lunes 27 de enero de 2020
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ESPECTáCULOS | 06-09-2019 18:16

Lino Patalano muestra su quinta de ocho hectáreas en Moreno

Por primera vez, el incónico productor teatral abre las puertas de su lugar más preciado. Galería de fotos

Ingresar a su quinta de ocho hectáreas ubicada en la localidad de Moreno es como hacerlo a una escenografía de su propia vida. Lino Patalano (73) recibe a CARAS en exclusiva, porque es la primera vez que abre las puertas a un medio de ese refugio en el que recibió y albergó a tantas celebridades nacionales e internacionales. Como un perfecto anfitrión, tiene todo listo para recibir al equipo de la revista, con asado incluido. “Mi papá tenía campos en Italia, después de la guerra perdió todo , en Gaeta, la costa de Ulises, en Lazio, Italia,donde transcurre La Odisea (Poema épico atribuido al poeta griego Homero). Es como recrear lo que hacía mi papá, con un lugar donde se junta toda la familia, donde hay una huerta, gallinas que ponen huevos—explica el productor teatral, antes de revelar cómo tomó contacto con este lugar—. Lo tengo desde 1992, llegué de pedo (Risas). Había un aviso en Clarín. Se lo querían sacar de encima. Después descubrí porqué me costó tan barato. ¡Pagaba 1000 dólares de impuestos por mes, era la época del uno a uno! En profundidad nunca cambié demasiado a cómo me lo encontré. Lo único que hice es ponerlo en valor. Y en lo que era la vivienda del casero, construí ‘El Convento’, que es donde se aloja toda mi familia cuando vienen a pasar unos días. Tiene muchas camas, en un cuarto hay hasta seis camas”, dice.

Pasquale Cosimo Patalano (“Lino”) nació en Italia, y cuando tenía dos años vino con su papá a la Argentina. “Llegué a los cinco años a Lanús Oeste; lo mejor que nos pudo haber pasado a mí y a mi familia fue haber venido acá—reconoce quien cumple cincuenta años como productor teatral—. Cuando me llamaron para opinar algo del primer alunizaje, contesté que sabía muy poco porque yo estaba con mi primera producción, que fue ‘Juanito Laguna, Viaje a la Aventura’. Llenamos todas las funciones pero perdimos plata, porque la primera escenografía de acrílico fue con ese espectáculo. Todo el vestuario fue confeccionado con plásticos. Esa fue la primera experiencia donde fui director, productor y co-autor. Tenía 23 años”, agrega.

Lino es un verdadero personaje, con un vida llena de condimentos especiales. Aprendió a manejar recién a los 50 años; cuando cumplió 70, llevó a amigos y familiares al mar de Gaeta, su tierra italiana natal, y allí Sandra Mihanovich y Marilina Ross le cantaron “Honrar la Vida”, canción emblemática de su amiga Eladia Blázquez (cantante y compositora argentina de tango). Está convencido de que nadie muere, con lo cual se refiere a sus seres queridos que “cambiaron de estado” en tiempo presente. “Encontré una vieja glorieta de hierro, toda rota. Me traje los restos de mis familiares acá e hice un ‘polvario’. Ahí están las cenizas de mi mamá, mi papá, y mi hermana”, cuenta. Fue co-constructor de las trayectorias de Enrique Pinti, Julio Bocca, Les Luthiers, Niní Marshall, Facundo Cabral, entre otros; fue productor de innumerables éxitos teatrales; maneja el teatro Maipo desde el ´94 y dirige el Centro de Arte MDQ, compuesto por las salas Radio City, Roxy y Melany de Mar del Plata. Fue el creador de los míticos Café Concert de los ‘70 (“El Gallo Cojo” y “La Gallina Embarazada”). Su madre lo llamaba “Misión Imposible” porque todo lo que se le ocurre lo hace. Solo tuvo dos fracasos estrepitosos en su carrera, aunque rápidamente “se puso de pie”. En 1975 iba a estrenar en el Nacional una obra con Niní Marshall, pero la genial comediante fue internada por un aneurisma dos días antes del estreno. ¡Perdió 500 mil dólares! Y en el ’82, quebró: había abierto con un socio el teatro Bambalinas pero le fue pésimo. Confiesa que la historia de su vida oscila entre la pobreza y la opulencia, un poco como le pasó a su padre, que pasó de ser terrateniente a estibador. Produjo la nueva puesta del musical “Hair”, a cincuenta años de su estreno en Broadway; “Solita y Sola”, interpretada por Marta Mediavilla y dirigida por Marilina Ross; “El Curioso Incidente del Perro a Medianoche”, en el Maipo; sigue con la gira de Ricardo Darín; con la de “Les Luthiers”, y acaba de traer al país al Ballet Nacional de España.

