Ale y Martín, los hijos de Alejandro Dolina, crecieron en un entorno donde la música y el arte formaban parte de la vida cotidiana, rodeados de instrumentos y proyectos familiares que marcaron sus primeros pasos. Con el tiempo, ambos encontraron su lugar, compartiendo escenarios y experiencias que reflejan la continuidad de una tradición artística. La formación que recibieron les permitió desarrollar habilidades que hoy aplican en distintos ámbitos, siempre vinculados a la creación.
Ale y Martín, los hijos de Alejandro Dolina, siguieron el camino de su padre
Ale y Martín, los hijos de Alejandro Dolina, desarrollaron sus carreras en un espacio atravesado por la creatividad y el trabajo conjunto, participando desde jóvenes en producciones vinculadas a su padre. Hoy mantienen una presencia activa en la música y en distintos proyectos, consolidando un camino que combina herencia y personalidad propia. La dinámica que comparten se refleja en la manera en que se complementan en cada iniciativa, aportando estilos distintos en un mismo marco artístico.
Los hijos del escritor crecieron en un entorno donde la creatividad era parte de la vida cotidiana, rodeados de instrumentos, ensayos y proyectos familiares. Desde pequeños participaron en producciones vinculadas al escritor, pero con el tiempo fueron consolidando sus propios caminos dentro del ámbito artístico. El menor de los hermanos es músico, guionista y productor. Su carrera comenzó en la infancia cuando participó en la grabación de la opereta Lo que me costó el amor de Laura.
En distintas oportunidades, Martín Dolina recordó los trabajos con su padre como exigentes pero formativos. Con los años, se convirtió en parte esencial de proyectos como Bar del infierno, Cartas marcadas y Recordando el show de Alejandro Dolina. Además, lleva más de dos décadas trabajando en La venganza será terrible, donde integra el Trío Sin Nombre junto a su hermano y Manuel Moreira.
En una entrevista con Segunda Generación, Alejandro Dolina señaló que el peso de su apellido es una presión constante, más vinculada a la figura intelectual y artística de su padre que a privilegios concretos. Reconoce que la capacidad de oratoria del músico lo intimida y que la diferencia entre el Dolina público y el privado radica en el lenguaje. Además, el artista destacó que el amor romántico es un eje central en la vida del escritor, algo que marcó su visión personal.
Ale y Martín, los hijos de Alejandro Dolina: Música, proyectos compartidos y nuevas plataformas
La dinámica laboral de Alejandro, Martín y su padre se caracteriza por la afinidad estética y por debates intensos que surgen de la confianza familiar. El presentador contó que pueden discutir durante horas por la elección de una palabra en un guion, pero que esas diferencias enriquecen el resultado final. Al mismo tiempo, considera indispensable salir del núcleo familiar para crecer en lo personal.
Uno de esos espacios fue el streaming, donde participó en Edición Especial junto a Martín Garabal, Adrián Lakerman y Alexis Moyano. Allí, el menor de los hermanos exploró un humor distinto, más improvisado y cercano a las nuevas audiencias digitales. Para él, este espacio todavía funciona como “radio con cámaras”, pero representa una oportunidad para experimentar con formatos visuales que aún no han alcanzado todo su potencial.
Cabe destacar que Alejandro Dolina, padre, siempre mantuvo un vínculo cercano con el fútbol, un deporte que lo acompañó desde sus años como mediocampista en ligas amateurs. Con el paso del tiempo, ese ritual semanal de juntarse a jugar con amigos se transformó en una tradición compartida con sus hijos. Ellos se sumaron de manera estable, alternando entre formar parte del mismo equipo o enfrentarse como rivales en la cancha. La práctica se convirtió en un espacio de encuentro donde el juego se integra con la pasión.
Ale y Martín, los hijos de Alejandro Dolina, mantienen una vida marcada por la música y los proyectos compartidos, pero también por una pasión futbolística que atraviesa generaciones dentro de su familia. Desde jóvenes acompañan a su padre en los tradicionales partidos amateurs, formando parte de un ritual que se repite semana tras semana y que refuerza el vínculo entre ellos.
VDV
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