Cuando parecía que el escándalo entre Griselda Siciliani y Luciano Castro ya había mostrado todas sus cartas, un nuevo capítulo volvió a sacudir a la farándula. Esta vez, el detonante fue un pasacalle que apareció el fin de semana y que reavivó una historia marcada por la infidelidad, la exposición mediática y una ruptura que está lejos de cerrarse en paz.
Según reveló el periodista Juan Etchegoyen, el cartel —que muchos interpretaron como un intento desesperado de reconciliación— no cayó nada bien en la intimidad de la actriz. Lejos de emocionarse o ablandarse, Griselda habría reaccionado con hartazgo y tomó una decisión clara: llamar a Luciano Castro y ponerle un límite definitivo.
“Después de lo que pasó, hubo por lo menos una llamada de Griselda a Luciano pidiéndole por favor que no la exponga más”, aseguró Etchegoyen, dejando en claro que el gesto romántico tuvo el efecto contrario al esperado.
El pasacalle que lo empeoró todo
Aunque públicamente aún existen versiones cruzadas sobre quién mandó a colocar el pasacalle, puertas adentro el impacto fue contundente. Desde el entorno de Siciliani aseguran que la actriz está agotada de ser tapa de portales y de que su vida privada siga en el centro de la escena por una historia que ella ya quiere dejar atrás.
El periodista fue tajante al describir el clima que se vive del lado de Griselda: cansancio, fastidio y una necesidad urgente de recuperar tranquilidad emocional tras semanas de sobreexposición por la supuesta infidelidad que detonó la ruptura.
“Ella siente que necesita ponerle un cierre a todo esto, por el bien de su estado emocional”, deslizó Etchegoyen, marcando que no hay margen para segundas oportunidades.
El llamado incómodo y la excusa de Luciano Castro
Durante esa comunicación telefónica, Luciano Castro habría intentado despegarse del episodio. Según trascendió, el actor negó haber sido el autor del pasacalle, una explicación que Griselda Siciliani habría escuchado, aunque ya sin demasiada paciencia ni interés en discutir responsabilidades.
Porque, a esta altura, el problema ya no pasa por quién mandó el cartel, sino por el efecto devastador de seguir alimentando el escándalo. Para Siciliani, el límite está puesto: no quiere más gestos públicos, ni intentos románticos mediáticos, ni nuevos capítulos que la devuelvan al centro del conflicto. “Esto del pasacalle empeoró la cosa”, remarcó Etchegoyen, dejando en claro que cualquier chance de acercamiento quedó seriamente dañada tras ese episodio.
Por ahora, el mensaje de Griselda Siciliani fue claro y directo: basta de escándalos, basta de gestos públicos y basta de seguir hablando del pasado. La pregunta que queda flotando es si Luciano Castro finalmente escuchará… o si el drama todavía guarda algún giro más.
AM
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