A los 80 años, Evangelina Salazar mantiene la misma calidez que conquistó al público desde sus primeras apariciones en la pantalla. Lejos de las formalidades, la querida actriz eligió detenerse a pensar en su recorrido personal, en el hogar que construyó junto a Palito Ortega y en el vínculo profundo que mantiene con su familia. En una extensa charla con La Nación, repasó su rol como madre y derribó mitos sobre la crianza tradicional.
Evangelina Salazar: Una crianza sin moldes rígidos
Durante la entrevista, Evangelina Salazar se explayó sobre cómo transitó la crianza de sus hijos a lo largo de los años y aclaró que su enfoque nunca consistió en imponer estructuras estrictas. Con la tranquilidad que otorgan las ocho décadas bien vividas, la actriz explicó que su aporte se limitó a los pilares fundamentales de la convivencia y el respeto.
“Yo no fui una mamá que moldeó a sus hijos. Sí, bueno, las cosas básicas, el ser respetuoso con los padres, ser empático con todo el mundo. Ese tipo de cosas y generales”, expresó con simpleza en diálogo con el medio. Para ella, el verdadero motor de la educación familiar pasó por acompañar los procesos individuales de cada uno en la casa sin intentar encasillarlos en expectativas preestablecidas.
Los hijos de Evangelina Salazar: El talento en casa
La familia Ortega Salazar se caracteriza por una fuerte impronta creativa que atraviesa a cada uno de sus integrantes. Evangelina Salazar formó junto a Palito un hogar donde sus hijos —Martín, Julieta, Luis, Sebastián, Rosario y Emanuel— encontraron el espacio para desarrollar sus propias vocaciones, volcándose todos de lleno al ámbito artístico en distintas disciplinas como la música, la producción, el cine y la actuación. “Todos salieron artistas; cada uno encontró su camino en el arte y nosotros siempre acompañamos esa elección desde el lugar que nos tocó”, señaló sobre el recorrido profesional de sus seis hijos.
Lejos de posicionarse únicamente como la guía indiscutida del hogar, la reconocida figura reconoció que el vínculo familiar funcionó como un espejo de transformación constante. Al repasar las distintas etapas del crecimiento de su familia en la entrevista, admitió que el proceso exigió de su parte una gran cuota de adaptación y escucha permanente.
“Eso fue muy difícil; cuando crecieron fue difícil, porque ellos me moldearon a mí. Yo se los agradezco, es un aprendizaje fantástico que no termina nunca”, reflexionó con absoluta honestidad. De esta manera, Evangelina Salazar dejó en claro que la madurez trajo consigo la comprensión de que el vínculo familiar se construye a la par y que los hijos también enseñan a los padres a transitar los cambios de cada época.
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