Veinte años después de haber interpretado a Máximo en Floricienta, Fabio Di Tomaso vuelve a encontrarse con un personaje que forma parte de la memoria de toda una generación. Esta vez, el reencuentro sucede en Margarita, pero también en un momento muy diferente de su propia vida. Con una carrera que continúa entre la televisión y el teatro, el actor habla de una etapa que define como más estable, tranquila y con menos ruido en la cabeza.
A los 49 años, la actuación sigue despertándole la misma curiosidad, aunque desde un lugar distinto: ya no se trata solamente de interpretar personajes, sino de encontrar la verdad dentro de una escena. Fuera del escenario, la paternidad ocupa un lugar central en su vida y también modificó la manera en la que observa sus propios vínculos. En diálogo con CARAS, el actor recorrió este presente, habló de su profesión, de la paternidad, de los vínculos y de las cosas simples que hoy le dan sentido a su vida.
El presente de Fabio Di Tomaso a sus 49 años
Veinte años después de Floricienta, ¿cómo fue volver a encontrarte con Máximo?
Fue una gran alegría y entusiasmo. Me divertí mucho con la idea de volver con ese personaje.
¿Lo ves diferente hoy?
No diferente, sino que ahora lo veo desde otro lado. Veo a un joven que nació en un contexto privilegiado y que hizo lo que pudo con eso. Pero siempre tuvo un gran corazón.
¿Qué le aporta el Fabio de hoy a Máximo?
20 años más, jajaja. Y eso en una vida es un montón de experiencias vividas.
¿Cómo está tu presente laboral?
Estoy haciendo Los ojos del perro siberiano, una obra basada en el bestseller de Antonio Santa Ana. Es un musical dirigido por Nico Sorrivas y Cecilia Miserere, con música de Juan Pablo Schapira, con Alan Madanes y un gran elenco. Estoy muy contento con la obra, nos está yendo muy bien.
¿Qué tiene este presente que hace unos años no imaginabas?
Siento que este presente me encuentra más estable, más tranquilo, sin tanto ruido en la cabeza. Disfrutándolo mucho.
¿Qué es lo que todavía te genera curiosidad de esta profesión después de tantos años?
Mirá, lo que todavía me genera curiosidad es lo que sucede en una situación o en una escena, eso que se pone en juego. Cómo lograr esa verdad, esa verdad única que está pasando, esa verdad que tiene que ver con un hecho poético, artístico, que tiene su propia poética. Cómo generar ese momento, cómo atravesarlo, cómo poder estar cada vez más conectado, más relajado. Tiene que ver puntualmente con eso, no con otro tipo de proyectos o de personajes. Obvio que hay personajes que implican meterse en otras profundidades, en otros pensamientos, pero para mí el hecho de poder lograr una escena o un momento que sea lo más verdadero posible, estar con mayor disponibilidad para ese momento, es lo que me sigue generando la curiosidad, el desafío, las ganas y lo que me motiva.
¿Hay alguna faceta tuya como actor que todavía sentís que el público no conoce?
Claro, pero las dejo para cuando vayan surgiendo, así las descubrimos casi juntos.
¿Qué te entusiasma hoy?
Me entusiasma ver crecer a mi hijo, tener proyectos laborales, entrenar, una comida rica y sentir que la gente que quiero se encuentre bien.
¿Sentís que con los años cambió tu manera de entender la felicidad?
No, no cambió. Yo creo que con los años no cambió la definición de felicidad. Lo que pasa es que cuando sos más joven, tenés las hormonas revolucionadas, tenés otras prioridades, no estás pensando en un montón de cosas, sentís que sos inmortal, que no te va a pasar nada. Accionás y actuás en pos de eso, sintiéndote de esa manera. Pero siempre fui una persona a la que le gustó tener mis momentos, mi momento de tranquilidad, de soledad también. Me gusta estar, me gusta mucho también estar acompañado y reunirme y disfrutar y celebrar, pero también hay algo que me gusta mucho, que son mis momentos introspectivos. Creo que siempre tuve un rasgo bastante introspectivo.
También contaste que entrenar es una de las cosas que disfrutás. ¿Qué lugar ocupa el entrenamiento en tu vida y qué encontrás en esa práctica que realizás más allá de lo físico?
