Grace Kelly, la mujer que deslumbró a Hollywood y luego conquistó a la realeza europea, fue protagonista, literalmente, de una vida de película y murió en circunstancias que todavía generan debate. El 13 de septiembre de 1982, a los 52 años, conducía un Rover dorado por la sinuosa ruta de Rocagel junto a su hija menor, la princesa Estefanía, quien tenía 17 años en aquel entonces. En un instante fatídico, el vehículo se desvió, cayó por una ladera y terminó en un sembradío. Mientras Estefanía resultó ilesa, la princesa consorte sufrió heridas gravísimas que la llevaron a la muerte al día siguiente, víctima de una hemorragia cerebral.

Los mitos detrás de la muerte de Grace Kelly
El accidente sacudió a Mónaco y marcó un antes y un después para dicho país. El pequeño principado quedó de luto y el mundo entero lloró a quien había encarnado, como nadie, la unión perfecta entre el glamour del cine y la majestuosidad de la realeza. Sin embargo, las dudas comenzaron casi de inmediato. Testigos aseguraron que el auto circulaba a gran velocidad en una curva peligrosa y que ninguna de las dos llevaba cinturón de seguridad. Otros pusieron en duda quién iba realmente al volante, pues aunque Estefanía declaró que manejaba su madre, el rumor de que era ella quien conducía nunca desapareció.
La prensa, fascinada por la figura de Grace, amplificó las sospechas. ¿Hubo un fallo en los frenos? ¿Una discusión previa entre madre e hija? ¿Un descuido fatal? Incluso se llegó a especular con teorías conspirativas que involucraban a la Mafia, aunque jamás hubo pruebas. Lo cierto es que el Rover nunca volvió a verse: quedó guardado en un garaje del palacio y no se revelaron públicamente peritajes oficiales.

Más allá de su trágico final, la vida de Grace Kelly alimentó el mito. Nacida en Filadelfia en 1929, hija de un exitoso empresario constructor, conquistó Hollywood con apenas once películas y ganó un Oscar en 1954 por Angustia de vivir. Su elegancia natural, su enigmática belleza y su estilo reservado cautivaron a Alfred Hitchcock, que la convirtió en su musa en filmes como La ventana indiscreta y Para atrapar al ladrón.
En 1955 conoció al príncipe Rainiero III y su destino cambió para siempre. El casamiento, celebrado en 1956, fue seguido por millones y descrito como “la boda del siglo”. Desde entonces, Grace se dedicó por completo a su rol en la familia real, con obras benéficas, actos protocolares y una imagen impecable que consolidó la independencia política y económica del principado.

Grace Kelly supo consolidar su imagen como una eterna figura para el cine y también para Mónaco. Fue, y sigue siendo, un símbolo universal del glamour, la elegancia y el misterio, es que su muerte sembró mitos que, décadas después, siguen intactos.
F.A

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