El nombre de Sol Mihanovich aparece hoy ligado a un proyecto que excede lo personal y se conecta con una historia familiar muy instalada en el imaginario argentino. Nieta de Mónica Cahen D’Anvers y César Mascetti, su presente se organiza en torno a La Campiña de San Pedro, el espacio que ambos construyeron durante años y que hoy sigue en funcionamiento como un sistema donde conviven producción, gastronomía y experiencia turística.
Sol Mihanovich y una continuidad que se construye en el presente
Lejos de ocupar un lugar simbólico, la participación de Sol Mihanovich es concreta. Con el paso del tiempo, y especialmente después de la muerte de Mascetti en 2022, la familia tuvo que reorganizarse para sostener el proyecto, y ahí su figura empezó a tomar mayor protagonismo. En ese escenario aparece una trama familiar clave, donde Sol se involucra de manera activa junto a su padre, Iván “Vane” Mihanovich, y su tía Sandra Mihanovich, en un entramado que sostiene el legado y lo proyecta hacia adelante.
La Campiña funciona como un sistema integrado donde todo está conectado. A la base productiva original se sumaron nuevas líneas, como la incorporación de duraznos y el desarrollo de productos artesanales que ampliaron la propuesta. Lo que se produce en el lugar tiene una continuidad directa con lo que llega al público, en un esquema que sigue activo incluso después de la muerte de César. En paralelo, el proyecto incorpora una dimensión cultural que refuerza ese vínculo: Sol, junto a su padre y su tía, realiza shows en el restaurante del predio, sumando la música como parte de la experiencia del lugar.
Antes de volcarse de lleno a ese universo, Sol tuvo un recorrido inicial ligado al periodismo, con experiencias en medios gráficos, televisión y radio, muchas veces vinculadas al entorno de sus abuelos. Con el tiempo, ese camino quedó atrás y decidió enfocarse en la música, un terreno donde encontró una forma más propia de expresarse. Desde entonces desarrolla su carrera artística en paralelo a su participación en el proyecto familiar, incluso integrando la banda de Sandra Mihanovich y formando parte de sus presentaciones.
Sol Mihanovich y un legado que se adapta sin perder forma
A esa dimensión se suma una capa personal que también atraviesa su historia. Durante su infancia enfrentó un cáncer de hueso, un proceso que incluyó un trasplante y una internación prolongada, con un pronóstico inicial que implicaba varios meses de recuperación. Sin embargo, la evolución fue más rápida de lo esperado y, en pocas semanas, logró volver a caminar, marcando un punto de inflexión dentro de esa etapa. Ese período, atravesado entre tratamientos, también estuvo acompañado por la música y la lectura, en un contexto donde el tiempo se reorganizó de otra manera, según contó en una entrevista con Clarín.
En ese sentido, el desafío no se limita a sostener lo heredado, sino a proyectarlo hacia adelante con una lógica propia. En ese marco, también se inscribe su vida personal: es madre de Eliana y Amelia, un dato que suma otra capa a esa idea de continuidad generacional. La Campiña sigue funcionando como un espacio activo, donde el legado se construye en el día a día, entre decisiones concretas y una apertura constante al público. Sol Mihanovich no aparece solo como heredera, sino como parte de un proceso que mantiene en funcionamiento un proyecto que combina historia, familia y trabajo cotidiano, con una mirada puesta en lo que viene.
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