Cantos de diferentes especies de pájaros, una gran diversidad de árboles, piscina y estanques con peces y tortugas, gallinas, ñandúes y hasta un caballo conviven en un lugar encantado, el “Lugar en el Mundo” de Patalano. “Hay otra casita, una prefabricada, que está en el bosque de rosas, que es la preferida de Julio Bocca y Norma Aleandro. Cuando vienen, ellos duermen allí. Antes de comprar esta quinta pregunté qué estilo tenía la casa, y la hija de la dueña original, Marta Leloir de Udaondo (hermana de Luis Federico Leloir, Nobel de Química) quien la hizo construir, me dijo: ‘Estilo Rancho, porque mami quería un rancho’. Si la casa principal fuera un Casco de Estancia tendría que tener una sala de estar mucho más grande, una cocina también más amplia… Acá todo es de tamaño normal, no hay nada ostentoso, hay dos baños, dos cuartos—afirma Patalano, antes de agregar un dato sorprendente—. Esta casa principal es un diseño de Alejandro Bustillo (el célebre arquitecto, pintor y escultor, autor del Hotel Llao Llao de Bariloche, el Provincial, el Casino de Mar del Plata, y viviendas como la de Victoria Ocampo, entre otras obras arquitectónicas icónicas). Ella era su amiga, y él le diseñó esta casa en 1946. Tengo los planos originales firmados por él. Cuando la compré, esta historia no la conocía. El aviso decía solo: ‘Ocho hectáreas en Moreno’. Me dijo la mujer: ‘Mami se la pidió a Bustillo’. Yo le pregunté: ‘¿Qué Bustillo?’. No lo podía creer”, agrega.

La enorme quinta cuenta con un lago en una zona que Lino denominó “La Isla del Capitán Culo”. “Esa parte no existía, era bien campo. Con todos mis sobrinos decidimos crear una isla y le pusimos ese nombre porque queda en ‘la loma del culo´(Risas), muy lejos de la casa principal. Son como trescientos metros que hay que hacer para llegar. El lago tiene patos, gansos, tortugas de agua. Al caballo intenté montarlo para la producción de CARAS, para hacerme el glamoroso. Puse una escalera para subir, pero ‘arrugué’ porque tenía miedo de caerme y quedar internado en el Hospital Italiano. Pensé: ‘Dejate de joder Lino, ¿para qué vas a subir al pobre caballo que encima tiene que aguantar 400 kilos arriba? (Risas). Es un caballo raza Silla Argentino. Tengo amigos que hacen Equinoterapia para chicos sin recursos. Este caballo no les servía más, porque es muy grande, y me lo regalaron”, comenta.

La historia de los perros, la otra pasión de Patalano, merece un capítulo aparte. “La perrita más chica se llama Tita por la Merello, es una negra atorranta. La encontramos en la calle en muy malas condiciones. Los demás son Mastines Napolitanos (descendiente de una antigua raza romana), una dinastía de perros que empezó con un macho que se llamaba Maipo. Al principio eran todos beige, pero ahora está la dinastía gris, y a la beige ‘la quieren matar’. Por eso está aislada en otro sector. En total, los que aparecen en la foto son: Roco, Roma, Atina, Magy, Filipo, Juan Cruz y Pietro, además de Tita”, explica el productor teatral.

Lino Patalano muestra su quinta de ocho hectáreas en Moreno

Lino Patalano se desplaza por su paraíso íntimo con una copa de vino blanco y el sombrero que le regaló Facundo Cabral. Sus perros lo siguen como reverenciándolo. Afirma que si no se hubiese dedicado al teatro le hubiera gustado ser marino o misionero en algún lugar exótico. Cuando dicen que él descubrió a muchas estrellas, contesta que lo único que hizo fue saber iluminarlas para hacerlas brillar en todo su esplendor. Su sueño por cumplir es traer a Barbra Streisand (“Me encanta pensar que es difícil porque me obliga a seguir intentándolo”, dice). Siente orgullo por haber convencido a Niní Marshall de que volviera a trabajar (“Ella ya se había retirado y la convencimos para hacer Café Concert en 1973”, comenta). Confiesa que su gran secreto es la constancia. “No claudico ante el primer quilombo, sé que la vida continúa, que está hecha para honrarla, como decía mi amiga Eladia Blázquez, a quien también recibí acá. Y para eso tenés que hacer siempre lo que se te canta. Con las consecuencias que traiga. Esas consecuencias las podés digerir, pero lo que no se puede digerir es lo que hacés por obligación o porque no te queda otra”, dice.

Siente idolatría por esta quinta, que es una perfecta conjunción de cada aspecto de su personalidad. “Este lugar es mi ‘cable a tierra’, donde aprovecho a hacer muchas actividades manuales. Acá hay cosas mágicas, si mirás aquel tronco es de un alcornoque, el árbol de donde se produce el corcho: no existe en zona húmeda, pero ahí está. También hay árboles de nueces pecán, sauces, álamos plateados… Acá recibí la visita y alojé desde a Mijaíl Barýshnikov y Julio Bocca, hasta Norma Aleandro, Ricardo Darín, Liza Minnelli, Susana Giménez. Hay una alfombra que me regaló Niní Marshall y otros objetos que pertenecieron a Nélida Roca. Me encanta que vengan amigos y mi familia. Pensá que con mis familiares llegamos a vivir todos en una pieza, hoy somos casi cuarenta de parte de papá y mamá. Me encanta venir acá para conectarme con la Naturaleza. Este es como mi último reducto. Si viene una guerra nuclear, me vengo acá. Lo increíble es que encontré un lugar que tiene mis características, es muy raro hallar un sitio que te represente en todo. Es como recrear el lugar donde nací”, confiesa.    

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Fabián Cataldo

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