Cada vez que la vida la puso a prueba, “Marila” aceptó el desafío, apretó los dientes y salió para adelante. Terquedad y empecinamiento que el destino volvió a poner a prueba en marzo del año pasado, cuando un ACV isquémico en el cerebelo le inmovilizó la parte izquierda de su cuerpo y sus piernas no le respondían para caminar. Sus hijos, el reconocido abogado Fernando Burlando (50) y su hermano, el también letrado Julio Burlando (53), se pusieron a cargo de la recuperación, una misión por demás difícil por tratarse de una mujer de la tercera edad. Pero a cuesta de sacrificio, tesón y “mucho llanto”, por la exigencia de los ejercicios de rehabilitación, María Lidia Basaldúa de Burlando fue saliendo del abismo. Y con esa enjundia que enarbola para “conseguir lo que me propongo”, los progresos sorprendieron a propios y extraños. En tiempos más cortos de los previstos comenzó a hablar cada vez mejor y a caminar con la ayuda de un bastón, siempre estimulada por sus hijos y con la inestimable ayuda de los especialistas de un centro de kinesiología platense (Ergo), donde asiste tres veces por semana. “Esos chicos son maravillosos, muy cariñosos, me hacen levantar pesas de cinco kilos con las manos y hasta saltar en cama elástica. De repente alguna mala palabra se me escapa (risas), porque el esfuerzo es inmenso”, relata la protagonista.
El costado anímico y emocional también se vio comprometido, y por eso “Marila” debió sumar un psiquiatra para combatir los pozos depresivos. Todos unidos en post de una recuperación de la que fue testigo el país entero, cuando en pleno programa de “Bailando por un Sueño”, la madre de Fernando Burlando, participante junto a su pareja, Bárbara Franco (24), se largó a caminar sola impulsada por su afán de pedirle explicaciones a Marcelo Polino (51), integrante del jurado. Un momento mágico que dejó estupefactos y en alerta a todos, incluso al mismísimo conductor del ciclo, Marcelo Tinelli (55). “Fue una inconsciencia, me largué a caminar sin el bastón en un lugar desconocido, sin pensar que me podría haber caído. Pero era tanta la rabia que tenía por el cero que le puso a mi hijo que me largué. Y después no sabía como volver”, recuerda con su memoria idemne. La misma memoria que saca a relucir cuando CARAS la visitó en su departamento de La Plata, su ciudad de toda la vida. Allí, frente al emblemático Teatro Argentino, “Marila” vive sola en un departamento donde no permite que nadie la acompañe: “Sólo viene una señora a limpiar, pero ella viene y se va. Soy muy sociable y me encanta salir con mis amigas y mis familiares, pero en casa vivo sola. Después del ACV mis hijos me pusieron tres y cuatro enfermeras, pero de tantos francos que les dí se terminaron yendo (risas)”.
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