Durante años, las margaritas y los rosales fueron sinónimo de jardín cuidado. Color, perfume y tradición definían un estilo que parecía inamovible. Sin embargo, en 2026 el foco cambió: menos flores románticas y más plantas con carácter. En ese giro estético aparece el agave, una especie suculenta de líneas firmes y estructura simétrica que no acompaña el paisaje, sino que lo lidera. Y en el jardín de Juana Viale ese cambio se hace evidente.
El agave: de planta desértica a pieza escultórica
El agave dejó de ser una planta asociada exclusivamente a climas áridos para transformarse en un verdadero objeto de diseño natural. Su forma en roseta, sus hojas carnosas y su presencia imponente lo convierten en lo que los paisajistas llaman una “planta statement”: una especie que funciona como punto focal.
A diferencia de los rosales, que requieren poda constante, riego frecuente y mantenimiento intensivo, el agave representa todo lo contrario: Bajo consumo de agua, resistencia al sol, mantenimiento mínimo e impacto visual permanente.
En tiempos donde la sustentabilidad dejó de ser una opción para convertirse en necesidad, este tipo de vegetación gana terreno en casas de campo, barrios privados y residencias de estilo contemporáneo, tal como donde vive Juana Viale.
La tendencia 2026: jardines más naturales y menos forzados
El auge del agave no es casual. Responde a una transformación más profunda en el diseño exterior: el paso del jardín ornamental al jardín conceptual. ¿Qué significa esto? Que el espacio verde ya no busca solamente “decorar”, sino transmitir identidad. Se priorizan desde texturas naturales a especies resistentes y composiciones más orgánicas, para lograr una estética mediterránea y rústica.
En lugar de canteros perfectamente simétricos y flores de estación, la tendencia 2026 propone volúmenes, contrastes y una integración más libre entre naturaleza y arquitectura.
En el caso de Juana Viale, el agave no aparece aislado. Dialoga con muros de textura rústica, macetas de barro y una arquitectura que remite al campo europeo o al estilo mediterráneo.
El resultado no es un jardín exuberante y colorido, sino uno con personalidad. Hay una búsqueda de naturalidad real, sin exceso de intervención. El verde no está domesticado: convive con desniveles, materiales nobles y una estética que parece pensada pero no forzada.
En definitiva, el jardín de Juana Viale confirma lo que ya es tendencia en 2026: el verde dejó de ser romántico para volverse arquitectónico.
AM
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