viernes 01 de mayo del 2026

TDAH y vínculos: “No es desinterés, necesito espacio”

En la consulta con adultos con TDAH, surge con frecuencia un malestar que trasciende lo individual y se instala en lo relacional: la dificultad para cumplir con las expectativas del entorno social. A menudo, los vínculos se ven tensionados no por falta de afecto, sino por la brecha entre el funcionamiento neurocognitivo y lo que la sociedad define como "estar presente". Galería de fotosGalería de fotos

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Para una persona con TDAH, el mundo social puede percibirse como una fuente constante de sobrecarga sensorial y cognitiva. Las funciones ejecutivas, encargadas de regular nuestra conducta y atención, también intervienen en la forma en que gestionamos los mensajes, los compromisos y el tiempo compartido. Cuando estas funciones operan de manera distinta, tareas aparentemente simples, como responder un WhatsApp o sostener una charla grupal prolongada, se vuelven sumamente demandantes.

El "visto" sin respuesta o la postergación de un mensaje no suelen ser signos de desapego. Responden, muchas veces, a la dificultad de iniciar una acción o a la saturación mental frente a múltiples estímulos simultáneos. Socializar requiere energía para filtrar ruidos, interpretar señales y sostener el foco; por ello, el tiempo de tolerancia para el intercambio social suele ser más acotado. Aparece entonces la necesidad vital del espacio propio: un refugio para regular el sistema nervioso y disminuir la carga mental acumulada.

TDAH y vínculos: “No es desinterés, necesito espacio”

El entorno suele interpretar estas conductas como desinterés o falta de compromiso. Sin embargo, cuando los vínculos se construyen desde la comprensión de esta neurodiversidad, el enfoque cambia radicalmente. El objetivo no es forzar un estándar de interacción rígido, sino validar la necesidad de ritmos diferentes.

Generar conciencia social significa dejar de patologizar la necesidad de espacio y dejar de etiquetar como "desinterés" lo que en realidad es una gestión distinta de la energía. La verdadera inclusión comienza cuando validamos que no existe una única forma de estar presente y que el afecto no se mide por la inmediatez de una respuesta, sino por la capacidad de alojar la singularidad del otro sin juicios.

 

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Lic. Prof. Noelia Antenucci - M.P.263.596

Prof. En Psicología

Lic. En Psicopedagogía

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