Lo empecé hace mucho tiempo. Arranqué entrenando un arte marcial, aikido, y eso me dio mucho bienestar, me hace sentir muy bien. Después vino la pandemia y la verdad que en la pandemia se revolucionó todo y ahí dejé. Me costó y volví a hacer, en realidad, otro tipo de entrenamiento, un poco más de fuerza, algunos ejercicios de fuerza, esas cuestiones. Y también volví, después de un tiempo, a entrenar aikido otra vez. Yo lo disfruto mucho, me hace sentir bien. Además, sentía que tenía que estar bien físicamente, que tengo un hijo todavía chico y sentía que me tenía que sentir todavía fuerte, ágil por cualquier situación. Y además me hace bien, siento que me hace bien a mí, a la cabeza. Ya es parte de mi vida.
Mirando tu presente, ¿hay algo que hoy valorás especialmente y que antes quizás dabas por sentado?
Lo que me pasó a través del tiempo fue que ahora trato de no dejar nada por sentado. Soy más explícito. Me pasa esto, pienso esto, digo esto, ¿te pasa algo?, pregunto. No doy por sentadas las cosas. No doy por sentado el amor, no doy por sentado los vínculos, no doy por sentado porque sí. Creo que todas las cosas, si son importantes para uno, tienen un valor y eso implica comprometerse. Un compromiso implica estar, estar atento, cuidar, un montón de esas cuestiones, en todos los ámbitos, desde un vínculo hasta el trabajo mismo. Así que no, no doy por sentado nada.
Fabio Di Tomasso reveló lo que significó convertirse en padre
¿Cómo te cambió ser padre?
Convertirme en padre fue el momento más importante y lo sigue siendo. Lo viví con mucha felicidad y temores también. A partir de ese momento mis prioridades cambiaron totalmente. Es más, no recuerdo bien qué era de mi vida ni qué hacía de mi vida antes de ser padre.
¿Qué descubriste de vos mismo cuando te convertiste en padre?
Lo fundamental que descubrí es que apareció una persona en la que pienso todo el tiempo y me hace repensar todo, todo el tiempo.
¿Qué te gustaría que tu hijo recuerde de vos?
Me gustaría que recuerde que nos divertimos, qué nos reímos mucho.
Ahora que sos padre, ¿mirás de otra manera el vínculo con tu papá?
Sí, claro. También se me resignificó mi relación con mi padre. Entiendo lo difícil que es no pifiarla
¿Cómo lo recordás hoy? ¿Qué extrañás de él?
Siempre que lo recuerdo a mi papá, lo hago como hijo. Siempre en ese rol. Extraño el encuentro, la presencia.
Después de todo lo que te tocó atravesar, ¿qué cosas dejaron de tener importancia para vos y a cuáles les das más atención que antes?
No es que las cosas dejan de tener importancia porque todo es importante para uno. Es una cuestión en general: menos drama. Tener tiempo para mí, para pensar, para agradecer, para compartir, para no hacer nada y hacer cosas que me gusten. A todo eso le doy mucha importancia.
Para finalizar, ¿qué le dirías al Fabio que soñaba con ser actor?
Le diría que siga soñando, que se siga formando, que va a estar todo bien, que crea en él, que no se aísle, que busque todo lo contrario: agruparse con personas que tengan las mismas curiosidades, las mismas ganas, y que va a estar todo bien. Yo estoy contento con ese Fabio mirándolo desde acá. Me da más ternura, obviamente, pero estoy contento. Y estoy contento con lo que ese Fabio hizo con las herramientas que tuvo para llegar a ser este Fabio que soy ahora.
Después de tantos años de carrera, de ser uno de los galas de la serie Floricienta, Fabio Di Tomaso atraviesa una etapa en la que parece haber encontrado valor en algo más simple: estar presente. En una escena, en un vínculo, en una conversación o en los momentos compartidos con su hijo. La curiosidad por actuar sigue intacta, pero hoy convive con una mirada más tranquila sobre la vida, con el deseo de cuidar sus vínculos y disfrutar también de aquello que sucede fuera del escenario. Una forma de vivir el presente que, quizás, resume buena parte de lo que aparece a lo largo de esta conversación: menos ruido, más calma y una atención renovada sobre aquello que realmente importa.
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