lunes 9 de diciembre de 2019
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ESPECTáCULOS | 12-07-2019 14:50

Raúl Lavié y su esposa, Laura, "Drags"

"Este es nuestro tributo a los transformistas". Mirá el video. Galería de fotos

Desde hace siete meses, Raúl Lavié afronta a diario la aventura de convertirse en mujer. Un equipo de seis personas, entre vestuaristas, maquilladores, peinadores y productores, se ocupan de que su Albin se convierta en Zaza, el hombre que asume su rol de mujer en la obra “La Jaula de las Locas”, en el Teatro Broadway.

Luego de haber encarnado a “Zobra, el Griego”, “El Hombre de la Mancha” y un gay en “Victor Victoria”, el artista saldó una cuenta pendiente que puede leerse como una consagración. Además del reconocimiento de la crítica y el público en general, lo que más le llamó la atención fue el agradecimiento de transformistas, transexuales y gais, que califican a su personaje como una reivindicación de sus historias personales. Además de artistas del mundo drag queen, hasta lo vieron figuras del mundo trans como Zulma Lobato. Cada una de ellas reconoció su talento y generosidad.

Como una reivindicación del mensaje que el también cantante quiere dar, Raúl aceptó “transformarse” junto a su mujer Laura, en una producción que logró divertir y al mismo tiempo emocionar. “Yo soy Polo Lavié”, dispara Laura, quien luego de un momento de nerviosismo, se entregó al ejercicio lúdico de la actuación. “Estaba dura de los nervios y Raúl me aflojó cantando y haciéndome chistes. Fue mi debut actoral”, bromea ella. “Cuando bajamos al lobby se le acercaba la gente y él saludaba como Rita La Salvaje. Interactuó con todos con naturalidad”, dice la mujer del cantante en referencia a la actriz rosarina de la década del 60 que inspiró la transformación de su marido.

Usted es un emblema del macho porteño, habrá sido un desafío armar este personaje...

—Exacto, pero al ser actor y como tal, he luchado desde mis comienzos contra un ambiente que se resiste a aceptar que un cantante actúe, más allá de la subestimación. Tuve que convencer, en aquel 1965 en el teatro San Martín, que yo actuaba por derecho propio. Me convertí en uno más. Pero a través del tiempo el público me tuvo como cantor de tango. Quería que me reconocieran como actor que también canta cantos, baladas, boleros, folclore, soy un artista polifacético, de los que había antes. Con los distintos personajes conquisté el respeto del medio y al público, pero siempre falta un poco más.

¿Es una consagración?

—Es un personaje que yo tenía entre las cuentas pendientes de mi carrera. Tenía facetas maravillosas para crearlo; humano, subestimado y denigrado. Quise sacarle la humanidad a Sasá y Albán, uno es el que se saca la peluca y el otro es parte del show. En eso trabajé y lo logré.

Más allá del público, ¿a quién le dedicó el personaje?

—Se lo dedico a los que hacen este trabajo de forma muy humilde que me provoca una ternura enorme. No venden su cuerpo, es un trabajo artístico. Se transforman e invierten tiempo en producirse y asumen trabajos en pequeños lugares, muchos a la gorra. Admiro a esos transformistas que le ponen el cuerpo al arte. El otro día vinieron transformistas de mucho renombre como Luis Podestá, Juan Pablo Geretto y otros talentos más, y los respeto mucho.

¿Y cuál fue la devolución de los transformistas?

—Uno me dijo una cosa muy linda y emocionante: “Lo adoramos y amamos por una cosa muy especial, usted dignifica nuestra profesión”. Al decirme eso, que yo soy heterosexual y ni siquiera trabajo de eso, fue el mejor elogio que recibí en mi carrera. Al asumir un personaje así, con el que fácilmente podés caer en el rídiculo, es un riesgo y un desafío.

¿Qué les pasó cuando se vieron en el espejo?

Laura Lavié:—A Raúl lo amé absolutamente, me encantó. A mí me hicieron sentir bien y me trataban como si fuera un hombre.

Raúl Lavié:—Rescaté un personaje que era una actriz de Rosario, ya grande, que se llamaba Rita La Salvaje que había uno de los trabajos más sorprendentes que jamás vi, sin libreto, muy under. Tenía admiradores de la talla de Alfredo Alcón, allá por los ‘60 y ‘70. Dominaba al público, en su mayoría hombres. Adoraban a Rita La Salvaje. Fue un homenaje a ella, que nunca fue reconocida popularmente.

¿Cuál es la reacción de la comunidad gay?

—Si vos supieras cómo me lo agradecen... la comunidad gay me respeta por mi trabajo. Es muy fácil entrar en la maqueta y la subestimación. Estudio los gestos tanto de la mujer como lo afeminado del gay. Cuando hice el gay de Victor Victoria era un gay moderado que no se transformaba, no era el estereotipo del gay. Lo respeté como tal, pero sin gestos exultantes, sino más bien cautos. Tenía amigos gays que iban a ver el espectáculo y yo me sentaba detrás de ellos para ver sus reacciones para ver cómo aplauden y sus gestos.

¿Se han enamorado de usted?

—Sí, me confiesan su amor, pero desde la admiración, algo platónico. Hasta ahora no pasó de eso... (risas)

Fotos: Alejandro Palacios.

Asistente de fotografía: Cristian A. Pissano

Producción y Estilismo: Alejandro Luciani

Podés leer la entrevista completa en la última edición de CARAS que ya está en todos los kioskos.

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Diego Esteves

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