Desde muy joven, Eleonora Wexler aprendió a moverse en un mundo que no siempre estaba preparado para acompañar a una adolescente. Con apenas 12 años ya trabajaba de manera sostenida en televisión, formando parte de ficciones de alto impacto y compartiendo jornadas laborales con elencos adultos. Fue en esos primeros pasos —en ciclos como Clave de sol y, poco después, Montaña rusa, emblemas de la ficción juvenil de los años noventa— donde comenzó a construir una carrera que avanzó a la par de su crecimiento personal, aunque no sin costos emocionales.
“Fue una adolescencia de mucho torbellino mental, mucha búsqueda de quién era y para dónde quería ir”, confesó en diálogo para +CARAS. Criarse entre sets, libretos y personajes le dio una madurez temprana, pero también la colocó en un lugar de desajuste respecto de sus pares. “Viví en un mundo de adultos siendo muy chica y eso me produjo una pérdida de conexión con gente de mi misma edad”, explicó, al poner en palabras una sensación que la acompañó durante años.
Eleonora Wexler y una adolescencia atravesada por la exposición
Ese desfasaje se tradujo en conflictos típicos de la edad, pero amplificados por el contexto. Cambios constantes de grupos de amigos, discusiones familiares y una independencia económica prematura marcaron su día a día. “Me peleé mucho con mis viejos. Estoy segura de que los hice sufrir”, reconoció Eleonora Wexler con sinceridad. Tener dinero propio y autonomía desde tan chica le dio libertad, pero también la expuso a escenarios para los que no siempre estaba preparada. “Me podría haber perdido muy fácil”, admitió, sin dramatizar, pero con plena conciencia. “Vi pasar de todo. Droga, alcohol, de todo. Y siendo muy chica”. El entorno laboral, las salidas y el contacto permanente con adultos la enfrentaron tempranamente a situaciones límite. Sin embargo, en ese recorrido hubo una línea que nunca cruzó.
Eleonora Wexler y los límites que la sostuvieron
Decir que no fue, para ella, una forma de cuidado. “Tiene que ver con mi formación, con mis padres, con los valores”, explicó en +CARAS. Aun en medio del torbellino emocional y la exposición constante, hubo una base sólida que funcionó como ancla y la ayudó a mantenerse en pie cuando todo parecía desbordar. Hoy, con una trayectoria consolidada en teatro, cine y televisión —que incluye tiras como Los simuladores, Son amores y Dulce amor—, Eleonora Wexler mira esa adolescencia sin rencor ni demasiada nostalgia. La observa entendiendo que haber empezado a trabajar tan temprano la expuso antes de tiempo, pero también le dio herramientas para atravesar la vida con mayor fortaleza.
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