Meghan Markle vuelve a mover su perfil público hacia un terreno que combina fama, cocina y televisión. Esta vez no lo hace desde su propio formato lifestyle, sino con una participación especial en MasterChef Australia, donde fue anunciada como jurada invitada para la nueva temporada del ciclo. La confirmación llegó desde la cuenta oficial del programa, que la presentó como una invitada “súper especial” y destacó que será su primera visita a Australia desde 2018.
Meghan Markle y una jugada televisiva que amplía su perfil público
Según esa misma publicación, el episodio formará parte de una temporada que arranca este domingo. La llegada de Meghan al programa también se conecta con el perfil que viene construyendo en los últimos meses. En paralelo a esta aparición como jurada invitada, la duquesa avanzó con With Love, Meghan, su serie de Netflix centrada en cocina, jardinería y anfitrionía. En ese marco, su desembarco en MasterChef Australia se entiende como un paso lógico: ya no solo dentro de un formato propio y controlado, sino en uno de los concursos gastronómicos más instalados de la televisión a nivel internacional.
Ahí es donde aparece un paralelo más preciso con Wanda Nara: no por ser una autoridad culinaria, sino por la forma en que un programa de cocina puede potenciar una figura mediática que ya instalada. Wanda llegó a MasterChef como conductora, no como chef, y desde ese lugar el ciclo le sirvió para afianzar una imagen que ya combinaba televisión, estilo y capacidad de posicionarse en agenda.
La nueva etapa de Meghan Markle entre Netflix, marca propia y televisión
Con Meghan pasa algo parecido, aunque desde otro lugar. Su desembarco en MasterChef Australia como jurada invitada no apunta a presentarla como especialista gastronómica, sino a consolidar una marca personal que hoy se apoya en la cocina, el lifestyle y una imagen aspiracional cada vez más definida. En los dos casos, lo culinario funciona menos como credencial técnica que como una plataforma de exposición.
En el caso de la duquesa de Sussex, además, hay un detalle extra. Su serie no está planteada como un concurso ni como una escuela de cocina, sino como una experiencia ligada a la estética y al ritual cotidiano. Por eso su llegada a MasterChef no parece pensada para correrse de esa línea, sino para trasladarlo a un formato masivo y competitivo donde su figura suma atractivo.
La apuesta también deja ver algo más amplio: Meghan Markle sigue construyendo una segunda etapa pública cada vez más alejada de la lógica estrictamente institucional que marcó sus años dentro de la realeza. Entre Netflix, su marca As ever y ahora esta aparición en la televisión australiana, el recorrido parece claro. La cocina, como ya pasó con otras figuras de fuerte impacto mediático, le está sirviendo como un terreno ideal para relanzarse.
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