
¿Qué define tu forma de trabajar?
En mi práctica, suelo trabajar con malestares que no siempre tienen una definición clara o que no se reconocen inmediatamente como un problema. Muchas veces acompaño a personas que sostienen durante mucho tiempo algo que ya no termina de cerrar. Es ahí donde surge un punto interesante: no siempre se consulta cuando algo se rompe, sino que a veces se consulta cuando deja de tener sentido.
¿Es posible sentirse bien y que, al mismo tiempo, algo no nos cierre?
Es más frecuente de lo que parece. Solemos asociar sentirse bien con haber cumplido ciertos objetivos, como si eso garantizara salud mental. Pero no siempre alcanza. Hay personas que logran llevar adelante su vida y que, sin embargo, se sienten desconectadas. No es un malestar evidente, sino silencioso. Vale preguntar: ¿eso que hoy seguís sosteniendo te representa? ¿Hasta dónde?
Lic. Érica Roldan
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