La vida de Antonio Grimau siempre estuvo signada por la intensidad, tanto dentro como fuera de los escenarios. Actor de presencia inconfundible y voz profunda, supo conquistar al público argentino desde mediados del siglo XX, transformándose en una figura de la cultura nacional. Sin embargo, detrás de su carrera sólida y su sonrisa cálida, hay una historia de dolor, amor y aceptación que pocos conocen con tanta honestidad como ahora.
Antonio Grimau y una vida atravesada por la intensidad
En una reciente entrevista con Tatiana Schapiro para Infobae, Antonio Grimau se adentró en uno de los capítulos más difíciles de su vida: la muerte de su hijo, Lucas Rebolini Manso, hace 16 años. El actor, con una serenidad que desarma, compartió sus reflexiones más íntimas sobre aquel sufrimiento que marcó su existencia y la manera en que logró encontrar un sentido más profundo a tanto dolor. Cuando Schapiro le preguntó si alguna vez se había enojado con Dios tras la tragedia, Grimau respondió con una claridad que impacta. “Es raro que yo me enoje. Como no tengo una religiosidad profunda, tampoco me enojé con Dios”, confesó.
El episodio ocurrió en febrero de 2010, cuando Lucas Rebolini Manso, hijo de Grimau y de la actriz Leonor Manso, ingresó de madrugada al Hospital Fernández tras sufrir un cuadro de excitación psicomotriz vinculado a su consumo problemático de drogas. En medio de la confusión, logró escapar de la guardia y fue recapturado poco después por la policía en las inmediaciones del barrio porteño de Palermo. Volvió a ser internado, permaneció varios días en terapia intensiva y finalmente falleció.
Antonio Grimau frente al duelo: culpa, amor y aceptación
“Tal vez me enojé conmigo mismo por creer que haber estado más cerca de él hubiera sido de ayuda”, añadió el actor con una sinceridad conmovedora. Esa frase, simple en apariencia, encierra años de duelo, de cuestionamientos internos y de aprendizaje. Grimau no elude el dolor ni busca suavizarlo con frases hechas. Al contrario, lo nombra, lo mira de frente y acepta que el sufrimiento por la pérdida de un hijo “nunca se va”. “En distintas circunstancias aparece la necesidad —dijo al hablarle a Lucas en su mente y en su corazón—, y lo hago. Y me da mucha tranquilidad, mucha paz”.
También reflexionó sobre la impotencia que se siente cuando alguien que se ama no puede ser salvado, aun habiendo hecho todo lo posible: “Tanto la madre como yo hicimos todo lo que pudimos por rescatarlo de algo de lo que él no pudo rescatarse. Y cuando la persona no quiere, nadie más puede…”, expresó con una honestidad brutal. Hoy, Antonio Grimau sigue adelante, abrazando cada recuerdo con amor, mientras aprende, día a día, a llevar consigo esa mezcla de ausencia y presencia inquebrantable. En su voz, hay una lección de humanidad: el duelo no se supera, se convive. Y en esa convivencia, muchas veces, se encuentra una paz inesperada.
Así fue la fiesta de cumpleaños de Nina, la hija de Lautaro Martínez y Agus Gandolfo: temática de princesa y detalles de ensueño
Sol Pérez mostró su increíble pileta y los primeros chapuzones de su hijo Marco
La historia de amor de Claudia Villafañe y Jorge Taiana: dos décadas sin fotos juntos, casas separadas y nada de casamiento
La charla secreta que tuvieron Pampita y la China Suárez tras el escándalo del motorhome con Benjamín Vicuña
El panfleto del Financial Times: cuando la ideología se disfraza de estrategia
13:13 y 14:14: hora espejo negativas, cómo interpretar el mensaje y recibir las advertencias
Lejos del futbol, el millonario negocio del Cholo Simeone y su esposa, Carla Pereyra